Cabalá práctica: Atribuir todo al Creador

La ciencia de la Cabalá tiene el propósito de enseñarnos cómo alcanzar la revelación del Creador, no sólo para revelarlo a Él en la mente, sino para fundirse con Él, de modo que “Todos mis huesos dirán”, lo cual significa revelar la fuerza superior en toda la percepción propia: en las sensaciones y en la mente, en cada célula sensorial e intelectual.

El estudio de la Cabalá sucede en tres etapas. En la primera, estudiamos de qué trata la ciencia de la Cabalá: sobre este mundo, sobre la naturaleza humana (el egoísmo), sobre cómo el egoísmo arregla toda nuestra vida en este mundo -histórica y geográficamente.  

Luego estudiamos el mundo superior, comenzando desde arriba -a partir del primer punto en que todas las creaciones se originan. Esta es una realidad espiritual separada de nosotros. Existe un deseo de disfrutar y la fuerza opuesta: la restricción, la pantalla y la Luz superior, el Creador, el deseo de otorgar. Estas dos fuerzas pueden acercarse e interactuar entre sí, alcanzando la conexión y la adhesión a distintos niveles, llamados la escalera espiritual. Los peldaños espirituales muestran cómo la fuerza de superación permite al deseo de disfrutar, parecerse a la fuerza de otorgamiento del Creador.

Al principio, estos dos mundos parecen estar completamente sin relación uno con el otro. Existe este mundo, gobernado por el egoísmo primitivo, que controla todas las partes de la creación: la naturaleza inanimada, las plantas, los animales, las personas. Existe también el mundo espiritual, en donde opera el deseo de disfrutar, ayudado por la Luz superior y la fuerza de superación.

Sin embargo, en la tercera etapa, entregado al trabajo del Creador, el individuo estudia cómo a partir de este mundo puede gradualmente elevarse hacia la realidad superior y asemejarse al Creador. Ésto ya es acerca de Él.

Mientras permanece en el nivel de este mundo, sólo enfocado hacia la similitud con el Creador, organizado en un grupo, una decena, sin que aún sepa de lo que trata el trabajo espiritual; ésto se conoce como el tiempo de la preparación. Enseguida, viene el período de ingresar a la espiritualidad —el trabajo de la práctica espiritual. En esta fase, empezamos a trabajar, no en cómo organizar el trabajo dentro del deseo de disfrutar, sino en cómo sobreponernos a éste, es decir, elevarnos por encima de él, hacia el deseo por otorgar, la fuerza de Biná.

Para ésto, ejercitamos la fe por encima de la razón, relacionando todos nuestros estados a la fuerza superior, al Creador. Así es como intentamos separarnos de nosotros mismos, separarnos de la fase del deseo de disfrutar, de la sensación y la comprensión dentro del egoísmo y elevarnos a nosotros mismos hacia el siguiente nivel, a la fe, al deseo por otorgar.

En nuestros intentos de saltar, de nuestro deseo de disfrutar, al deseo de otorgar, somos como pájaros pequeños aprendiendo a volar: saltando, intentando volar, pero errando. Al final, tienen éxito y empiezan a flotar en el aire. Y así nosotros, intentamos saltar por encima de nosotros mismos. El ejercicio es simple: todo lo que entiendo y siento, en mi mente y en mis sensaciones, debo relacionarlo al Creador, como que viene de Él. Así es como cambio la fuerza del Faraón, por el poder del Creador.1

Sin recolectar el público externo alrededor nuestro y adherirlo a nosotros, seremos incapaces de ascender. Debemos estar conectados con todos, como está escrito: “Yo moro entre mi pueblo”. Es a través del AJaP, de los círculos externos, que el Creador se revela, si no los desatendemos por orgullo y egoísmo y  los cuidamos. Al final, cuidar de las personas es equivalente a cuidar del Creador. El Creador mora dentro de la gente y si tratamos a las personas como la casa del Creador, podremos alcanzar el mundo superior, la fe por encima de la razón y todos los niveles espirituales.2

De la primera parte de la lección diaria de Cabalá 11/feb/19, sobre el tema “Aumentar la grandeza del Creador ante nuestros ojos” (Preparación para el congreso mundial 2019) 

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