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Momentos de Cabalá- “Saliendo de Egipto”

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El desarrollo de acuerdo con las leyes de la física espiritual

Todo el desarrollo sucede de acuerdo con los cuatro estados de HaVaYáH que surgen de la combinación de dos cualidades, del deseo de recibir placer y del deseo de otorgar, que empiezan a conectarse entre sí. Al principio, el deseo de recibir prevalece. Luego lo hace el deseo de otorgar. Después, trabajan juntos, y todo culmina con el grado final de Máljut que desea gobernar sobre todos con su deseo egoísta.

Por esta razón, cuando la Luz influye en el deseo, hace que se desarrolle de acuerdo con los cuatro estados hasta el estado de Dálet (Cuatro). Esta es la ley de la física espiritual. Esto da como resultado el desarrollo de acuerdo con los niveles inanimado, vegetativo, animado, y humano. El hombre mismo, también se desarrolla de acuerdo con los mismos cuatro niveles: inanimado, vegetativo, animado y humano en su interior.

Por eso necesitamos entrar en un estado cada vez, estar en él, y sentir sus defectos. Nosotros nos “guisamos” en un cierto grado de desarrollo hasta que comprendemos sus deficiencias y comenzamos a buscar el nuevo grado. Todo esto sucede de acuerdo con la ley de los cuatro estados del desarrollo, según la cual cada grado actual contiene siempre el lado opuesto del grado siguiente, que nos atrae.

Esta es la razón por la que inicialmente disfrutamos de cada nuevo estado alcanzado, pero luego empezamos a sentir que este estado es nuestro “exilio“. Este empieza a sentirse malo e insuficiente. De esta manera, carecemos de la vida “vegetativa” en el nivel “inanimado”, de la vida “animada” en el nivel vegetativo, y de la vida “humana” en el nivel animado. Sin embargo, ¿De qué carecemos en el nivel humano? ¡Carecemos del Creador!

Atravesamos estos cuatro estados de esta manera, los cuales se conocen como los cuatro exilios. Cada vez que sentimos que estamos en el exilio, queremos salir de este estado. Cada vez que ya no somos capaces de permanecer en un estado determinado porque la sensación de carencia se vuelve intolerable, vamos a un nuevo estado, y esta transición se llama “la redención”.

En resumen, hay cuatro exilios y cuatro redenciones. Hasta hoy, hemos atravesado cuatro exilios y tres redenciones en el transcurso de la historia de la humanidad, y estamos en el umbral de la liberación cuarta y última.

En nuestro estado actual, lo tenemos todo, excepto al Creador, la sensación y la conexión con Él para así poder sentir Su cualidad: otorgamiento y amor a los demás. Cuando una persona carece específicamente de esto, significa que ha alcanzado el cuarto y último estado, la sensación de carencia de la revelación del Creador.

No hay carencia mayor, esta es la carencia final. Esta es la carencia que necesitamos alcanzar con nuestros esfuerzos, ejercicios y trabajo mutuo. El hombre debe verificar si esto es realmente de lo que carece. Si no, todavía no se ha acercado a la liberación. Sin embargo, si tiene un entorno fuerte que tenga derecho a salir del exilio hacia la redención, es posible que ellos puedan sacarlo del exilio cuando salgan, puesto que deben llevar a un anciano, una mujer o un niño.

Los primeros en salir son los hombres (Gvarím), aquellos que son capaces de superarlo (Midgabrím). Ellos los jalan a todos, ayudan y guían de alguna manera. Los demás sólo tienen que estar listos para unirse con ellos, no para resistirse, teniendo el deseo de salir aunque sean débiles y carezcan de la fuerza necesaria para unirse. Sin embargo, no deben estar en su contra.

En otras palabras, necesitamos alcanzar un estado en el que sentiremos específicamente la carencia del atributo de otorgamiento y amor, de unidad, de garantía mutua. Este estado precede al nacimiento espiritual.

