Hasta que todos los amigos estén en mi corazón

La transición es un período corto y difícil porque te exige dejar el lugar anterior, aquellas condiciones especiales en las que te encuentras, tus propiedades y moverte  hacia nuevas cualidades. Es decir, estamos obligados a dejar las condiciones previas, familiares y entendidas, bajo las cuales – en cierta forma – , ya hemos contactado con cada uno de los demás y creado un Kli común. De pronto, nos encontramos en algún estado intermedio, incomprensible, desconocido, inestable y confuso, que contiene algunas condiciones nuevas y cambiantes, hasta que alcanzamos una nueva etapa.  

Este nuevo estado, también es incomprensible, no familiar y toma tiempo estabilizarse. Existen personas que se adaptan fácilmente a tales cambios, mientras que otras tienen gran dificultad. Pero en cualquier caso, el período de transición no es fácil para nadie. Nuestro nivel básico es el animal. Al animal no le gustan los cambios. Existe según su naturaleza. Sin embargo, ahora el nivel humano está cambiando en nosotros y tales cambios nos hacen pasar constantemente por nuevas sensaciones, confusión y contradicciones sin solución.  

Ante todo, es necesario entender que el período de transición pertenece al nivel del humano y sin estos cambios, es imposible volverse humano. Aunque no es fácil, los cabalistas deben pasar por ellos. Durante la transición, el individuo pierde el control y no entiende cómo y qué exactamente controlar, porque los parámetros internos cambian y la percepción cambia en consecuencia.

Y aparte, el individuo no tiene comprensión de dónde es el cambio o qué está bien o mal. Existen condiciones que son difíciles de superar. La única solución en esta situación está en enfocarse más en la acción, que en los pensamientos: conectar más fuertemente con el grupo, los amigos. Entonces, te encontrarás en un nuevo estado. No hay duda que el próximo estado nos exige tener una mayor conexión con el grupo.  

En el mundo material, los períodos de transición duran miles de millones de años, pero en el nivel espiritual, toma unos cuantos años, acomodar un montón de grandes cambios. Estamos yendo de un mundo a otro, e incluso no una vez, sino varias. Esperamos hacer esta transición con comprensión y que nos apoyemos uno a otro, porque esta es una transición a un nivel espiritual.1

Todo el mundo debería percibirse como el propio Kli espiritual de una persona. Hay amigos en este mundo, que piensan de la misma forma que yo y luchan por el mismo objetivo. Esto es lo que me sostiene, mis cualidades que están en solidaridad conmigo. Pero, existen aquellos quienes aún no han sido corregidos y necesito intentar acercarme a ellos para corregirlos e incluirlos en mí. Yo soy la parte más flexible de la que puedo disponer y por lo tanto, puedo descender a los demás, absorber, abrazar, atraer y dar la forma correcta para nuestra conexión.  

Todo el mundo debería ser considerado como mi alma, a la que me adhiero gradualmente, de círculo en círculo: desde el primer círculo, mi “yo”, luego mis amigos, toda la comunidad de Bnei Baruj y después todo el mundo.

El período de transición es el momento de aprender sobre la propia alma, el Kli. Todo el mundo es mi alma y requiero empezar gradualmente a adherirme a ella, a cuidarla y a incluirme en ella. No es sólo el mundo externo con muchas naciones distintas, la naturaleza inanimada, plantas y otras galaxias. Dicha imagen sólo está en mi imaginación. De hecho, toda la realidad está dentro de mí y yo incluyo todo el mundo.

Cada persona debe decir: “El mundo entero fue creado para mí” y así, constantemente debo cuidar la corrección del mundo y satisfacer sus necesidades. En esencia, no veo las faltas en los demás, sino en mí y pido por mi corrección, hasta que toda esta realidad se incluya  dentro de mí y la vea como las diez Sefirot de mi Kli espiritual.2

Al cambiar mis propiedades, veo cómo cambia el mundo. El mundo es una proyección de mis propiedades. Sólo me parece que existe afuera de mí, pero de hecho, está sólo dentro de mí, como si hubiera dentro de mí un proyector que proyecta externamente mis propiedades, en la forma de una imagen del mundo. Por lo tanto, al cambiar mis propiedades, puedo cambiar el mundo, al proyectar una película que veo frente a mí.3

Se me ha dado el grupo para que pueda formar mi mundo interno dentro de él, como si fuera mi realidad externa y empiece a manejar ambos mundos. Observando la realidad externa, me cambio desde adentro y cuando miro mi realidad interna, sé lo que necesita cambiar a partir del entorno.  

Se me ha dado el mundo exterior, para que pueda ver mis propiedades internas con una mayor resolución, con más detalles. Debemos estar agradecidos por la oportunidad de ver por nosotros mismos el mundo exterior, porque nos da un conocimiento muy preciso, amplio, profundo y abundante. Si buscáramos dentro de nosotros estas propiedades, no veríamos nada.   

Cambiamos las propiedades dentro de nosotros mismos y verdaderamente no entendemos cómo afecta todo. Sólo mediante los cambios en el mundo externo, uno puede juzgar la esencia de sus cambios internos. Al corregir las relaciones con los amigos, corrijo mis cualidades internas. Esto sucede hasta que todos los amigos están en mi corazón y se vuelven las diez Sefirot que se me dieron en cada momento, para sintonizarme con la percepción de una realidad espiritual elevada.4

De la primera parte de la lección diaria de la Cabalá 17/feb/19, “Bnei Baruj como un estado de transición”

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