Cumbre

De mi página de Facebook Michael Laitman 13/jun/18

La Cumbre Trump-Kim generó una nueva sensación de esperanza acerca de preguntas sobre el futuro: ¿seremos testigos de una nueva y pacífica Corea del Norte?; ¿la habilidad de Trump para negociar tendrá un papel decisivo en la promoción de la paz mundial? Y específicamente entre los analistas de Israel se preguntan si Trump podrá llegar a un acuerdo para resolver el conflicto israelí-palestino.

En primer lugar, cuando ocurren cambios importantes en la política internacional, no se debe a personas ni a personalidades específicas. Es la acumulación de varias situaciones que conducen a cambios urgentes. Es la forma en la que funciona la naturaleza.

Como dice el cabalista Yehuda Ashlag, “lo que dura cada fase política es justo el tiempo necesario para revelar sus defectos y maldad”. Cuando se descubren sus fallas, viene una nueva fase libre de las fallas anteriores. Por lo tanto, las deficiencias de una situación y su destrucción, son las mismas fuerzas de la evolución humana que elevan a la humanidad a un estado más corregido”, (La Nación).

Esta nueva relación mejorada entre Estados Unidos y Corea del Norte es un paso positivo y da el mensaje a otros países de que es importante aliviar la tensión nuclear. Sin embargo, no considero que el mundo cambie dramáticamente. Si bien Corea del Norte ha hecho mucho ruido, es un régimen autoritario aislado y su influencia global es muy limitada.

Con respecto a las implicaciones para Israel, creo que veremos algunos cambios graduales. A medida que avance la relación Trump-Kim, también podemos esperar que Corea del Norte detenga el suministro de armas a países como Irán y Siria.

Entonces, ¿podrá Trump extender sus habilidades de negociación al conflicto israelí-palestino y dar inicio a un cambio dramático en la región? Lamentablemente, no veo que suceda. Y una vez más, la razón tiene que ver con la naturaleza misma.

Hace 3,800 años en la antigua Babilonia hubo un “acuerdo” especial en la cuna de la civilización humana. Representantes de diversos grupos, tribus y clanes decidieron unirse y coexistir bajo el principio de unidad por encima de sus diferencias.

Así, la naturaleza sembró la semilla de unidad para la raza humana. En otras palabras, la naturaleza hizo un trato con ellos: los convirtió en un mini-modelo de unidad global, que en última instancia, debe ser ejemplo para el mundo.

Ese grupo de representantes se convirtió en lo que ahora llamamos “el pueblo de Israel”. El acuerdo es que sean un núcleo central dentro de la vasta red de la humanidad y que su influencia de unidad se extienda a todas las naciones, incluyendo a los vecinos de Israel, cuyas acciones dependen principalmente de esa influencia.

Por lo tanto, resolver el conflicto israelí-palestino es un trato totalmente diferente. La única forma de pasar de la hostilidad actual a un estado de amistad y coexistencia es que Israel genera la fuerza sanadora de la unidad, primero internamente y luego en el mundo.

Y como en todos los procesos naturales, la acumulación de circunstancias, eventualmente, nos llevará a la urgencia del cambio.

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