(41019 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/18/2011: “Esto es para Judá”)

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El amor no puede convertirse en un hábito

Pregunta: ¿Cuidar de los amigos se vuelve en algún momento mi naturaleza?

Respuesta: No, no será así. Sólo el egoísmo que rige sobre mi puede ser natural. Todos los estados adicionales yacen por encima de él y pueden ser alcanzados según la medida de esfuerzo.

Salir a la espiritualidad es lo mismo que a levitar por encima de la tierra en nuestro mundo. No puedes sólo estar suspendido en el aire. Esto requiere una fuerza que te sostiene a pesar de la fuerza de la gravedad. La gravedad es la fuerza de nuestro egoísmo. Esta siempre tira de mi hacia abajo, por lo que, tan pronto como me olvido de la meta, inmediatamente caigo al suelo.

Si deseo unirme con los demás, antes que cualquier otra cosa tengo que poner por delante el esfuerzo constante para “flotar en el aire”, en aspiración por la unidad. No hay holgura en este caso: en el instante en que yo lo olvide, me caigo.

Es por eso que el cuidado de los otros nunca se convertirá en un hábito o una segunda naturaleza. Y debemos estar agradecidos por ello puesto que allí tenemos una oportunidad de realizar nuestro libre albedrío en el próximo segundo.

Si fuera un hábito lo que me movió, yo sería un ángel. El ángel obedece a su naturaleza: la naturaleza del otorgamiento. Este cuelga en el aire porque es “más ligero que el aire” y no es afectado por la fuerza de la gravedad egoísta terrenal. Pero un ser humano si lo es.

(40988 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/18/2011: “Esto es para Judá”)

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Trabaja en sincronía con el Superior

Debemos tratar de reconocer todos los estados que esperamos ver después de que salgamos de Egipto, mientras que aun estamos en Egipto, en este momento, cuando trabajamos en el grupo. A pesar del poder del egoísmo, queremos revelar el mundo espiritual aquí y ahora. Sólo al ejercer esfuerzo atraeremos la fuerza que lo hará por nosotros.

Necesitamos encontrar el lugar donde deseamos ser uno y entender cómo ejercer el esfuerzo y demandar la unidad. Hacemos todo lo posible a través de nuestro propio esfuerzo y el esfuerzo del superior. Le pedimos, partiendo de la demanda de esto, y atrayéndolo a Él para que nos ayude mientras que aun recordamos hacer nuestra propia contribución.

Sólo cuando tengamos una idea clara del lugar, esfuerzo, y naturaleza de nuestra acción tomaremos la decisión correcta.

(40991 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá 4/18/2011: “Esto es para Judá”)

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Las minas de oro de las almas

Baál HaSulám, Béit Shaar HaKavanót (La Puerta de Intenciones), capítulo “Sobre el éxodo de Pésaj”: La primera generación, la generación de Enóc y la generación de la Torre de Babel, exiliaron a la Shejiná hacia arriba al “séptimo cielo”.

El Israel de la generación de la esclavitud de Egipto era de las mismas chispas Keri (semen desperdiciado), que Adán HaRishón siguió goteando durante 130 años, hasta que engendró a Set.

Las chispas Keri son la Luz de Jojmá (Sabiduría), que intento recibir de manera egoísta, para su propio bien. Si la Luz de Jojmá no alcanza el lugar adecuado, el cual está bajo la pantalla, y no se viste en la Luz de Jasadím (misericordia), es considerada como “el semen que cae sobre la tierra” (del hebreo, “Áretz“, tierra o suelo, y “Ratzón”, deseo o voluntad), “desperdiciado”.

Cada persona debe pasar a través de estos grados, las generaciones de Enóc y la Torre de Babel, a través del deseo egoísta que no tiene en cuenta a nadie y que desea recibir directamente todos los placeres, lo cual es considerado como “semen desperdiciado”.

Un alma es similar al oro y cuando este es extraído de por debajo de la “tierra”, está mezclado con basura, hasta que es purificado, para que toda la suciedad se separe y pueda llamarse “oro”.

