La vida real comienza sólo en la decena.

Como resultado del descenso de los mundos, nuestro deseo de disfrutar se está alejando cada vez más del Creador, pasando por restricciones, filtros, divisiones y varios ocultamientos a lo largo de este camino. Habiendo alcanzado este mundo, el deseo de disfrutar se encuentra detrás de los cinco mundos (Olamot): ocultamientos (Alamot), es decir, en las peores condiciones.
Este mundo, que se menciona en los libros cabalísticos, es el más bajo de todos los estados espirituales posibles, y nuestro mundo corporal es aún más bajo.

El deseo de disfrutar desciende el camino de todos los mundos y alcanza un estado en el que se materializa, se convierte en materia; éste pierde toda conexión con los mundos superiores. Por lo tanto, no importa en qué materia, o cuerpo animal exista una persona que quiera alcanzar el mundo espiritual. Se le puede amputar el brazo o la pierna o se le puede trasplantar un órgano de otra persona que esté absolutamente alejado de la espiritualidad, pero esto no tendría ningún efecto en su logro espiritual.

Uno podría preguntarse cómo puede perder su mano derecha si, según las leyes espirituales, se relaciona con el otorgamiento y siempre tiene que comenzar desde el lado derecho. Sin embargo, nuestro cuerpo es un animal simple, absolutamente no relacionado con el logro espiritual. Por supuesto, tiene su propia función importante porque se nos otorga para que podamos comenzar nuestro desarrollo espiritual expresando nuestro propio deseo de alcanzar al Creador.

El amor no puede ser forzado. De lo contrario, no se llamaría amor sino «cálculo». Por lo tanto, el Creador no podría crearnos con un deseo de amarlo. Es por eso que nos vimos obligados a descender a este mundo completamente separado del sistema espiritual y comenzar el camino de regreso desde este punto.
Existiendo en un cuerpo animal ahora en nuestro propio mundo, aislado de todos los mundos espirituales y del Creador, debemos comenzar a desarrollar nuestro propio deseo de amar al Creador como Él nos ama. Si una persona tiene un punto en el corazón que lo despierta, entonces puede sentir que alguien lo está llamando y comenzar su viaje de regreso al Creador.1

La decena es la base de la estructura del universo, como una célula del organismo que es la fuente de la vida. No entendemos que al entrar en la decena abrimos las puertas al mundo superior. Luego, vemos que nuestro estado actual es imaginario, que existe solo para proporcionarnos la oportunidad de ingresar a la espiritualidad por nuestra cuenta, por nuestra propia elección. Debemos querer desarrollarnos y ser iguales al Creador por nosotros mismos. Toda vida corporal anterior perderá su significado.

Todo lo producido por nuestras manos, pies y boca, en realidad no existe. Vivimos en un mundo imaginario. Nuestra vida real comienza sólo en la decena y más allá, y esto es lo que permanece con nosotros para siempre. Entonces, decidamos si lo queremos o no.2

De la primera parte de la lección diaria de Cabalá 17/mar/19, Baal HaSulam, “Prefacio a la Sabiduría de la Cabalá”, punto 1

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