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Son las mismas diez Sefirot en todas partes.

Estamos estudiando el libro Talmud Eser Sefirot, el cual compila seis volúmenes y más de 2000 páginas, y todo el tiempo estamos estudiando solamente las diez Sefirot. Lo hacemos para leer sobre ellas una y otra vez y luego olvidarlo todo y así volver a leer sobre ellas una y otra vez y olvidarlas nuevamente. Cada vez que estudiamos, siempre estudiamos las mismas diez Sefirot, pero en una nueva forma porque nuestras cualidades están cambiando constantemente, mientras que las diez Sefirot son las mismas.

Así es que, cada vez que nos sentamos a estudiar, lo hacemos incorrectamente. Y después siempre tenemos que olvidar lo que hemos estudiado.

La ley espiritual de la corrección de las almas plantea que Nukva regresa al estado de “virginidad” cada vez. Entonces Nukva crece, se hace pequeña y vuelve a ser adulta y se une con Zeir Anpin. Ella entonces completa este estado y regresa al estado de “virginidad” para comenzar a crecer nuevamente y alcanzar un nuevo estado de unidad.

De esta manera nosotros atravesamos cada fase o cada nivel, que incluye las mismas diez Sefirot. Después todo se borra y en el siguiente nivel estudiamos una vez más las mismas diez Sefirot, pero con un entendimiento y sensaciones más profundas y dentro de una mayor corrección.

 Así es como un nivel es reemplazado por el próximo. Se agregan nuevas relaciones, pero siempre estamos hablando de la unidad de Maljut con las primeras diez Sefirot.

(Extraído de la segunda parte de la lección diaria de Cábala del 15 de septiembre 2010, sobre Talmud Eser Sefirot.)

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Pregunta: ¿Es suficiente para nosotros el corregirnos para corregir al mundo?

Respuesta: No, no lo es. Ya que todas las almas están conectadas, una sola alma (grado) no puede completar su corrección sin corregir las partes del próximo grado. Ninguna persona vive para su propio beneficio; el sistema entero es un sistema de otorgamiento mutuo.

Por lo tanto, es imposible para uno corregirse para su propio bien. Todos vivimos con el fin de proveer corrección y satisfacción para otros. Es imposible para un alma que se corrige no tener una parte que fue corregida por ella de parte de los precursores y una parte que debe corregir para otros.

Sabemos que la parte superior de toda alma, su GE (Galgalta ve Eynaim), existe en la parte inferior, el AJaP (Ózen, Jótem, Pe), del alma más alta, precursora (Partzuf). La parte inferior del alma, su AJaP, está situada en el GE del alma inferior.

Así, nuestra libre elección está en el lugar donde no estamos conectados a un alma superior o inferior; está en la parte media del alma, la parte media de la Sefirá Tifferet. Un espacio libre para todas las almas está formado ahí; es nuestro libre albedrío. En esencia, representa una unificación especial en nuestra alma de las almas superiores e inferiores. En esta unificación, son iguales, así, nos dan libertad de elección.

Fuera de la parte media de la Sefirá Tifferet, las partes del alma no pertenecen al alma misma. La parte superior pertenece al alma más alta (el Partzuf previo), y la parte inferior pertenece al alma inferior, su «sucesor».

Por lo tanto, un cálculo es siempre llevado a cabo en el otorgamiento al superior y al inferior. La decisión acerca de este otorgamiento es hecha en el medio: no hay otra libertad. Este punto medio surge artificialmente a través de la unificación de Biná y Maljut. Es llamado Klipat Noga, y constituye mi punto de elección. Aparte de este punto, todo lo demás le pertenece no a mí, sino a los Partzufim (plural de Partzuf) superiores o inferiores en relación a mí. Estoy situado en el medio, y constantemente necesito decidir cómo estoy conectado con ellos.

Sin embargo, este punto que toma la decisión es, de hecho, el «Yo» o «ser humano,» el que es similar al Creador. Por una parte, existe Maljut, y, en la otra, está Biná. Así, hay un contacto especial entre BináMaljut (las cualidades del Creador y la criatura) en este punto. Este contacto proporciona una libre decisión para hacer a la criatura similar al Creador. Es llamado «Adam» o «similar».

Hasta que llegamos a esta decisión, no somos «humanos». El humano comienza desde, 1) la conciencia de  la diferencia entre Biná y Maljut, y 2) la conexión entre ellas. El ser humano crece a partir de este punto al grado al que sea capaz de servir a otros con sus 613 deseos: los superiores con sus 248 deseos y los inferiores con sus 365 deseos.

Si no haces esto, permaneces sólo como un punto. Pero, si lo haces, desarrollas tu Galgalta ve Eynaim y ellos se esparcen en el alma común: todas las almas que son superiores e inferiores a ti.

(De la lección diaria de Cabalá del 12 de septiembre 2010 sobre Arvut, La Garantía Mutua.)

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