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¡Dibujen para ustedes mismos el mundo superior!

activity_thumbTodo nuestro trabajo está en pasar de la percepción de la realidad en nuestros sentidos egoístas a la percepción en los sentidos altruistas. En esto radica toda la diferencia entre la percepción de este mundo y la percepción del mundo superior. Es la diferencia entre nuestra percepción actual de la realidad en que vivimos: la mentira, alejados del Creador, sin saber en dónde nos encontramos, y la percepción, la comprensión, el conocimiento de en dónde existimos, en Quien y con Quien estamos.

El cambio de la percepción sucede gracias al esfuerzo del hombre. Pero antes debe haber el deseo de cambiar la percepción, porque sucederá si lo deseamos. Por eso debemos esforzarnos en imaginar la realidad superior, crear su imagen en nosotros (de lo que hablan los libros cabalistas) y construir estas relaciones dentro del grupo, entre nosotros.

Entonces durante el estudio, leyendo sobre esta realidad superior, vamos a exigir que venga la fuerza de arriba: que nos abra los órganos de percepción, las esclusas de los sentimientos, y podamos descubrir en dónde nos encontramos en la realidad, en lugar de quedarnos en esta imagen falsa y fantasiosa que se presenta hoy a nuestros turbios sentidos de percepción. Por eso, todo nuestro trabajo está en encontrar las definiciones correctas de lo que es la verdadera realidad.

Cada uno de nosotros, con todas las fuerzas, cuánto le es posible, tiene que imaginar, representar ante sí, formar para sí mismo, una determinada imagen superior en la que todos estamos unidos en nuestros deseos, junto con el Creador. Donde no hay diferencias entre nosotros y dentro de nosotros: entre nosotros rige el Creador, la cualidad del otorgamiento y el amor.

No hay nada más que este estado. No hay ninguna imagen fantasiosa. Y pedimos a esta realidad que actúe sobre nosotros y que se integre a nosotros. Esto debe ser el resultado de nuestros esfuerzos. Precisamente es a esto a lo que debe a llegar el hombre durante la lectura del Libro del Zohar y otros libros cabalísticos. Estos libros nos hablan de la verdadera realidad. De otra forma, podríamos leer los libros escritos en otro estilo y en general no tendría sentido leerlos.

Por eso leyendo en estos libros sobre la verdadera realidad tenemos que intentar alcanzarla. Como escribe Baal HaSulam en La introducción al estudio de las Diez Sefirot, p.155: “Gracias a un enorme deseo y intención por entender el material estudiado, despiertan en ellos las luces que rodean sus almas”. Las luces llegan del único estado que existe y de este modo nos corregimos.


(Extracto de la lección sobre el Zóhar correspondiente al 3 de junio 2010)

La Medicina más poderosa: Gotas de Fortuna

thumbs_Laitman_734Baal HaSulam explica que el estudio de la Torá (la Cábala) es diferente de cualquier otra actividad en este mundo. Ningún talento especial puede ayudar a una persona a estudiar la Torá; ni inteligencia, ni sabiduría, ni creatividad; tampoco ayuda el tener una mente aguda, erudición o conocimiento.  Sólo la Luz, al actuar sobre una persona, puede ayudarla a avanzar. Este avance se basa en la corrección y no en la acumulación de conocimientos.

Por lo tanto, el estudio de la Torá se puede comparar con el procedimiento médico que seguimos cuando estamos enfermos. Nuestra llegada a la lección de Cabalá es parecida a una persona que viene al médico para un tratamiento. Si dicha persona lo desea y se prepara cada vez, esperando que el tratamiento le haga mejorar, después de muchos procedimientos (muchas lecciones de Cabalá), la corrección tendrá lugar.

Así pues, nosotros también necesitamos comprobar y determinar si nos acercamos a los estudios con la intención correcta. Nuestra intención es especialmente importante en el estudio de El Libro del Zohar ya que éste es el medio más poderoso y efectivo para trabajar en contra de nuestra naturaleza. También es necesario controlarnos y evaluarnos después de la lección, es decir, después de este “procedimiento médico “. ¿He avanzado, de alguna manera, hacia la meta?; ¿hacia el amor y el otorgamiento?; ¿hacia la voluntad de unirme con el grupo? ¿Siento un aumento de la grandeza de la meta? Si es así, entonces es que siento la importancia del objetivo; la grandeza de la espiritualidad y la del Creador en mayor medida. Esto me da energía y el deseo de progresar.

