Progreso a tu propio ritmo

Cada uno progresa a su propio ritmo y estilo y pasa a través de sus propias etapas específicas. No hay necesidad de preocuparse, uno no sabe por qué su alma está siendo corregida de esa manera, elevándose desde su estado opuesto. Mientras más elevada era el alma antes de la ruptura, peor es en el estado de ruptura y más alto se eleva tras la corrección, regresa a su lugar.

Esto es lo que se le da al hombre. El Creador lo creó con un alma de cierta altura y Él organiza sus condiciones apropiadas: pensamientos, sensaciones y un entorno. Todas las condiciones se originan a partir del rompimiento del alma. El Creador no considera a nadie de forma personal, observa el alma fragmentada general que necesita ser corregida. La fragmentación debe descender hasta el límite inferior para iniciar el ascenso.

Cada uno comienza a escalar, como en la parábola del rey que pidió a sus súbditos que transfirieran su tesoro a otro lugar y a cada uno le dio una moneda. Cada uno llevó su parte, con sus propiedades internas, condiciones de salud, entorno y obstáculos en el camino. Se enferman, van a prisión, ascienden o ganan millones en la lotería. Todos se sobreponen a sus propios obstáculos, todo está organizado por adelantado.1

No necesitamos preocuparnos por los estados que pasamos, no somos responsables de ellos. Sólo soy responsable de atraer la Luz en este momento. Todo lo que fue y será, fue y será organizado por el Creador. Todos mis pasos ya son conocidos. Sólo la calidad de los pasos es desconocida. Debo ir del punto A al punto B, pero puedo ir sobre un carruaje tirado por caballos, en tren, caminar o apenas arrastrarme.

La velocidad depende de mí, pero tengo que pasar por todos los estados que ya están predefinidos. Hay personas que anticipan eventos futuros ¿y qué? No les pido predicciones porque no quiero pensar en lo que me sucederá. Todo lo que me importa es hasta qué grado me adhiero al Creador en cada momento dado. Aparte de esto, nada importa: me elevo o caigo o soy arrojado en todas las direcciones; el Creador se encargará de mí.

Todos los obstáculos ya han sido construidos en mi camino, de acuerdo a mi alma y tengo que pasar por ellos; de otra manera, no corregiré mi alma y no me elevaré. Por lo tanto, no deben ser tomados como infortunios. Esos obstáculos serán revelados y por encima de cada obstáculo tendré que adherirme al Creador. El único obstáculo es la separación del Creador. En cada estado, me preocupo sólo por adherirme a Él más fuertemente, le atribuyo todos los estados y toda la salvación al Creador.

No son los estados en sí lo importante para mí, sino mi actitud hacia ellos: hasta qué punto justifico al Creador y estoy en solidaridad con Él. El Creador me asusta sólo para que me aferre a Él y lo justifique aún más.

Por lo tanto, no temo al futuro, no importa lo que pueda pasar. Temo sólo una cosa: si tendré el poder de unirme al Creador y adherirme a Él como el bebé que se aferra a su madre, como si quisiera ocultarse de nuevo en su vientre.

Tengo que reforzar mi fe, es decir, atribuir todo lo que está sucediendo en mi mundo al Creador. No hay otra fuente. Todo sucede sólo para que pueda conectarlo al Creador en mi corazón y mente. La inclinación malvada, el faraón, me quiere separar del Creador, de la única causa de todo lo que sucede.2

Si fuera obvio para mí que todo viene del Creador, la fe sería innecesaria porque habría conocimiento claro. Tengo que estar en contacto con el Creador que me maneja con cuerdas, como marioneta. Así me convierto en ángel, completamente controlado, como un caballo o cualquier otro animal. Por lo tanto, por una parte, quiero permanecer separado del Creador y al mismo tiempo, conectarme con Él con mi propio esfuerzo, por encima de la restricción, por encima del ocultamiento, como si no hubiera ocultamiento ni restricción. Es decir, “como si” yo me elevara por mí mismo, esto es llamado “Luz que reforma”.

Si el rey quiere supervisar hasta qué punto el esclavo es devoto de él, finge que su vida está en peligro. Así puede ver si el esclavo está dispuesto a sacrificar su vida para salvar al rey. Por lo tanto, antes que nada, necesitamos adquirir la Luz de la fe en la cual se alcanza adhesión con el Creador, la Luz de Jojma, la Luz de conocimiento.

El conocimiento no puede estar por encima de la fe, porque la fe no es lo que conocemos en este mundo. La fe por encima del conocimiento es la disposición a otorgar todo sin ninguna razón. Lo que se requiere de nosotros es devoción, ¿a cambio de qué? A cambio de nada. Primero, llegamos a la Luz de la fe, de la devoción y sólo entonces podemos conectarnos con el Creador.3

La adhesión con el Creador dura un momento, pero el hombre quiere adherirse a ese momento por siempre, como si nada más existiera. Le atribuye pasado, presente y futuro al Creador, viendo en Él, causa y efecto de todas sus acciones y logros. Y él mismo permanece sólo como un punto que afirma todo esto.

El Creador creó la inclinación malvada, y Él también creó la inclinación buena. La persona sólo debe decidir que “No hay nada más que el Creador”.4
De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 26/feb/19, Escritos de Baal HaSulam, Introducción al estudio de las Diez Sefirot, ítem 17
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