Una lucha por el alma del pueblo judío

Judíos ‘Nacionales’

«No puede haber mayor error que atribuirle a cada individuo una participación reconocible en las cualidades que constituyen el carácter nacional. Hay todas las clases de hombres, buenos, malos y, en su mayor parte indiferentes en cada país y en cada raza. No hay nada más equivocado que negarle a una persona, por motivos de raza u origen, su derecho a ser juzgada por sus méritos y conducta personales. En un pueblo de genio peculiar como los Judíos, los contrastes son más vividos, los extremos son más separados, las consecuencias resultantes son más decisivas.

«En el fatídico período actual hay tres líneas principales de concepción política entre los Judíos, dos de los cuales son de ayuda y esperanza en un grado muy elevado para la humanidad, y el tercero absolutamente destructivo.

«En primer lugar están los Judíos que, morando en cada país del mundo, se identifican a sí mismos con ese país, entran dentro de su vida nacional y, mientras se adhieren fielmente a su propia religión, se consideran ciudadanos en el pleno sentido del Estado que los ha recibido. Dicho Judío que vive en Inglaterra diría: «Yo soy un hombre Inglés practicante de la fe judía». Este es un concepto valioso y útil en el más alto grado. Nosotros, en Gran Bretaña, sabemos bien que durante la gran lucha, la influencia de los que podrían llamarse «Judíos Nacionales en muchos territorios, fue arrojada preponderantemente sobre el lado de los aliados, y que dentro de nuestro propio Ejército los soldados judíos han desempeñado un papel muy destacado, ascendiendo algunos al comando del ejército, ganando otros la Cruz Victoria por su valentía.

«Los Judíos Nacionales de Rusia, a pesar de los impedimentos bajo los cuales han sufrido, han logrado desempeñar una parte honorable y útil en la vida nacional, incluso de Rusia. Como banqueros e industriales, ellos han promovido enérgicamente el desarrollo de los recursos económicos de Rusia, y fueron pioneros en la creación de estas organizaciones notables, de las sociedades cooperativas Rusas. En política su apoyo ha sido dado, en su mayor parte, a los movimientos liberales y progresistas, y han estado entre los más acérrimos defensor de la amistad con Francia y Gran Bretaña.

Judíos Internacionales

«En oposición violenta a toda esta esfera del esfuerzo Judío, se levantan los esquemas de los Judíos Internacional. Aquellos que se adhieren a esta siniestra confederación, son en su mayoría hombres criados entre las poblaciones infelices de países donde los Judíos son perseguidos a causa de su raza. La mayoría, si no todos, han renunciado a la fe de sus antepasados, y se han divorciado en su mente de todas las esperanzas espirituales del mundo porvenir. Este movimiento entre los Judíos no es nuevo. Desde los días de Spartacus-Weishaupt hasta aquellos de Karl Marx, y descendiendo hasta Trotsky (Rusia), Bela Kun (Hungría), Rosa Luxemburgo (Alemania), y Emma Goldman (Estados Unidos), esta conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización y la reconstitución de la sociedad sobre la base del desarrollo detenido, de malevolencia envidiosa e igualdad imposible, ha estado creciendo constantemente. Jugó, como tan hábilmente ha demostrado la escritora moderna Webster,  un papel definitivamente reconocible en la tragedia de la Revolución Francesa. Ha sido la fuente principal de cada movimiento subversivo durante el siglo XIX, y ahora por fin esta banda de personalidades extraordinarias del submundo de las grandes ciudades de Europa y América, se ha apoderado del pueblo ruso tomándolo por los cabellos de sus cabezas y convirtiéndose prácticamente en maestros indiscutibles de ese enorme imperio.

