Ascensor espiritual: la decena

Nuestro ascenso espiritual depende totalmente del grupo. Por lo tanto, la guerra siempre es cómo conectarnos, unirnos y alcanzar el estado en el que la Luz superior se revela dentro de la conexión, nos une y nos eleva de nuestro nivel a uno superior. Sin embargo, si no hacemos suficientes esfuerzos para que la Luz superior nos eleve, entonces actúa desde atrás y nos trae dificultades, molestias, problemas y guerras. La Luz nos incita a despertar y a desear su ayuda para pasar de nuestro grado al siguiente, ya sea de buen modo o de manera no tan agradable.

El grupo cabalista, la decena, funciona como ascensor. Si se invierte cierta cantidad de esfuerzo, el elevador comienza a trabajar, atrayendo la Luz superior y elevándonos al siguiente piso. Esto se llama, ascenso espiritual.1

Si no asciendo en mis cualidades, en mi otorgamiento y logros, significa que no estoy integrado en la decena. Tengo que ver que la decena está dispuesta a absorberme y elevarme. Si no lo veo, es porque «juzgo de acuerdo con mis propias faltas»; de lo contrario, la vería en estado ideal. Es decir, todo depende de mí.

Si el Creador me trajo al grupo y me dijo: «Tómalo, esta es tu buena fortuna», debería anularme por completo y así podré ascender. Tan pronto como el trabajo en esta etapa termina, el siguiente nivel aparece ante mí. Debo volver a anularme ante la decena, que ya me parece diferente, más avanzada o quizás incluso peor que antes.

De nuevo empieza el mismo trabajo: justificación, conexión y anulación. Al hacer ciertos esfuerzos, vuelvo a encender el ascensor y me eleva un poco más. Es lo mismo cada vez: me anulo ante el grupo y lo veo ideal y perfecto, así asciendo más y más alto.2

Si me anulo ante el grupo, revelo que no son amigos, sino cualidades espirituales que me parecen personas con problemas y fallas. De hecho, son nueve ángeles enviados a ayudarme los que me elevan sobre sus alas.

Tan pronto como asciendo, reinicia el mismo trabajo: recibo una carga en el corazón y caigo; empiezo a ver a mis amigos aún peor que antes, no como ángeles. Me parece que no quieren y no pueden unirse. No entiendo en absoluto qué hago estando con ellos y me parece mejor buscar la espiritualidad solo.

Pierdo todo mi interés en la espiritualidad hasta que el tiempo hace su trabajo y comienzo a trabajar en mí mismo, me doy cuenta de que todo depende de mí. No hay otra realidad más que yo, la decena y el Creador. Lo demás es imaginación distorsionada de mi ego.

Trato de ver que todo lo que me rodea es otorgamiento, es el mundo espiritual y que la presencia de la Shejiná (Divinidad) se manifiesta en todo el mundo. Trato de conectarme con el grupo y pido ayuda, hasta que mis esfuerzos son totales y mi decena se convierte en un elevador espiritual que me eleva al siguiente grado. Así voy de un nivel a otro, «de nube en nube».3

No esperes que esto suceda en un momento determinado, como en la historia de Cenicienta ni que el grupo por sí solo se convierta de calabaza en carruaje. Depende sólo de nuestro trabajo.4

Aunque nos parece que corremos en el mismo lugar, de hecho, estamos avanzando. El cálculo no es en kilómetros, sino en esfuerzos aplicados.5

Lo que vemos en el grupo es el siguiente mundo que existe dentro de este mundo. Un grupo es una habitación tal que al entrar te encuentras en el siguiente mundo, como después de la muerte. Si no quieres entrar, todo lo que te queda es esperar la muerte real. Pero, ahora mismo tienes oportunidad de recibir la vida eterna y feliz. Sólo necesitas cambiar ligeramente tus ideas sobre los conceptos egoístas y temporales de bondad y eternidad en nuestro mundo, a los verdaderamente eternos y perfectos.

Cambia un poco tu mente y tu corazón y comienza a vivir de acuerdo con las leyes eternas y perfectas. De lo contrario, seguirás siendo mariposa que vive sólo un día y muere.6

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 12/may/18, lección sobre: “Janucá

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