Romper la cáscara entre nosotros

Subyugarme no significa someterme como un burro para que todos puedan montarme. Me subyugo en relación con el Creador y disfruto este estado que viene precisamente después de la erupción más fuerte del egoísmo.1

Llegamos a la conexión desde un estado desesperado, de sentirnos perdidos e impotentes, cuando lloramos y exigimos ayuda del Creador. De lo contrario, no podríamos sentir conexión en el lugar correcto: en el corazón, en el deseo.

La conexión es un sentimiento en mi corazón, de la vida que sucede en el corazón del amigo. Mi corazón sólo siente, pero vive la vida del amigo. Para esto, debo convencerme a mí mismo de que el Creador está en el corazón del amigo y si quiero llegar al Creador, debo acercarme al amigo.

La conexión es un sentimiento de dependencia mutua, cuando siento que dependo completamente de los demás: de su éxito, logros, salud, de todo. Por eso estamos apegados a nuestra familia, porque entendemos que dependemos de ella. Si los miembros de la familia están sanos, es bueno para mí; si tienen éxito, también me beneficia. Así es como nuestro deseo de recibir funciona en su forma más primitiva: placer/sufrimiento, desapego/conexión, dolor/ausencia de dolor.2

La medida completa (Seah), después de la cual se produce un cambio cualitativo en nosotros, se compone de la cantidad y calidad de los cambios que incluye la cantidad de acciones, la cantidad de años y el total de los esfuerzos invertidos. Esos son indicadores cuantitativos, pero de la cantidad viene una nueva calidad.

Todos nuestros esfuerzos están dirigidos sólo a suavizar nuestro corazón. La medida completa significa que la cáscara de nuestro corazón está rota. El corazón está cubierto por una cáscara y debe ser rota «para llegar a la respuesta». Incluso una sola grieta es suficiente para comenzar a sentir algún contacto con la espiritualidad y con nuestra ruptura. Antes de esto, la persona ni siquiera siente el rompimiento, su corazón está sordo.

Es imposible romper la cáscara de un solo golpe. Es similar a la forma en que el pollito sale del huevo: golpea y golpea la cáscara hasta que se rompe y permite que salga. Sin embargo, en nuestro caso es aún más difícil porque la cáscara no sólo no se rompe de un solo golpe, sino que también es imposible romperla uno mismo, ¡sólo junto con los amigos! Eso toma muchos golpes y hay que darlos juntos.

Así, ¿de quién es la cáscara que estoy rompiendo? ¿es mía o del amigo? La cáscara no es ni mía ni de él, está entre nosotros. Como está escrito, «Cada uno ayudó a su amigo». El amigo golpea de su lado y yo golpeo del mío, sólo juntos podremos romper esta capa entre nosotros.3
De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 7/mar/19, Baal HaSulam, , Introducción al estudio de las diez Sefirot, artículo 74
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