Como misil que escapa de la gravedad de la Tierra

En la sabiduría de la Cabalá, estudiamos la acción de la Luz superior sobre nuestro deseo de recibir, a medida en que estemos dispuestos a cambiar. No hay coerción en espiritualidad. El hombre debe someterse a los cambios con total comprensión, sentimiento, compromiso y subyugación, de acuerdo con su propio deseo. Sus cambios internos no pueden ser automáticos ni sin su participación, impresión y reacción. Debe esforzarse. Pues los cambios serios son graduales y requieren mucha preparación.

En esencia, aprendemos a ayudar a la Luz superior a ejecutar el programa de la creación en nosotros, a cumplir la parte del proceso que depende de nosotros. Este es el propósito del estudio y de nuestra existencia.1

¿Cómo es posible que el deseo egoísta se subyugue ante el Creador e incluso disfrute anulándose a sí mismo? La Luz superior influye en el deseo de recibir y lo cambia para que empiece a sentir placer al subyugarse ante la Luz. Todos los cambios en el deseo son posibles sólo por la Luz que regresa de la fuente.

El deseo aún quiere disfrutar, pero el tipo de placer cambia. Antes, disfrutaba al recibir, ahora, disfruta al no recibir. El placer anterior era una satisfacción simple y natural. Ahora, el placer es diferente, viene del sentimiento de rendición ante el Creador.

El deseo aún no siente al Creador, pero ya siente que se subyuga ante Él, ante algún tipo de calidad superior. La acción misma de subyugarse es un estado que le da satisfacción, placer, calma y alegría. Es la influencia de la Luz superior sobre el deseo. Esto sucede incluso antes de entrar en el mundo espiritual (antes del Majsom), antes de adquirir la cualidad de otorgamiento.

Antes de esta subyugación, generalmente se experimentan estados opuestos: rabia, irritación y enojo. Se siente enojo por estar obligado a rendirse. El ego trata de escapar por todos los medios. Este es un período completo al final del cual, de repente, viene la calma y se siente lo maravilloso que es rendirse.

Se experimentan estos dos estados opuestos, de manera muy fuerte y emocional: una gran ira y de pronto, la calma total. Se entiende que la subyugación es lo mejor. Esta es la primera corrección y nos acompaña a lo largo del camino.

Si podemos soportar ese largo período de frustración, irritación, dolor, envidia y ambición punzante que nos quema por dentro y agita el alma, entonces, en algún instante, de pronto, se siente aire fresco.

Es como un misil que, con enorme esfuerzo, supera la fuerza de la gravedad de la Tierra y sale al espacio exterior, donde todo está en silencio, tranquilo y sin ningún peso.2

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 7/mar/19, Escritos de Baal HaSulam, Introducción al estudio de las diez Sefirot, artículo 74

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