Gobierno genuino e imaginario

Vemos la realidad desde dentro de nosotros mismos, estando dentro el Creador, la fuerza superior, aparte de la cual no hay nada más. Existimos en tal realidad, envueltos en el caparazón de nuestro egoísmo, a través del que vemos algunas otras formas e imágenes en lugar del Creador —una realidad imaginaria, un mundo ilusorio que se extingue.

Debemos tratar de neutralizar esta pantalla que obscurece, que nos confunde al representar lo que vemos como un mundo grande, dentro del cual hay movimientos, acciones, vida inanimada, vegetal, animal, personas.

Si la percepción real se nos revela, entonces veremos el gobierno verdadero—una fuerza actuando en todo el universo, el bien que hace el bien. De otro modo, encontramos un gobierno falso, externo, diseñado para confundirnos. Al final, cuando nos esforzamos intentando revelar el gobierno verdadero, vemos distintas posibilidades para evitar este engaño y vemos la verdad detrás de ello, para traspasar las barreras que se interponen en el camino y darnos cuenta que todo esto es hecho por el Creador, por una única fuerza y nada más.

La fuerza superior no sólo trabaja a nuestro alrededor creando distintas imágenes, obstáculos entre ella y nosotros, todo un mundo de ocultamiento. También existe dentro de nosotros, moldeando nuestros pensamientos, deseos, e incluso el hecho de que esté hablando ahora mismo de eso, sin darme cuenta que todo es orquestado por el Creador. Necesitamos imaginar, descubrir y empezar a vivir en esta sensación, hasta identificarnos completamente con Él. Todos los disturbios deben ser percibidos como ayuda para nosotros, para ver al Creador actuando en la realidad: tanto adentro, como afuera de mí mismo. “Cada uno ayudará a su amigo” es ubicarse en la fuerza superior, intentar descubrirla a cada segundo y darse cuenta que todos nuestros pensamientos, deseos y sensaciones no llegan de ninguna otra fuente más que del Creador.

El principio de esta revelación se llama “embrión espiritual”. El individuo se anula a sí mismo, descubriendo que todo proviene de una única fuente en la que él existe, como en el útero de una madre. No hay nada más.

En cuanto alcanzamos este estado, inmediatamente aparecen los disturbios. Al sobreponernos a ellos y relacionando todo sólo al Creador, empezamos a avanzar a través de los “nueve meses de gestación”. Así es como continuamos hasta la corrección final. A lo largo de 6000 años, el deseo no corregido se ha venido despertando dentro de nosotros. Al corregirlo, revelamos al Creador. Eventualmente, llegamos al final de la corrección, determinando en todos nuestros sentidos que “No hay nada más aparte de Él”.1

De la primera parte de la lección diaria de Cabalá, sobre el tema “Percepción de la realidad, una única fuerza” (Preparación para el Congreso), 5/oct/18
1 Minuto 5:45

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