Es irrelevante cuánto entendamos, o no, El Libro del Zohar. No importa si una persona desconoce el idioma original del mismo, o si todo lo que nos cuenta nos parece muy lejano y desconocido. Hasta las personas que han estudiado la Torá, en su interpretación simple, durante toda su vida, tampoco saben lo que está escrito en El Libro del Zóhar. Están, incluso, más confundidos que aquellos que nunca han estudiado la Torá.

Por lo tanto, debemos abrir nuestros corazones (en lugar de nuestros oídos y mentes) para recibir el medicamento. Esto es necesario, para que nuestro corazón egoísta pueda transformarse en uno altruista, bajo la influencia de “la maravillosa cualidad” (Segula) que figura en El Libro del Zóhar. Debemos aceptar cada palabra que leemos en el Zohar como el “gota a gota” de una infusión. De hecho, la luz nos llega gota a gota, y por lo tanto, se las llama “gotas de la fortuna” (“Mazalot,” de la palabra “Nozel” – goteo). Por esta razón, tenemos que esperar, pacientemente, que este medicamento actúe en nosotros, gota a gota, hasta que lleguemos al “éxito completo”.

(Extracto de la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 2 de junio 2010, El Zohar)

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Leccion diaria de Cabalá del 4 de junio 2010

Shamati #8 La diferencia entre la sombra de Kedusha y la sombra de Sitra Ajra

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Prefacio a la sabiduría de la Cabalá, punto 60

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El Libro del Zohar – Capítulo Tetzave (Mandarás),” punto 131

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El Trabajo para iluminar nuestro deseo

thumbs_Laitman_154Recibí esta pregunta: ¿Cómo puede una persona comprobar lo mucho que ha avanzado de lección a lección?

Mi respuesta: Debo trabajar activamente en ir clarificando mi avance, de hecho el progreso depende de estos exámenes internos. ¿Qué quiero? ¿Es por mi propio bien o por el bien del otorgamiento? ¿Estoy conectado con los amigos en este aspecto? ¿Les necesito o no? ¿Trabajo partiendo de un deseo egoísta o de la intención de otorgar, desde el lado del Creador o del de la criatura, por encima de mi egoísmo, o dentro de él? Todo el avance se basa en este autoanálisis.


Es posible que después de una buena lección, estas aclaraciones me revelen mi mal estado, pero éstas serán más precisas, ¡lo que significa que estoy avanzando! Todos los días debería obtener un simple resultado: mañana debería llegar a la próxima lección con un deseo más claro. Si tengo un deseo o no lo tengo es irrelevante, porque es dado desde arriba. No obstante, ¿se ha llegado a definir mejor este estado?


Posiblemente, este análisis me llevará a un callejón sin salida donde todo se vuelve confuso y nebuloso. Pero esto también indica una mayor lucidez y claridad. La Luz que me llega durante la clase me proporciona definiciones, el que sean positivas o negativas es irrelevante. Estas definiciones me permiten realizar un análisis más refinado y preciso con el fin de evaluarme a mí mismo, a mi estado, en relación con el Creador o a la meta – en todas las direcciones.


De esta manera, la Luz afecta al deseo: cuando lo ilumina, veo más en él. Incluso si dejo de ser crítico, y de repente me vuelvo totalmente confuso y desconcertado, a esto también se le denomina ver “más.” Estas situaciones también brindan grados de comprensión.

(Extraído de la primera parte de la lección diaria de Cabalá, el Zohar, del 2 de junio de 2010)

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¿El alma común, soy yo, o soy parte del conjunto?

thumbs_Laitman_501Cada alma al corregirse a sí misma mejora el estado del alma común y con esto, ayuda a los demás a corregirse y a la vez añadir sus correcciones al alma común. Primero, cada uno debe llegar hasta la raíz de su alma, es decir, llevar su gen espiritual (Reshimo) hasta su corrección final personal (Gmar Tikun Prati). Segundo, tu estado personal corregido definitivamente es tu incorporación total en el alma común de Adam Rishon.


