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Lección vespertina del Zohar del 31 de mayo 2010

El Libro del Zohar – Capítulo Tetzave (Mandarás), punto 15

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Lección diaria de Cabalá del 1 de junio de 2010

El Libro del Zohar – Capítulo Tetzave (Mandarás), punto 31

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Del Rav Yehuda Ashlag, Prefacio al comentario de la escalera, punto 39

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Del Rav Yehuda Ashlag, Introducción al estudio de las diez Sefirot, punto 122

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Del Rav Baruj Ashlag Shlavei HaSulam 

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Corrección mediante las tres líneas: Una concesión sublime y complementaria

thumbs_Laitman_728_03[1]Prefacio al Comentario de la Escalera: 31) …Puesto que la línea derecha es la que se mantiene con Jassadim, queriendo anular la Or Jojmá en la línea izquierda, para organizar únicamente la Or Jassadim. Y la línea izquierda, la cual se mantiene con la Or Jojmá, desea anular la Or Jassadim en la línea derecha para organizar únicamente la Or Jojmá. Debido a esta controversia entre ellas dos, ninguna de ellas ilumina, puesto que la Or Jassadim en la línea derecha carece de Or Jojmá, tal como un Guf sin Rosh, en tanto que la Or Jojmá en la línea izquierda se oscureció completamente, porque la Or Jojmá no puede iluminar sin Jassadim.

32) Y no existe corrección para esta controversia, excepto mediante la línea media, creada por medio del inferior, el cual eleva allí el MaN, en el secreto de la línea media. Ya que se hizo un Zivug desde la Luz Superior… obliga a la línea izquierda a unirse con la línea derecha.

Desde Arriba, se preparan las dos líneas, la derecha y la izquierda, pero nosotros debemos preparar  la línea media. Nosotros elevamos nuestra petición (MaN) para obtener la pantalla y de esta forma lograr la corrección: la línea derecha y la izquierda se unen, complementando la una a la otra y se avienen a una concesión. Tiene que ver con la libertad de elección del hombre. Una persona se conecta al sistema mecánico que ya existe de  la línea izquierda y la derecha y engendra una nueva cualidad que no existía antes: el deseo de ser semejante al Creador.

Empleo la fe por encima de la razón, el deseo que es totalmente independiente de cualquier cosa que pueda ocurrir. No me preocupo por la línea izquierda o por la derecha, tampoco por Jassadim o Jojmá; mi única meta es unirme con el Creador. Por esta razón, no lo percibo como una concesión (una línea no puede anularse frente a la otra), sino como un medio para alcanzar la unidad. Por eso es que la concesión es posible.

Es lo mismo que acercarse a dos personas que están en medio de una controversia muy fuerte y no están preparadas para intercambiar opiniones, ni siquiera un poco. Sin embargo, mi intención no es unirlas o reconciliarlas. Tengo una meta sublime: alcanzar algo más elevado. Y lo logro usando el poder de estas dos líneas.

Me fijo una meta que está por encima de todo: hacerme semejante al Creador y fusionarme con Él. En este caso, las dos líneas se pueden fusionar y complementar una a la otra, porque ellas sienten la perfección que existe en esta meta. Cada una de ellas no alcanza lo que desea, sin embargo, su involucramiento por alcanzar la meta, las tranquiliza.

La línea media las ilumina. Es pequeña comparada con ellas, pero alcanza la perfección del Creador. Esta es una perfección más elevada que lo que ellas podrían alcanzar por su cuenta, pues  proviene de la fusión con el Creador.

(Extracto de la segunda parte de la lección diaria de Cabalá del 30 de mayo 2010.  Prefacio al comentario de la escalera)

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Cuando siete son más fuertes que siete mil millones

thumbs_Laitman_017_01[1]El único esfuerzo que podemos hacer en nuestro trabajo espiritual es incorporarnos al grupo, y permitir que éste nos influya.  El ambiente tiene tal fuerza, que su tamaño no tiene importancia. Lo importante es en que medida yo lo considero como mío.