Judíos Terroristas

«No hay necesidad de exagerar el papel jugado en la creación del Bolchevismo y en la real provocación de la revolución rusa por estos Judíos internacionales y ateos en su mayoría, este es sin duda muy grande, probablemente supera a todos los demás . Con la notable excepción de Lenin, la mayoría de los líderes principales son Judíos. Además, la principal inspiración y fuerza motriz, proviene de los líderes Judíos. Así Tchitcherin, un ruso puro, es eclipsado por su subordinado nominal Litvinoff, y la influencia de rusos como Bukharin o Lunacharski no puede ser comparada con el poder de Trotsky, o de Zinoviev, el dictador de la Ciudadela Roja (Petrogrado) o de Krassin o Radek, todos Judíos. En las instituciones soviéticas el predominio de los Judíos es aún más sorprendente. Y la parte prominente, si no de hecho la principal, del sistema de terrorismo aplicado por las Comisiones Extraordinarias de Lucha Contra-Revolucionaria, ha sido tomada por Judíos, y en algunos casos notables por Judías. La misma mala prominencia la obtuvieron los Judíos en el breve período de terror durante el cual Bela Kun gobernó en Hungría. El mismo fenómeno se ha presentado en Alemania (especialmente en Baviera), a tal grado que a esta locura se le ha permitido hacer presa en la postración temporal del pueblo alemán. Aunque en todos estos países hay muchos no Judíos, cada brizna es tan mala como el peor de los revolucionarios judíos, el papel desempeñado por éste en proporción al número de población, es asombroso.

«Protector de los Judíos»

«No hace falta decir que las pasiones más intensas de venganza han sido agitadas dentro de los pechos de la gente rusa. Dondequiera que la autoridad del general Denikin pudiera alcanzar, la protección era siempre concedida a la población Judía, y denodados esfuerzos eran hechos por sus oficiales para evitar represalias y castigar a los culpables de entre ellos. Tanto era el caso que la propaganda Petlurist contra el General Denikin lo denunció como el Protector de los Judíos. La señorita Healy, sobrina del señor Tim Healy, al relatar sus experiencias personales en Kieff, ha declarado que para conocimiento de ellos, en más de una ocasión los agentes que cometieron delitos contra los Judíos fueron reducidos a las filas y enviados al frente fuera de la ciudad. Pero las hordas de bandidos por quienes la vasta expansión del Imperio ruso está infestándose no dudan en satisfacer su sed de sangre y venganza a expensas de la inocente población Judía cuando se presenta la oportunidad. El bandido Makhno, las hordas de Petlura y de Gregorieff, fueron señalados por cada uno de sus éxitos en las masacres más brutales y encontrados en todas partes de la población medio estupefacta, medio enfurecida, como respuesta ansiosa al antisemitismo en sus formas peores y más sucias.

«El hecho de que en muchos casos los intereses Judíos y los lugares de culto Judíos son exceptuados por los bolcheviques de su hostilidad universal, ha tendido a asociar cada vez más a la raza judía en Rusia con las villanías, que ahora están siendo perpetradas. Esto es una injusticia para millones de personas indefensas, cuya mayoría son víctimas del régimen revolucionario. Esto se vuelve, por tanto, especialmente importante para fomentar y desarrollar cualquier movimiento judío fuertemente marcado que lleva directamente fuera de estas asociaciones fatales. Y es aquí que el Sionismo tiene un profundo significado para todo el mundo en la actualidad.

Un hogar para los Judíos

«El Sionismo ofrece la tercera esfera de las concepciones políticas de la raza Judía. En contraste violento con el comunismo internacional, éste presenta al Judío una idea nacional de carácter dominante. Éste le ha caído al Gobierno británico, como resultado de la conquista de Palestina, para tener la oportunidad y la responsabilidad de asegurarle a la raza Judía en todo el mundo un hogar y un centro de la vida nacional. La habilidad política y el sentido histórico del Sr. Balfour se aprestaron a aprovechar esta oportunidad. Las declaraciones que se han hecho ahora, han decidido irrevocablemente la política de Gran Bretaña. Las energías vehementes del Dr. Weissmann, líder, con fines prácticos, del proyecto sionista respaldado por muchos de los Judíos británicos más prominentes, y apoyas por la plena autoridad de Lord Allenby, están todas dirigidas a lograr el éxito de este movimiento inspirador.

