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Un libro de oraciones es una saga de la vida espiritual

La reacción del alma a los estados por los que atraviesa se refleja en las palabra escritas por los cabalistas. Esa reacción es reunida en el libro de oraciones titulado Sidúr (el “orden” de los estados atravesados). No entendemos lo que describen las oraciones, ni las impresiones del alma que están registradas en los nombres, las letras, sus combinaciones, o la disposición de las palabras en las frases.

Todo el libro de oraciones está organizado de tal manera que para cualquier alma que experimenta transformaciones en un estado específico, este proceso es expresado en las mismas palabras de la oración. No es necesario articular las palabras en voz alta. El alma las sentirá en el interior; la oración se volverá su construcción interna.

Cada letra es un cierto orden, una secuencia de fuerzas que reciben y otorgan. Adicionalmente, dentro de las letras, existen “signos vocales”, los llenados, un TÁNTA (Ta’amím, Nekudót, Tagín, Otiót o Luces, puntos, coronas sobre las letras y letras), los estados que atravesamos.

Nuestros deseos internos se alteran y asumen todo tipo de formas que infunden varias sensaciones en nosotros. En su turno, al transferir esas sensaciones al papel, reciben una forma específica de elementos espirituales en letras, palabras, y frases.

En otras palabras, una oración es una expresión externa de sensaciones espirituales internas. Una persona no necesita en realidad un libro de oraciones. Si está experimentando tales estados internos, ellos se volverán su plegaria.

Un libro de rezos es necesario para ver la forma de las letras y visualizar (si ya somos capaces de hacerlo), por qué estados necesitamos pasar, para imaginar lo que nos espera. Si ya estoy en el mundo espiritual, entonces basado en lo que estoy leyendo en el libro de rezos, puedo de alguna manera percibir qué es lo que va a sucederme, en qué estados voy a entrar.

En este mundo, varias emociones humanas me son familiares. Entonces, al leer una novela por ejemplo, puedo sentir y experimentar los eventos que se describen internamente. Es lo mismo para el mundo espiritual.

(41128 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/21/2011, Béit Shaar HaKavanót)

Material relacionado:

La plegaria de corazón

El corazòn que habla

La plegaria del corazòn de piedra

Momentos de Cabalá- “Porque escucharlo a Él”

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=-D2WMrf4Q3c]

Un punto negro en un océano de bondad

Toda la diferencia entre los cabalistas (personas con el punto en el corazón que siguen el camino del desarrollo espiritual) y las masas religiosas es su actitud hacia el Creador. Los cabalistas dicen: “Todo depende de mí. Tengo que cambiar, mientras el Creador es absoluto y,  por consiguiente invariable”.

Los únicos que pueden cambiar son aquellos quienes pueden ser mejores o peores, pero el Creador es solo “el bien, que hace el bien”. ¿Cómo podría pedirle a Él que cambie y se mejore a sí mismo? ¿Esto no Lo haría “malo” ahora?

Un cabalista cree que él es el único que necesita cambiar, y nadie más está sujeto a corrección: ni el mundo, ni los amigos, ni el grupo, ninguna persona. Ahora, yo existo dentro del bien que hace el bien, el Creador, la única fuerza de la naturaleza “no existe nadie más que El”. Como Lo perciba yo, depende de mis cualidades.

Cuando yo trabajo en el grupo, soy yo el que está trabajando; yo soy el que está cambiando. Es por esto que me parece que ahí está el grupo que pasa por diferentes estados, pero en realidad, yo trabajo con mi sombra, con mis cualidades.

Es lo mismo respecto al Creador. Me parece que Él me trata de diferentes formas. A veces Él se acerca a mí, y a veces Él mismo se distancia, pero soy yo el que está trabajando conmigo mismo en contra del absoluto, del bien que hace el bien, y no existe nadie más que Él.

De este modo, “todos juzgan de acuerdo con sus propios defectos”.  Yo veo mi sombra contra el Creador. Este soy yo viéndome a mí mismo desde afuera, el reflejo de mis propias cualidades.

De este modo, el mundo entero, excepto los cabalistas, piden que el Creador cambie y ellos están listos para hacer cualquier cosa solo para que el Creador sea amable con ellos. Ellos no piensan que necesitan cambiar su naturaleza, corregir su “inclinación al mal”, su ego, sino que están pidiendo que el Creador sea amable con ellos como ellos lo son.

Los cabalistas dicen lo opuesto: El Creador es el “bien que hace el bien,” y “no existe nadie más que Él”, la simple fuerza universal de la naturaleza. Nada más existe aparte del Creador.  Aparte de Él, solo hay un punto de deseo de recibir placer, “existencia a partir de la ausencia”. Varias acciones toman lugar dentro del punto y estas son cambios en la conciencia, es existencia en la Luz superior.

De repente, este punto siente que se está expandiendo a la escala de Máljut del Infinito, a la forma de los mundos y ocurren varios cambios. No obstante, es el mismo punto el que experimenta todo esto. Nada ha cambiado. Todos los cambios están sucediendo solamente en sus sensaciones.

Esto sigue, hasta que alcanza un estado constante, una sensación que es como el punto negro que existe dentro “del bien que hace bien”, del Único que existe. Todo el círculo que pasamos dentro de la creación, hasta su corrección completa (Gmár Tikún), solo tiene la intención de determinar nuestro lugar actual, al revelar al Creador.

