entradas en '' categoría

La Luz está en mí y no fuera

laitman_2009-11-19_9494

Pregunta: ¿Por qué sólo siento mi reacción hacia la Luz y nunca a la Luz misma?

Respuesta: Es correcto; mi reacción hacia el otorgamiento se denomina la Luz y no sé de dónde ni de quién procede. La Luz es lo que siento dentro de mí; es mi deseo de otorgar; la impresión dentro del deseo de recibir placer.

Y en nuestro mundo es igual. ¿Acaso sabemos qué es lo que crea el placer?  Si tomo un buen trozo de filete, preparo un platillo y me lo como, eso me proporciona placer.  ¿Me pueden explicar esto? La vaca estará muy sorprendida y se preguntará: “Si yo poseo media tonelada de esa misma carne, entonces, ¿por qué eso no me causa placer?”

Es decir, todo depende del deseo y no del llenado. La vasija espiritual (HaVaYaH, Yud-Kei-Vav-Kei), el deseo, y la Luz  dentro de ella se designan con letras adicionales, es decir, con más deseos. Pero nosotros determinamos con ellos la Luz, el placer.

Nunca siento “la carne”, sino mis emociones sobre lo que denomino, “la carne”.

(Extracto de la lección según el artículo Matan Torá (La entrega de la Torá) de Baal HaSulam, correspondiente al 29 de abril 2010).

El mundo que está en la Luz Reflejada

laitman_2009-05-28_8266_w

El Zóhar, capítulo Vaera, punto 6: …Esto es porque cada grado comprende GAR y ZAT, lo cual es ZA, y hay alcance solamente en el ZA de cada grado, incluso en ZA de GAR, llamado, Daat.

Pero, nadie puede alcanzar en GAR de cada grado, ni siquiera en GAR del grado Asiá.

Todo lo percibimos dentro de Maljut, que se denomina “la imagen del Creador”. Lo que percibo ahora no es la imagen verdadera del mundo, sino que es lo que entra a nuestros cinco sentidos (vista, oído, gusto,  olfato, tacto) y es enviado a nuestro cerebro. Recibimos la impresión de la información que nos entregan nuestros sentidos y sentimos una realidad que aparentemente existe ante nosotros, dentro, en la parte trasera del cerebro.

Lo mismo pasa con Maljut. En el Prefacio al Libro del Zóhar, Baal HaSulam explica que a pesar de que además de Maljut existen las nueve primeras Sefirot, Maljut no percibe lo que son estas nueve Sefirot. . Maljut alcanza las nueve Sefirot una vez que las incluye dentro de sí misma sintiéndolas como algo que aparece delante de ella.

Por eso, Maljut descubre las primeras nueve Sefirot en la medida que es capaz de actuar como ellas, desde abajo hacia arriba. Cuando Maljut se asemeja a Keter, rechazando la Luz Directa desde la Luz Reflejada, Maljut alcanza que ante ella están las primeras nueve Sefirot, esto es, el inferior comienza a actuar al exterior de sí mismo, hacia afuera, y comienza a observar lo que ocurre en la Luz Reflejada.

En nuestro mundo nosotros hacemos lo mismo. Vemos lo que está delante de nosotros de acuerdo a nuestro ego, dependiendo de si eso nos beneficia, o no. Lo que no afecta nuestro ego, aquello que no puede beneficiarnos o dañarnos, sencillamente no lo detectamos.

Esto procede de las raíces espirituales: Maljut percibe las nueve primeras Sefirot sólo en la medida de la Luz Reflejada, que la Luz Directa imprime dentro de sí misma.  Esta es la imagen que aparece delante de Maljut como aquello que existe delante de ella.  Aparte de esto, para ella no existe nada, ya que no siente nada más allá de esto.

Si en Maljut hay un deseo de recibir placer en el grado Shoresh (0), no encontrará nada delante de sí misma aparte del grado Shoresh.  Si dentro de ella existe un mayor deseo de recibir placer, verá delante de sí misma una imagen más profunda de la realidad.  Todo depende del grosor de nuestro deseo (Aviut) y de la Luz que refleja.  Por eso, nunca hablamos sobre lo que concretamente existe en la realidad, porque todo esto depende de nuestro alcance.

 (Extracto de la lección nocturna sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 28 de abril 2010).

Miles de millones de veces más grande que el Universo

laitman_2009-08_2577

Pregunta: ¿Por qué debemos esperar tanto;  recibir tantas experiencias negativas que nos hieren, para al final llegar a entender cuál es el camino correcto?  

Respuesta: No estamos esperando. A cada instante que pasa nos estamos desarrollando, paso a paso. Pero nuestro ego (el deseo de recibir placer) es simplemente infinito. Es muy profundo,  una creación enorme. Imaginen nuestro universo infinito. Pues bien, el deseo humano es mil millones de veces más grande que todo el universo.

Debemos empezar nuestra corrección.  En mi deseo de recibir placer hay un sin número de cualidades en las cuales debo sentir los golpes para poder reaccionar y decir: “¡Ay!” Después,  necesitaré otros mil golpes para sentir aún más dolor.  Esto no es una broma. De este modo es como transcurre toda nuestra existencia. Necesitaré otros mil golpes más para decidir que ya es suficiente y que no puedo más, que es necesario hacer algo al respecto: ¡Basta, no puedo más! ¡Tengo que hacer algo!

Cada cualidad incluye cuatro niveles (Alef, Bet, Gimel, Dalet).  Hasta que no lleguemos al último, al cuarto nivel, pasaremos nuestra vida recibiendo golpes, sufriendo, sin reflexionar en lo que está sucediendo.

Es como cuando primero me duele  una parte del cuerpo y después otra… pero, aguanto el dolor y pienso que puedo resistirlo, hasta que al fin entiendo que hay que tomar una decisión  y hacer algo al respecto. De este modo actuamos siempre.

Sin embargo,  así debe ser, porque estamos creados de un material complicado, de muchas capas que se desarrollan desde un solo punto. No tenemos alternativa.

Después, al final de la corrección, todo lo que hemos vivido se unirá y nos dará la percepción perfecta, la plenitud y el entendimiento.

(Extracto de la lección según el artículo Matan Torá (La entrega de la Torá) de Baal HaSulam, correspondiente al 29 de abril 2010).