The Times of Israel:“¿Por qué el mundo no se cansa de odiar a los judíos?”

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo “¿Por qué el mundo no se cansa de odiar a los judíos?

Como cada mañana, Leopold Schwartz (62 años), caminaba hacia su sinagoga en Brooklyn. A las 7:30 am, según la evidencia de las cámaras de seguridad en la intersección del vecindario, un conductor salió de su automóvil y brutalmente atacó a Schwartz, quien tomado por sorpresa, no pudo hacer mucho por defenderse.  

“Intenté protegerme, traté de alejarme corriendo” dijo Schwartz. “Grité: ‘¿qué quieres de mí?!’” y cuando cayó Schwartz, el agresor continuó golpeándole con todas sus fuerzas, hasta que un hombre que pasaba por el lugar, se acercó e intentó ayudar a Schwartz. Enseguida, él también fue atacado y herido.

Este evento indignante ya no es el único caso de violencia en los últimos días. En un vídeo impactante, otro judío ortodoxo parece correr para salvar su vida en las calles de Nueva York, perseguido por un atacante que lo golpea enérgicamente con un palo. En Londres, una anciana judía que protestaba contra el antisemitismo fue pateada en la cara. Y éstos, son sólo algunos de los casos reportados.

Seguramente, estos actos de violencia son una extensión directa de una constante propaganda antisemita. No hay día que pase sin una difamación u odio expresado hacia el pueblo judío, de una forma u otra. Por ejemplo, panfletos antisemitas fueron publicados recientemente en cuatro universidades de los Estados Unidos de manera simultánea.

Una mirada a la historia judía revela que un dedo acusador siempre estuvo apuntando hacia el pueblo. Como si hubiera un consenso tácito, trascendiendo tiempo y cultura, que “los judíos son culpables hasta que prueben lo contrario”.

En múltiples ocasiones, el pueblo judío ha enfrentado peligro de total aniquilación, empezando por la masacre colectiva de judíos durante los grandes enfrentamientos contra los romanos y los griegos, a través de los pogromos y persecuciones llevadas a cabo bajo la guía de la iglesia, los libelos de sangre durante la Edad Media y la Era Moderna; y por supuesto, el Holocausto en la Alemania nazi. Ninguna otra nación fue amenazada de ser borrada de la realidad tantas veces.

Lo que estamos presenciando ahora es sencillamente otra expresión del patrón recurrente del odio natural inherente que siempre ha perseguido a los judíos. En cada etapa de la historia, el odio hacia los judíos toma una forma diferente y tiene una justificación distinta, ya sea económica, religiosa, política o lo que sea. Cualquiera puede encontrar la razón que les funcione.

La auténtica sabiduría de la Cabalá tiene una explicación poco ortodoxa de este fenómeno. En primer lugar, la Cabalá ve a toda la humanidad como un solo organismo o una sola red. Dentro de esa red, el pueblo judío está diseñado como un mini modelo que refleja a toda la humanidad y actúa como un “núcleo central”, responsable de la conexión a través de la red.

El Libro del Zóhar compara la conexión entre el pueblo judío y el mundo con la de los órganos dentro del cuerpo humano: “Israel es como un corazón entre los órganos y como los órganos del cuerpo no podrían existir en el mundo ni un momento sin el corazón, así las naciones no pueden existir en el mundo sin Israel”, (Pinjás, 152).

De ahí la demanda instintiva, profundamente arraigada hacia los judíos, que se puede manifestar fácilmente como odio en nuestro mundo. Con cada acusación, persecución, rechazo o amenaza, el mundo pide al pueblo de Israel que cumpla con su deber natural y facilite un nuevo nivel de conexión en toda la humanidad.

Inconscientemente, el mundo siente que los judíos tienen cierta responsabilidad de todos los problemas del mundo y tienen la llave para su mejor futuro. De este modo, la presión mundial sobre los judíos está inyectada en la evolución de la sociedad humana. Como está escrito, “no hay calamidad que llegue al mundo, sino por Israel” (Tratado Yevamot, 63).

Tarde o temprano, el pueblo de Israel tendrá que aceptar su responsabilidad ante la humanidad y dar entrada al siguiente nivel del desarrollo humano. Los judíos de todos los ámbitos de la vida tienen que dar ejemplo de unidad y conexión por encima de todas las diferencias, por el bien de todo el mundo. Hasta que hagamos eso, el mundo no se cansará de odiar a los judíos.

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