«Por supuesto, la Palestina es demasiado pequeña para dar cabida a más de una fracción de la raza judía, ni la mayoría de los Judíos nacionales desea ir allí. Pero si, como bien puede suceder, fuera creado durante nuestra propia vida, a orillas del Jordán un Estado Judío bajo la protección de la Corona británica, que pudiera abarcar tres o cuatro millones de Judíos, un evento podría haber ocurrido en el historia del mundo que, desde todo punto de vista, podría ser beneficioso, y estaría especialmente en armonía con los verdaderos intereses del Imperio Británico.

«El Sionismo ya se ha convertido en un factor en las convulsiones políticas de Rusia, como una poderosa influencia que compite en los círculos bolcheviques con el sistema comunista internacional. Nada puede ser más significativo que la furia con que Trotsky ha atacado en general a los sionistas, y en particular al Dr. Weissmann. La cruel penetración de su mente no le deja ninguna duda de que su programa de un Estado comunista mundial bajo la dominación Judía, están directamente frustrados y obstaculizados por este nuevo ideal, que dirige las energías y las esperanzas de los Judíos de todos los territorios hacia un más simple, más verdadero, y mucho más alcanzable objetivo. La lucha que comienza entre los Sionistas y los Judíos bolcheviques es poco menos que una lucha por el alma del pueblo Judío.

El deber de los Judíos fieles

«Es particularmente importante en estas circunstancias que los Judíos nacionales en cada país, que son leales a la tierra de su adopción, deban presentarse en toda ocasión, ya que muchos de ellos en Inglaterra lo ha hecho, y desempeñan un papel preponderante en cada medida por combatir la conspiración bolchevique. De esta manera, ellos será capaces de reivindicar el honor del nombre de Judío y dejarle claro a todo el mundo que el movimiento bolchevique no es un movimiento Judío, sino que es repudiado con vehemencia por la gran masa de la raza Judía.

«Pero una resistencia negativa al bolchevismo en cualquier campo no es suficiente. Alternativas positivas y viables son necesarias en la esfera moral así como en la social y en la construcción con la mayor rapidez posible de un centro nacional Judío en Palestina, que pueda llegar a ser no sólo un refugio para los oprimidos de las tierras infelices de Europa Central, sino también un símbolo de la unidad del pueblo Judío y el templo de la gloria Judía, una tarea presentada sobre la cual reposan muchas bendiciones».

«Nadie ha sufrido más cruelmente que el Judío los males indecibles causados sobre los cuerpos y espíritus de los hombres por Hitler y su régimen infame. El Judío recibió la peor parte del primer asalto de los nazis sobre las ciudadelas de libertad y dignidad humana. Él ha portado y siguen soportando una carga que podría haber visto más allá de toda resistencia. A él no se le ha permitido romper su espíritu, nunca ha perdido la voluntad de resistir. Seguramente en el día de la victoria el sufrimiento de los Judíos y su parte en la lucha no serán olvidados». (Del programa de radio del 14 de noviembre de 1941)

«No hay duda de que este es probablemente el más grande y más horrible crimen cometido jamás en toda la historia del mundo, y ha sido hecho por medio de la maquinaria científica de los hombres civilizados nominalmente, en nombre de un gran Estado y de una de las razas dirigentes o Europa. Es evidente que todos los interesados en este crimen que caigan en nuestras manos, incluidas las personas que sólo obedecieron órdenes de llevar a cabo las carnicerías, deben ser condenados a muerte después de que su asociación con los asesinatos haya sido probada.

«Por tanto, no puedo sentir que este sea el tipo de caso ordinario que se somete al Poder Protector, como por ejemplo, la falta de alimentación o las condiciones sanitarias en el campo de algunos presos particulares. Por tanto, no debe haber, en mi opinión, negociaciones de ningún tipo sobre este asunto. Las declaraciones deben hacerse en público, de modo que todas las personas relacionadas con él sean perseguidas y condenadas a muerte». (Comentarios a la Secretaria de Relaciones Exteriores sobre las acciones de los criminales de guerra nazis, julio del 1944).

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