Después de la ruptura de las vasijas que ocurrió en nuestras raíces, en el mundo espiritual, nuestras almas se hundieron en el deseo de recibir para la auto gratificación y se mezclaron dentro de él por completo. Hay muy pocas chispas de otorgamiento que terminaron en este deseo egoísta, las cuales son muy difíciles de recuperar.

Es similar a la minería del oro, el oro se extrae de por debajo de la tierra, cuando miles de toneladas de tierra tienen que ser tamizadas y sometidas a diversos procesos antes de poder extraer unos pocos gramos de oro de ellas. El propio suelo no proviene de cualquier lugar, sino más bien de donde se había encontrado antes el oro. Sin embargo, camiones llenos de tierra deben ser traídos y purificados, lavados con agua y tamizados por los filtros, para que unos escasos gramos de oro finalmente puedan surgir.

Lo mismo le corresponde a nuestras almas después de la ruptura. Dentro de un enorme deseo egoísta, hay sólo unas cuantas chispas dispersas que, aunque siguen siendo egoístas, son aptas para ser corregidas para otorgar. Son ellas las que gradualmente debemos extraer, y este es el trabajo que debemos completar.

(40968 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/18/2011, Béit Shaar HaKavanót)

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En el estado futuro somos libres

Baál HaSulám, “Esto es para Judá”: “Este año aquí…, el próximo año, libre”. Está escrito sobre eso que, el objetivo de esta Mitzvá (mandamiento) es que podamos evocar la redención garantizada, destinada para nosotros, como en la Mitzvá de comer la Matzá de nuestros padres en Egipto.

De este modo, demostramos nuestra confianza en que con seguridad saldremos a la libertad. Saldremos de la esclavitud, sostenidos por el poder de nuestro ego que intencionalmente nos oprime. Cuando crecemos ansiosos de sacudirnos y estar dispuestos a elevarnos por encima del egoísmo, entonces nos liberaremos de ella.

Faraón endurece nuestro corazón como si se agregara peso a las pesas con las cuales se ejercita una persona. Con cada nuevo grado, tenemos que levantar más peso y con mayor frecuencia para adquirir un resultado determinado. Faraón es considerado como una “ayuda en su contra”. El Creador intencionalmente establece al tirano, al Faraón, en contra de nosotros para obligarnos a que nos unifiquemos en su contra.

Sin embargo, somos incapaces de unirnos a pesar de que repetidamente tratamos de hacerlo. Mientras más esfuerzo ejercemos, más poderoso se vuelve Faraón, cargándonos con un peso adicional. Parece que estamos debilitados en este camino y que  nuestra energía disminuye, pero no es así. Por el contrario, estamos volviéndonos cada vez más fuertes, mientras que nuestro trabajo es aún más difícil en calidad y cantidad.

Si no nos rendimos, sino que continuamos por este camino, entonces, podemos construir para nosotros un entorno y prepararnos para salir de Egipto. Todo depende de nuestra preparación. Nuestra fuerza debe crecer a tal grado que Faraón se quedará sin pesas para endurecer nuestros corazones. En ese momento, nos liberaremos de Egipto.

No sabemos de antemano cuando vendrá finalmente este estado, en el cual el poder de nuestra unidad y la aspiración por ella crezca hasta superar la pesada mano de Faraón, y a él no le quede nada con que cargarnos. Por el contrario, cuanto más avanzamos, más densa se vuelve la oscuridad. Comenzamos construyendo las “ciudades de la pobreza” que no nos traen ninguna satisfacción y gemimos en virtud este pesado trabajo.

En otras palabras, pasaremos por estados difíciles. Al final, incluso pasaremos por las “diez plagas” y la densa oscuridad egipcia como máxima expresión de toda clase problemas que debemos superar si establecemos la interconexión entre nosotros. No importa cuán difícil sea y cuanta discordia sienta entre nosotros, si aún así nos unimos, nos liberaremos de nuestra naturaleza.

(41025 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/18/2011: “Esto es para Judá”)

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