El trabajo del hombre

El trabajo del hombre es revelar su estado existente y construir un estado deseable por encima de él. El estado existente siempre es malo porque se revela el mal de nuestro egoísmo. Sin embargo, esto es realmente bueno porque el Creador nos revela nuestro verdadero estado y, por encima de él, necesitamos construir nuestro estado deseable. Mientras el Creador nos dirija, nos cuide, nos guíe y nos acerque a Él, debemos considerar nuestro estado como perfecto. Existe un estado en el que me siento mal y un estado deseado que trato de imaginar como perfecto.

Si no tomo en cuenta el sentimiento en mi deseo de recibir, entonces cambia completamente mi estado: me encuentro en el mundo del infinito, en el dominio del Creador, en la bondad absoluta pero, por supuesto, siento todo lo contrario en mi egoísmo. Por lo tanto, tengo que confiar en los sabios que el estado perfecto es el verdadero y yo existo en él, solo que no lo siento aún, como está escrito: “Tienen ojos y no ven”.

Veo todo a través del prisma de mi ego. Sin embargo, si me levanto sobre él, entonces revelo mi verdadero estado. A través de este ejercicio atraemos la Luz que reforma que nos influencia y nos eleva desde el estado existente al estado deseable. Nosotros, sin embargo, no dejamos de vernos en un mal estado. Sentimos que los dos estados se vuelven más distantes entre sí, como dos líneas: la izquierda es el estado existente y la derecha el estado deseado. El estado existente es el que vemos en nuestro mundo y percibimos en nuestro ego. Encima de él construimos un estado deseado, imaginando el mundo donde rige un solo Creador.1

Nuestro estado nunca cambiará porque existimos en reposo absoluto, en Maljut del mundo del infinito. Sólo la actitud hacia nuestros estados existentes y deseados determina la forma de nuestra realidad, nuestra relación con el Creador, nuestro lugar.

Por lo tanto, no debemos esperar a que el estado cambie por sí mismo. Tenemos que construir nuestra realidad nosotros mismos: debemos separar completamente nuestras sensaciones de nuestro estado existente e imaginarnos en el mundo completamente en el poder del Creador, bajo el gobierno de la fuerza única además de la cual nada más existe. Esta fuerza nos permite sentir un mal estado para poder elevarnos. Incluso si no entiendo o siento algo en la espiritualidad, me basta con conectarme con eso, en un solo punto. Porque sé que el Creador existe en el mundo y gobierna sobre todo, incluyéndome a mí.

Sin embargo, a diferencia de los demás, ¡me lo permite saber! Esto sólo es importante para mí: la actitud del Creador hacia mí. Este único punto es sobre lo que podría construirse el mundo entero.2

Me siento como un bebé en los brazos del Creador, bajo su total cuidado, y me regocijo en él como un bebé en los brazos de su madre. Los estados y los tiempos cambian: ya sea la línea izquierda o la derecha, los ascensos o los descensos, pero siempre tengo que permanecer en la línea media. El Creador no sólo me tira de un estado a otro. Voy sólo a los estados y les construyo la línea media.

Me elevo por encima de la línea derecha e izquierda, por encima de la creciente oscuridad y la siempre creciente luz y perfección, como en un cono, e incluyo estos dos estados dentro de mí.3

De la segunda parte de la Lección diaria de Cabalá, Lección del tema: “El trabajo entre el estado deseable y el estado existente” 23/may/18.

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