Nos damos cuenta que  nuestros familiares y las personas cercanas a nosotros nos influyen más que los extraños. Hay siete mil millones de personas, pero no sentimos su influencia tanto como el impacto de nuestros familiares cercanos que pueden sumar no más de siete personas.

Por eso, si la persona organiza su vida de tal forma que su ambiente lo inspire, recibirá su influencia y  por consiguiente anulará la “autoridad”  que tiene el resto de la humanidad sobre él. El resto del mundo como que cesa de existir y la persona adquiere fortaleza, discernimientos espirituales y enormes deseos. Con esto ya cuenta con los medios para avanzar.

(Extracto de la lección según la carta de Baal HaSulam, correspondiente al 28 de mayo 2010).

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Con prismáticos por el camino hacia la meta

thumbs_Laitman_156[1]Recibí una pregunta: ¿Cómo puedo dirigirme correctamente hacia la meta?

Mi respuesta: El Creador me dio unos prismáticos, a través de los cuales puedo ver mi destino  a  distancia, y caminar hacia él. Estos prismáticos están representados por un puñado de almas, a las cuales me uno y a través de ellas reconozco la meta. Me pongo en movimiento hacia ella con su ayuda.

De todas las almas, el Creador seleccionó un grupo de almas para mí. Este grupo es un órgano del alma colectiva, el órgano al que pertenezco. El Creador, no sólo ha seleccionado este grupo de almas, sino que me ha llevado también a conectarme con ellas, de forma que  pueda convertirse en la unidad de las almas que están destinadas para mí. Esta unidad de las almas me ayuda a avanzar. La alcanzo  mediante la conexión al grupo y, a través de él, obtengo el sistema general del alma individual.

Todavía no estoy conectado a estas almas y no las reconozco. La conexión de todo está, haciendo un símil, como bajo el agua. Sobre el agua veo cuerpos físicos como el mío, ya que el Creador me condujo a un grupo físico. El Creador me dio la oportunidad de comenzar a introducir la red interna de las almas a través de mi implicación en la organización de la conexión física con los amigos, asumiendo diversas responsabilidades, deberes, tareas, así como asumiendo el estatuto del grupo.

En mi unidad intrínseca con ellos, es decir,  “sumergiéndome bajo el agua», descubro que este grupo ya está completamente corregido, mientras que yo no lo estoy. Veo que, a través del grupo, se me ha dado la oportunidad de integrarme en el sistema corregido. A través de este grupo, se me permite entrar a formar parte del sistema integral de Adam, de Maljut del Infinito.

Tengo que llegar a la actitud de «Ama a tu prójimo como a ti mismo» en relación con mis amigos, mientras que con respecto al resto de personas del mundo mi actitud ha de ser la de «perdonar a todos los hombres.» «Amar a los demás» significa unirse al  dictamen y voluntad de este grupo, al cual el Creador me ha llevado.

 Ni siquiera elijo el aceptar al grupo, al cual el Creador me ha traído,  o permanecer en él aparentemente «libre» (aunque, en realidad es, precisamente, siguiendo sus órdenes). Aquí radica mi libre elección: moverme, conscientemente, con el grupo o por la fuerza (aparentemente libre) como todos los demás.

(Extracto de la lección diaria de Cabalá del 28 de mayo 2010 sobre la Carta 1-1920 de Baal HaSulam)

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Lección diaria de Cabalá del 31 de mayo de 2010

El Libro del Zohar – Capítulo VaYikrá, punto 428

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El libro del Zohar – Capítulo Tetzave, punto 1

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Del Rav Yehuda Ashlag, Prefacio al comentario Sulam, punto 36

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Del Rav Yehuda Ashlag, Introducción al estudio de las diez Sefirot, punto 19

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Del Rav Baruch Ashlag, Observar la Torá y Mitzvot purifica el corazón

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El sendero directo para alcanzar el otorgamiento, el amor, y el mundo espiritual

thumbs_Laitman_053_07Las enseñanzas dicen que primero tienes que estudiar la Torá, la Mishná y el Talmud, y sólo entonces comenzar con los estudios de Cabalá. Esto es correcto siempre y cuando ya merezcas estudiar en el nivel de Lishmá, es decir, si te has corregido por completo.

