Una balsa en un mar tormentoso: la decena

La decena es la balsa que te salva en el mar tempestuoso. Primero, necesitas aferrarte y no soltarla. Cuando ya estás aferrado e incluso sentado en la madera, recorres todos los ascensos y descensos, baja la cabeza ante cada oleada, como lo hizo Rabí Akiva para escapar del barco que se hundía.

No importa el tipo de ondas: en sensación o en comprensión, grandes o pequeñas; las acepto para fortalecer mi conexión con la balsa. Pues dependo totalmente de ella; Si la dejo ir, pereceré.

Aferrarte a la balsa es asir el centro de la decena y no dejarlo ir, estar conectado con los amigos e intentar ver el propósito de la creación en una conexión más fuerte y más interna con ellos. El Creador está ahí y el secreto de mi vida está ahí.

Pase lo que pase, no dejaré la conexión con los amigos. Todas las imágenes que pasan ante mí no pueden desconectarme de: Israel, la Torá y el Creador son uno. Estoy conectado al Creador a través de la decena y todo lo que sucede está destinado a fortalecer esa conexión: Yo, el grupo, el Creador.

Tenemos que tratar de igual forma los ascensos y los descensos y aferrarnos al centro del grupo a pesar de todos los estados que pasan por nosotros.1

¡No necesitamos dejar la clase! Salimos físicamente del lugar de estudio, pero de hecho, no lo hacemos. El Creador organiza nuestra vida de tal modo que tenemos diferente tiempo y todo tipo de estados. Todo se nos da con el propósito de corrección. Pero sólo le damos tres horas a la corrección, cuando estamos en clase. Eso no es correcto ¿qué pasa con las otras horas? 2

Fortalecer la fe significa fortalecernos en la fuerza de otorgar. Antes tenía cierta fuerza de otorgamiento, con la que me conecté al grupo en cierta medida. Ahora, cuando hay un disturbio, el deseo de recibir crece y me alejo del grupo, no pienso en los amigos, no los noto. No hay espacio en mi corazón ni en mi mente para ellos.

Es cuando necesito trabajar para verlos en mi corazón y en mi mente en el nuevo grado por encima de mi nuevo ego. Empiezo a trabajar dentro del grupo, estudio y realizo todo tipo de labores en la oscuridad, con ayuda de los amigos, como está escrito: “Ayudó cada uno a su amigo”, hasta que de nuevo atraigo la Luz que reforma y me da una fuerza nueva de fe. Me separo de la fe vieja; ya se agotó.

La fuerza que me permite trabajar en el grupo en condición de ocultamiento se llama “pacto de sal” (Brit Melaj), garantía mutua. Cuando caigo y lo pierdo todo, el grupo me da fuerza. Cuando me levanto, le doy fuerza al que cayó: lo despierto, lo apoyo, lo aliento, le doy ejemplo, lo provoco y hago que me envidie. Constantemente debemos actuar junto con el grupo como si estuviéramos conectados, ardiendo y listos para revelar al Creador en cualquier momento.3

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá, 9/ene/19, La forma correcta de estudiar la sabiduría de la Cabalá
1 minuto 30:40
2 minutos 32:37
3 minutos 1:00:20

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