El grupo en Egipto

Solo los “hijos de Jacob” entran a Egipto, en otras palabras, las cualidades que en alguna forma ya están en contacto con el Creador. Pero con respecto al proceso general de corrección no es prácticamente nada, sólo el reconocimiento del mal.

No están preparados para recibir la Torá para la corrección de su propia inclinación al mal, ya que aún no han escapado del faraón. Necesitan la Luz que reforma para que les revele que son esclavos del faraón.

Egipto es el descubrimiento del deseo original de recibir placer, que aún no se manifiesta en los hijos de Israel. Por eso, el patriarca Abraham le preguntó al Creador: “¿Cómo sabré que mis descendientes heredarán esta tierra?” Y el Creador le aseguró que, en su esfuerzo por lograr la meta de la creación, revelarían un gran deseo de placer llamado “ayuda en contra”.

El individuo no puede trabajar sin placer. Nuestra materia, el deseo de recibir placer, no desaparece ni se extingue; solo cambiamos el contenido del deseo. Necesitamos trabajar para adquirir un deseo que corresponda exactamente a lo que el Creador quiere dar. Este deseo no aparece por sí mismo ni por medios naturales.

En otras palabras, es necesario conectarse con el Dador y sentir cómo Él disfruta con Su acto de darme. Y así siento y entiendo todas las formas que Él usa para relacionarse conmigo; Su placer radica en que yo reciba y sienta placer con lo que Él me da.

El Creador recibe placer cuando comprendo su intención hacia mí y cuando siento placer al saber que a Él le agrada darme y que estoy preparado para responderle con la misma actitud. Necesito atravesar muchas etapas de logro del Creador para empezar a darle placer.

“Los hijos de Israel en Egipto” son el grupo cabalista. Es imposible pedir por uno mismo, sólo por el grupo, ya que en él logramos corregir el deseo para que sea para otorgar al Creador. Como está escrito: “Del amor a los amigos, al amor al Creador”.

Pido por los demás, por el grupo, por la unidad, no por mí mismo. Resulta que la oración correcta y verdadera es la oración para el Creador, ya que lo hacemos todo sólo para darle placer.

Los golpes que nos sacan de Egipto: esto es lo que nos separa del grupo, de la decena. Otros problemas no son golpes, simplemente son inconvenientes que suceden. Cuando el individuo no trabaja para la unidad y corrección del grupo, recibe otros problemas.

Si no quieres unirte al grupo, indirectamente sentirás presión: problemas en el trabajo, en el hogar, con la policía, para que gradualmente, con todas estas formas indirectas, llegues a la corrección en el grupo. Ese trabajo es muy largo y poco eficaz.

Pero si desde el principio pensamos sólo fortalecer a la decena y construir un marco de conexión unido y fuerte, comenzamos a descubrir las plagas de Egipto y a salir rápido de Egipto, acelerando de forma importante el tiempo.

Lo principal es entender que Egipto y en general todo el trabajo sólo está en el grupo. Todo se revela dentro de él, fuera de él no existe nada.

Dentro de la decena tenemos un solo objetivo, una dirección por encima de nuestra naturaleza egoísta y de nuestras intenciones. En el centro de la decena, en el centro de nuestra unidad, queremos revelar al Creador en nuestra equivalencia de forma.

Tan pronto como logremos unirnos con intención de revelar al Creador, Él se revela, porque entramos en el mismo rango de frecuencia, Su misma cualidad. A esto se le llama embrión espiritual.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá, 9/mar/18, Escritos de Rabash

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