(41552 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/26/2011, Shamati #1)

Las dificultades son la ayuda de Arriba

Sólo una persona que, en sincronía con la raíz de su alma, desea encontrar una fuerza unificada, superior que gobierna la realidad, es “ayudada” desde Arriba y a él se le envían los obstáculos. El Creador sigue revelando nuevos deseos en él o ella, que lo atrae en varias direcciones. Así, uno se olvida que no existe nadie más que del Creador y se enreda de nuevo y es incapaz de ensamblar dentro, la imagen de la fuerza superior única, a la cual uno debe ser devuelto.

Todas estas dificultades son la ayuda desde Arriba, enviada en forma de obstáculos a alguien que posee una aspiración hacia la búsqueda del Creador. Y una persona piensa que los demás tienen éxito en mantener esta imagen única, una sensación de que no hay nadie, sino el Creador. Pero para él, esta imagen constantemente se desvanece y se pierde.

Es fácil para que el mundo decirlo, pero él es el único para quien es difícil, y lucha constantemente a través de esto como en una niebla y no entiende quien actúa: él mismo, el Creador, o ambos al mismo tiempo, y qué relación debe ser formada con Él. Nada está claro.

Parece injusto que él obtenga del Creador sólo dificultades en vez de ayuda. ¿Es así como actuaría un Creador amoroso y bondadoso? ¿Por qué entonces Él usa tales dispositivos astutos y establece para el hombre este tipo de problemas en la vida y de los cuales no sabemos cómo escapar?

La persona piensa que incluso el más despiadado no haría esto. Después de todo, ¿de dónde proviene toda la crueldad en el mundo si no es de la fuerza superior misma? Las cosas más brutales y horribles proceden de una única fuerza, y además, tenemos que decidir que esta fuerza es buena, infinitamente amorosa, y que trabajan exclusivamente para el bien, ¿es eso?

Si damos un vistazo al mundo, es imposible que lo reconozcan. Sólo estamos convencidos de cuán fácil es confundirnos y hacernos dudar de la unicidad de la fuerza superior, cuando vemos el mundo ante nosotros lleno de dolor, problemas, violencia, terror y odio.

¿No es la misma fuerza superior la que causa esto? Sin duda, puesto que no existe nadie más que Él, y no hacemos nada por nosotros mismos. Veo con mis propios ojos que el mundo está gobernado por la fuerza del mal no por la fuerza del bien. Y trato cuanto puedo de aferrarme a la idea de que no existe nadie más que el buen Creador, el me equilibro, como si estuviera en la punta de una aguja y a punto de caer. Después de todo, de todas las direcciones yo recibo la prueba de todo lo contrario, y me parece bastante real.

Yo ni siquiera puedo cerrar mis ojos a lo que está sucediendo y mentirme. ¡Veo que simplemente debo llegar a conocer al Creador! Y entonces, surge en mí una verdadera necesidad. ¡Yo no estoy dispuesto a verlo a Él como una fuerza maligna! Pero para que yo Lo experimente como la fuerza de bien, necesito Su ayuda.

(41542 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/26/2011, Shamati #1)

Pavimentando el camino hacia la Luz

La esclavitud egipcia comienza con el deseo de José de unirse con sus hermanos, pero en su lugar se despliega el odio entre ellos. Ese es el punto donde entran a Egipto y lo venden.

José (el hombre justo, la base del mundo) es llamado el suelo, Sefirá, que conecta todas las Sefirót que le preceden, o “los hijos de Jacob”. Él quería unificarlos a todos, pero no lo consintieron; cada uno de ellos deseaba estar solo. Y José dice: “Tienen que unificarse en mí” ya que Sefirá Iesód enlaza dentro de sí todas las otras Sefirót; no tiene nada propio.

Sin embargo, todas las otras propiedades en el hombre se opusieron, y por eso comenzaron a experimentar el exilio egipcio. En otras palabras, todo nuestro trabajo pertenece sólo a la unificación para la cual tienes a todo el grupo mundial así como al grupo local. Y cada uno de nosotros tiene oportunidades de avanzar tanto en los grupos físicos como los virtuales. Adicionalmente, todos han hecho ya una preparación para la unidad, pero no hemos sido capaces de tomar una decisión final aun.

Y puede ser que tengamos que tomar una decisión final cada instante que nada nos ayudará a menos que nos unamos, por encima del egoísmo personal de cada uno. Ahí, en el punto de nuestra unicidad, se encuentra la espiritualidad. Este minúsculo punto oscuro repentinamente se despliega y encontramos la entrada al mundo espiritual en el. Es un pasaje tan estrecho y apretado que hubiera sido difícil de creer que algo en realidad pudiera abrirse ahí.

Es similar a dar a Luz. Primero, la entrada está cerrada, el embrión permanece dentro del vientre considerado como “Mem Stuma” (la letra “Mem” es la propiedad de Bina, cerrada en todos lados). Y sólo más tarde, cuando el enorme deseo de nacer está presente, esta letra “Mem” se abre en dos puertas (las letras “Dalet”, de la palabra “puerta” o “Délet”) sobre dos bisagras (“Tzirím” o “bisagras”, la palabra que también significa contracciones de parto), y así  es como nace un bebé.

Pero un momento antes, un neonato no tiene oportunidad de saber, o sentir, que el estado en el que está puede abrirse. Por lo tanto, es necesario un entorno fuerte. Presionará constantemente a cada uno de nosotros y nos asegurará una garantía; el poder del apoyo, la fuerza de despertar que me traerá siempre de regreso a la intención por la unidad.

(41122 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 21/04/2011, Béit Shaar HaKavanót)