¿Qué es el alma común de Adam Rishon? ¿Todo esto soy yo, o yo soy parte de ella? El alma común soy yo, y todos los demás ya están corregidos. De ellos tomo sus deseos y debo llenarlos. Soy como un órgano pequeño del cuerpo, que debe proveer a todo el organismo, a todas sus partes, mi cuota de trabajo. Por eso, todo el organismo se revela en relación a mí, pero sólo en la medida en que lo llene.


Supongamos que pertenezco al sistema sanguíneo, linfático o nervioso, y por eso, revelo sólo las partes del organismo que pertenecen a este sistema. De esta manera, revelo todo el sistema de Adam ha Rishon en relación a mí. Asocio a mi todo este deseo enorme del alma común y me convierto en una madre con relación a los demás, ZAT de Bina, como una vaca “que desea dar su leche”. Porque de hecho debo llenarlos con los frutos de mi trabajo.


Por eso, cuando atraigo hacia mí todos sus deseos que no están llenados debido a que no cumplí con todo mi trabajo y dejé en cada uno de ellos un espacio vacío, comienzo entonces a sentir todo este sistema de Adam Rishon.


De hecho, esta es mi vasija espiritual, mi deseo. ¡Es como si estuviera en otras personas pero este deseo es mío! Resulta que trabajo como el Creador que desea llenar a sus criaturas. Soy como el otorgante con relación a este deseo ajeno y ellos para mí son quienes reciben. Me uno a ellos y los trato con amor, como el Creador trata a toda el alma común.


Pero, me conecto sólo con esa sección del alma, que está relacionada conmigo, o con ese sistema que debo llenar. De esta manera, logro el estado en donde me siento como el Adam ha Rishon en su totalidad, y con esto revelo al Creador. Me identifico a mi mismo con todo el sistema de Adam Rishon, con el cual puedo unirme. Y añadiendo a cada uno mi parte del trabajo, me uno con todas estas partes en forma corregida.


En realidad, todos están corregidos excepto yo. Y resulta que revelo a Adam ha Rishon como es. Y adquiero la vida de esta alma común, Maljut del Mundo del Infinito. De este modo cada persona debe realizarse a sí misma: corregir su actitud personal, su egoísmo personal; incorporar en sí misma los deseos de los demás; sentir que estos deseos son propios, llenarlos, y a través de ellos alcanzar el sistema de Adam ha Rishon, y en él revelar al Creador.


(Extracto de la cuarta parte de la lección acerca del artículo de Rabash, ¿Qué grado debe uno alcanzar? correspondiente al 02 de junio 2010)

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thumbs_Laitman_128Algunas almas necesitan corregir mucho, otras necesitan corregir menos. Sin embargo, cuando éstas regresan a la raíz del alma, cada una alcanza la perfección. Hay almas que pertenecen a los sistemas principales de Adam ha Rishon; son afines al cerebro, el corazón, el hígado, y los riñones, como órganos vitales del alma común.


No obstante, por otro lado, dentro de la perfección, la célula de un talón es tan importante como cualquier célula del cerebro. Sólo en nuestro mundo material puede una persona vivir sin un brazo, una pierna, o algún otro órgano. El mundo espiritual es perfecto; por ende, cada parte es tan importante como las otras.


Si alguna no completa su corrección aunque sea un 1%, no se obtendrá la perfección general. Incluso si las otras ya están corregidas, debido a su corrección incompleta (<100%) la corrección final no llegará. Es difícil de comprender este principio espiritual: todos son igualmente importantes, pero cada uno es diferente de acuerdo a la raíz de su alma.


Pero, cuando retornemos al Mundo del Infinito, nadie sentirá que existe alguna diferencia con los demás. Si una persona llevó a cabo todo lo que tenía la obligación de hacer según sus cualidades, entonces se habrá realizado completamente.


Por consiguiente, aunque la mayor parte de las almas pertenecen al nivel de Nefesh, una cantidad menor pertenece al nivel de Ruaj y una cantidad todavía menor al nivel de Neshamá, y sólo algunos pertenecen al nivel completo de NRNHY. ¡No obstante, la Luz común brilla para todos! Toda la Luz del infinito llena a todos en el alma común corregida.


No podemos comprender lo anterior en nuestro mundo con nuestras cualidades no corregidas porque existimos con tal carencia de perfección que ni siquiera podemos imaginar el estado corregido del alma.

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