Sin embargo, antes tienes que llegar a la corrección de tu alma. Existimos para este fin, y aquí radica todo nuestro trabajo. La Torá (la Luz de la corrección) se nos ha dado específicamente para este propósito. Textualmente: «Creé el egoísmo y entregué la Torá para su corrección”.

El orden de corrección es el siguiente: en primer lugar, necesitas alcanzar el nivel de «Lishmá» (alcanzar el atributo del otorgamiento y del amor, entrar en el mundo espiritual) del modo más rápido y efectivo. Entonces, ya eres libre para estudiar la Torá, ya que será el alma que has adquirido la que te enseñará. Nadie podrá decirte qué hacer. Verás, comprenderás, y alcanzarás todo tu mismo.

(Extracto de la tercera parte de la lección diaria de Cábala, Introducción al Estudio de las Diez Sefirot, del día 31 de mayo)

La mente no puede comprender El Zohar

thumbs_Laitman_178[1]Pregunta: Algunas veces, el texto del Zohar está escrito con tal claridad que parece que se dirige a mí y me habla directamente.

Respuesta: Debes ser listo y darte cuenta de que aunque una porción del texto te parezca clara, en realidad no la entiendes más que cualquier otra que te parece oscura. La comprensión en este aspecto no tiene importancia. En el estado en el que te encuentras, no puedes entender nada.

Si, por casualidad, te parece que puedes unir las palabras y atribuirles un significado, el problema es que estás confundido. No tiene nada que ver con la intención de los autores del Zohar. Ellos escribieron sobre las propiedades y los actos con los cuales aún no tienes conexión. Ni una sola palabra en el texto habla sobre la persona en este mundo o sobre acciones que él o ella realizan aquí.

Aparta de tu mente todo eso, tan pronto como te sea posible, y tan lejos como te sea posible. Es el mayor favor que te puedes hacer.

Pregunta (continúa): Algunas veces, el Zohar habla sobre algo incomprensible y entonces me resulta más sencillo enfocarme en la intención.

Respuesta: El que tengas una intención mayor no depende del hecho de que el texto sea claro, o no. No tiene relación alguna con tu comprensión del texto.

Supongamos que ahora estoy escuchando el texto, sin saber hebreo o sin tener a mano una traducción. Entonces, sólo pienso en qué momento esta medicina me va a hacer efecto y me va a curar. Eso es todo y es todo lo que necesitas.

Digamos que voy a ver a un médico y él me dice que tengo que tomar un medicamento. Él me dice un nombre larguísimo en latín que indica el compuesto químico. ¿Realmente necesito saber cómo actúa esta medicina, cuál es su composición y por qué se llama así? ¿Necesito saber estas cosas para creer que me ayudará y que voy a curarme?

Sólo tengo que entender las indicaciones del doctor sobre cómo debo tomarla, y nada más. El resto de la información sólo puede dañarme. Pensaré que soy muy listo y empezaré a actuar como si supiera de estas cosas. Pero, es el médico, y no tú, quien tiene derecho a aplicar un tratamiento. Tú no tienes que tratarte. La regla dice, “Si estás enfermo ve al médico (Nitan la Rofe Lerapot)”.

¿Depende la intención de cuánto entiendes el texto? No existe conexión alguna entre ambos, en absoluto.

(Extracto de la primera parte de la lección diaria de Cabalá, El Zohar, del 31 de mayo de 2010.)     

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