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El libro de El Zohar no nos dejará ser engañados

laitman_2009-11-29_0032_w[1]Cuando leemos el libro de El Zohar, comprendemos que habla sobre las cualidades, formas e imágenes que aún no percibimos.

Pero justamente esta sensación de incomprensión nos empuja, obligándonos a formar en nosotros la percepción correcta.

Si leemos otros libros cabalísticos, podemos percibir todo en forma sólo mecánica, es decir, con la mente, o como imágenes materiales.

En este caso, bajamos todas las nociones hasta el nivel de nuestro mundo, sin comprender que ellas son imaginarias, o las consideramos espirituales pero teóricas.

Mientras que leer El libro del Zohar, con el comentario de Baal HaSulam, nos obliga a buscar una nueva percepción y a unir estas dos imágenes. De esto surge la verdadera percepción de la realidad.

La persona no comprende cómo ocurre esto, pero el libro trabaja sobre ella. Poco a poco, se obtiene esta nueva percepción.

(Extracto de la preparación para la lección sobre El libro del Zóhar, correspondiente al 15 de marzo 2010).

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laitman_2009-12-23_2452_wp[1]Mientras que nos encontremos en la percepción de este mundo, no podemos comprender que ésta es imaginaria.

Ya que la materia es ahora mi única realidad y no siento nada más.

Tengo que comenzar a sentir el mundo claramente en dos escalones: material y espiritual,  para que pueda comprender que uno de ellos es imaginario.

¡Y esto no significa que este escalón no existe! “Imaginario” significa que es un reflejo de la forma verdadera. El segundo escalón (el espiritual) es la forma verdadera.

En otras palabras, hay algo verdadero y su reflejo, como en un espejo ¡No es posible decir que este reflejo no existe! Justamente a través de este reflejo llego a la percepción de la forma espiritual.

Nunca percibo la forma espiritual en forma separada, por sí misma. En todo el camino de corrección, cuando la persona desarrolla más y más la percepción espiritual de las formas del Creador, las revela dentro de la forma imaginaria de este mundo.

¡No puedo desconectarme de él, mientras asciendo por toda la escalera de los 125 escalones!

En todo el camino de corrección, en todas las etapas de la revelación, la percepción espiritual se refuerza, basándose en estas dos formas: imaginaria y verdadera.

Y la forma imaginaria sólo se llama así: imaginaria ¿Acaso sólo imaginamos nuestro mundo? ¡Vivimos en él! ¡Hoy es toda nuestra realidad!

Pero cuando comenzamos a revelar la realidad verdadera —de donde nos llegan fuerzas, decisiones, hechos, mientras que aquí en este mundo sólo existe su reflejo que nos ayuda a concebir la realidad verdadera—, entonces llamamos este mundo “mundo imaginario”.

Pero esto no es una fantasía inexistente, ella es necesaria para discernir lo espiritual.

(Extracto de la preparación para la lección sobre El libro del Zóhar, correspondiente al 15 de marzo 2010).

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Mis hijos me vencieron

laitman_2009-11_8744[1]El Creador creó el deseo de disfrutar y lo renueva cada momento.

Es decir,  si siento el deseo de disfrutar que a cada momento converge recibir nuevos placeres, entonces todo esto me lo hace el Creador.

Él me atrae, me empuja hacia diferentes placeres. Él  causa todos mis impulsos, me manda, como una mano enfundada en un guante, cada momento despierta dentro de mí unos deseos nuevos.

Si realizo estos (sus) deseos sin pensar de quién proceden y por qué, entonces estoy en el nivel  inanimado, vegetativo o animal.

Pero si dentro de mí se despierta un punto en el corazón, y empiezo a distinguir que el Creador juega dentro de mí con su mano, cada vez provocándome a unos nuevos placeres, significa que ya veo todo desde mi punto en el corazón, como si estuviera dentro de Él.

Por eso el punto en el corazón, el embrión del alma se llama “una parte del Creador recibida desde arriba”. Ya tengo una posibilidad de convertirme de un animal al hombre.

¿Cómo? Si trabajo contra el Creador, contra mi naturaleza, contra su mano dentro de mí, no deseando realizar  a ciegas todo lo que Él despierta dentro de mí.

Dejo de usar el deseo que Él excita en mí y compruebo para qué y por qué sigo actuando en la misma dirección.

Aclaro si Él desea esto o no, si tengo aquí alguna independencia o no, si vale para mí despertarme automáticamente y  cumplir el mismo deseo que Él me provoca, o quiero terminar esta acción y desde este momento y en adelante actuar  independientemente, como está dicho: “ Mis hijos me vencieron”.

Sigo efectuando las acciones del Creador sólo con la condición que participo en ellas en la misma dirección, en  el mismo pensamiento, en la misma intención como mi amo.

Para esto, deseo revelarlo a Él, quiero ser su socio absolutamente en todo. A cuenta de esta cooperación logro la unión.

(Extracto de la lección sobre una carta de Baal HaSulam, correspondiente al 12 de marzo 2010).

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laitman_2009-05-27_8216_w[1]Pregunta: ¿No está claro, como de un lado puedo realizar el deseo de recibir el placer y de otro lado desear identificarme con el Creador? Porque uno se contradice a otro…

Respuesta: Antes de todo, mi juego con el deseo de disfrutar procede de dos atributos: del otorgamiento y de la recepción.

