Regresar en reverencia

Arrepentimiento (Tshuvah) significa que puedo sentir, en cierto grado, al Creador y relacionar a Él mi existencia.  Él crea todos mis estados y me lleva de uno a otro, a mí y a toda la humanidad. Deseo estar constantemente conectado a Él, como mi Creador, el que crea cada momento de la vida. El Creador es el que crea cada momento de la realidad. 

El regreso sucede después de mi separación de la fuerza superior, la que creó toda la realidad: a mi y al mundo. No me daba cuenta del gobierno superior. Si no sentimos más allá de nuestra vida animal, existimos como en un sueño, en un mundo ilusorio. De pronto, emerge una fuerza que me saca de ese sueño y me lleva a otra comprensión, a la consciencia y a sentir la verdad; que Él es la causa raíz y es llamado Creador, lo controla todo: a mi y al mundo. Ese despertar es llamado arrepentimiento (Tshuvah).  

Lógicamente, esto también es causado por el Creador. Él juega conmigo, me lleva a través de distintos estados, me obliga a salir de la sensación del Creador y de Su mundo verdadero y me regresa de nuevo. Debido a estos ciclos de parar-seguir, entrar-salir, Él desarrolla mi sensibilidad hacia Él. 

Algunos regresos suceden por mi miedo o sensación de perder al Creador y de olvidar que Él gobierna al mundo, que todo tiene una razón y que todo tiene una respuesta. No dependo de mi vecino ni de mi vida ni de la policía ni de mi jefe, sólo del Creador que controla toda la realidad. 

La sensación de conectar todo lo que sucede con el Creador, es tan maravillosa, que no quiero dejarla. Tal vez me da consuelo en la vida corporal. Si todos los problemas llegan del Creador, no tengo de qué preocuparme, porque Su propósito e intención es buena y Él sabe lo que hace. Esto hace la vida mucho más fácil para el hombre y se conoce como “regresar en reverencia” 1

Si entiendo que voy contra los deseos del Creador y continúo haciéndolo, oculto al Creador. Al final, pareciera que quiero que el Creador desaparezca de mi horizonte y no interfiera conmigo. El Creador dice: “¡Eso no debe hacerse! No quiero que lo hagas” y Lo hago a un lado, sin querer verlo y hago lo que yo quiero. Así, un crimen intencional niega al Creador. 

Antes, sabía que el Creador se ocultaba de mí, pero entendía que Él existe. Cuando intencionalmente cometo un crimen contra Su deseo, tomando ventaja del hecho que no lo siento completamente, obligo al Creador a desaparecer. Luego, me “libero”, no creo en recompensa ni en castigo, me considero libre para hacer cualquier cosa.2

Si se quiere satisfacer el deseo del Creador, se considera un mandamiento, mientras que lo opuesto, ir contra Su voluntad, es un crimen. El Creador desea que corrijamos el alma común fragmentada, es decir, que recuperemos nuestra unidad, la que se extienda hasta los niveles más bajos de la creación. Es nuestro mandamiento principal.3

Tenemos que entender que existimos en un sistema de fuerzas. Si me influye la fuerza que me sostiene en cierto nivel, me comporto como persona justa. En cuanto esta fuerza desaparece, inevitablemente me vuelvo pecador, según el balance de las fuerzas. Por lo tanto, necesito que el Creador se convierta en mi garante, para no caer más en pecado. Dependo constantemente del equilibrio de las fuerzas internas y externas que me sostienen en cierta condición: el entorno, el Creador y yo.4

Paso por una serie de estados, a través de ocultamiento y revelación, hago esfuerzos y me parece que todo depende de mi. Sin embargo, cuando el Creador se revela, entiendo que Él jugó conmigo para que haga la cantidad necesaria de esfuerzo y alcance mayor comprensión y sensación de Él. El Creador no me exige pago ni me culpa de nada. Pero, sin esfuerzo, es imposible adquirir la impresión correcta de lo que son luz y oscuridad, pros y contras del Creador, dar y recibir o mi propia fuerza y la fuerza del Creador.

Debido a que el Creador juega conmigo, me lleva a través de ocultamiento y revelación, entiendo mis deseos. Así enseñamos a nuestros hijos. No queremos que lloren y gustosamente haríamos todo por ellos, pero sin esfuerzos, los hijos nunca crecerán ni se harán sabios. No ganarían paciencia ni comprensión. Por lo tanto, no podemos evitar que el niño realice ejercicios, aplique esfuerzos, trabaje y sude para que crezca y llegue a nuestro nivel. 

Es lo mismo aquí. Cuando regresamos al Creador y revelamos Su gobierno, entendemos que la vida fue un juego para hacernos crecer. Nos quejamos de que toda nuestra vida es sufrimiento continuo. Pero el niño pequeño, también llora y grita cuando algo no funciona, es la mayor tragedia para él. 

La vida acaba y no queda nada de nuestro gozo y tristeza. Lo único que perdura es nuestro esfuerzo en el camino espiritual, como el niño que ganó conocimiento. Esos esfuerzos no se pierden, porque los usamos para hacer correcciones en el sistema del alma común, Adam HaRishon.

De hecho, ninguno de nuestros esfuerzos en la vida corporal desaparecen. Su impacto está en un nivel tan bajo, en una escala tan insignificante, que es una pena gastar energía en ellos. Se dice que hasta un piojo minúsculo, que se esfuerza por sobrevivir y comer, contribuye a la suma común. Sin embargo, es imposible comparar la insignificancia de los esfuerzos corporales, con el deseo de adaptarse a la voluntad del Creador y establecer relaciones mutuas con Él. Es un nivel completamente distinto. 

Dedico mi vida a ser como el Creador, mirándole y preguntando si estoy haciendo lo correcto al desear que mis acciones sean precisamente como Sus deseos. Si realmente lo deseo, el Creador se empieza a revelar, para que yo pueda imitarlo y actuar conforme a Sus pensamientos, como el niño que aprende de su padre. Esto se conoce como ser sirviente del Creador, aprender de Él.5

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 4/mar/19, Escritos de Baal HaSulam, Introducción al estudio de las diez Sefirot, punto 57

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