Porque si me encuentro sólo en un atributo, entonces soy un esclavo. Con un atributo incluso no entiendo que hago, sólo realizo mis deseos, como cualquier otro  individuo “de la calle”.

Él sigue a sus deseos y le parece que son propios. Y esto  dura toda su vida hasta su muerte. Por eso, con él no hacen cálculos ni en este mundo, ni en el mundo por venir.

Simplemente, el deseo del Creador se realiza todo el tiempo hasta que llega a tal estado, cuando dentro de este deseo se despierta otro deseo, el deseo de otorgar.  Entonces la criatura empieza a sentir a su Creador.

También nosotros en este ciclo empezamos a sentir que además de la misma acción existe uno que actúa dentro de nosotros.

De estas dos sensaciones empiezo a distinguir que todo lo que deseo, realmente no soy yo el que desea, sino Él que puso su mano en mí y cada vez hace diferentes cambios dentro de mí, y yo por obligación y al pie de la letra lo cumplo todo.

Entonces empiezo a relacionarme con mi estado actual desde dos puntos:

1. Él actúa en mí y esto se denomina mi naturaleza.

2. ¿Cuál es su intención? ¿Qué quiere Él con esto? ¿Por qué lo hace?

Esto significa que en el fin de la etapa “álef” (1) empieza a despertarse la sensación del Creador de esta etapa, de la etapa “shóresh” (0). Y entonces la etapa “álef” quiere convertirse en etapa “bet” (2): ser otorgante.

Precisamente en este estado estamos ahora: en la transición de la etapa “álef” a la etapa “bet”.  Todo depende de cuánto vamos a distinguir las acciones del Creador dentro de nosotros.

Desde este momento y en seguida, cada deseo que llega a mí debo percibirlo cómo si no fuera mío. “¡Quiero beber! ¡Es mentira! ¡Esto no soy yo!”.

Esto significará que en cada estado me elevo por encima del deseo, es decir uno con el Creador que está en este deseo. Me elevo por encima del deseo y empiezo a aclarar que  quiere Él de mí.

Después puedes hacer con tus deseos todo lo que quieras, pero sólo después que compruebas, veas, recibas la decisión y sigas adelante.

(La sensación de que es el Creador quien pone dentro de mí los deseos y yo automáticamente los cumplo, ya procede de la percepción que Él existe, Él pone en mí,…. Él también cumple. ¿Y dónde estoy yo?

De este modo el ser humano percibe su vida en su conclusión y comprende que no existe para él  un juicio, ni una recompensa, ni el infierno, ni el paraíso, nada…).

(Extracto de la lección sobre una carta de Baal HaSulam, correspondiente al 12 de marzo 2010).

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Como de unos componentes insípidos preparar una comida celestial

laitman_2009-11-29_9923_w[1]Entendemos o no el Zohar, pero deseamos que durante la lectura nos ilumine la Luz que Reforma y esperamos un milagro como resultado.

Un milagro significa que no existe una conexión entre el resultado de la lectura y lo que estoy leyendo ahora, lo que estoy experimentando y siento.

¡No existe ninguna conexión lógica entre mi acción y su resultado, esta conexión está oculta!

Por más que estamos hablando sobre que el Zohar es un sistema superior que conduce a nosotros la luz y nosotros activamos este sistema, conectándonos con él a través de nuestro deseo —como un niño que se esfuerza y crece en este mundo y que no entiende cómo crece, pero paso a paso se hace adulto y se convierte en un hombre—,  todo esto aún no explica este milagro.

Sea que imagino que ahora estoy en el mundo espiritual, pero no lo siento y la realidad es única, y yo la obligo a influirme, como un niño que no entiende lo que hace. Pero aquí hay unas conexiones y acciones sobre mí que no podemos transmitir con palabras. Sólo nos queda tomar esto como un remedio.

Está escrito que el Creador creó en el ser humano el deseo egoísta y como un “condimento” (tavlín) para él creó la Torá, el medio de su corrección, porque la luz contenida en ella retorna a la fuente.

Por sí mismas las especias (sal, pimienta, mostaza…) no tienen sabor agradable y sólo en la conexión con nuestro deseo egoísta —con nuestra naturaleza— crean un llenado sabroso. 

Tampoco podemos usar nuestra naturaleza egoísta: en lugar de llenarnos de modo agradable, nos trae la amargura de la vida.

Por eso, debemos conectar nuestro deseo con las intenciones En este momento, nuestra vida se convierte en una vida eterna y perfecta en la Luz de la Torá.

Mientras no podemos usarlos juntos, sufrimos de nuestro egoísmo y de su “condimento”.

Este estado se llama “lo li-shma”, es decir, el tiempo de la preparación, hasta que la comida y las especias se unirán dentro de nosotros de modo correcto, suficiente y agradable. Poco a poco añadimos las especias a la comida, degustamos si están bien, en línea del medio. ¡Se puede comer y disfrutar!

Pero hasta que no logremos este resultado, debemos esperar con paciencia hasta que la comida esté preparada y se mezcle con especias. Entonces, sentiremos un buen gusto de la comida.

¡Resulta, que el libro del Zohar es un libro sobre una comida saludable y sabrosa!

(Extracto de la lección sobre el libro del Zohar, correspondiente al 14 de marzo 2010).

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