Sociedad de cuidado

De mi página de Facebook Michael Laitman 1/mar/19

Hace 30 años, cuando vivía en la ciudad de Bnei Brak, iba un día por la calle con mi esposa. En el camino vimos una niña pequeña que estaba parada sola e impotente en el semáforo. De pronto mi esposa me deja, toma la niña de la mano y cruzan la calle. Cuando regresó le pregunté sorprendido: “¿La conoces?”; ella respondió: “No la conozco, pero me gustaría que se tuviera esa actitud con mis hijas también”.

Este ejemplo quedó bien grabado en mi memoria. La comprensión más simple es que si comenzamos a tratarnos bien unos a otros, todos saldremos ganando. Entonces, ¿por qué esto no ocurre? El ego que tenemos cada uno de nosotros no nos permite dar un paso hacia el otro. Yo no soy capaz de sonreír a mi vecino, no soy capaz de actuar pacientemente en relación a la persona que conduce a mi lado en la carretera, no soy capaz de preocuparme del niño de otra persona como si fuera mi propio hijo.

A pesar del ego, podemos comenzar a crear un entorno con valores diferentes. Llegar a un acuerdo social de que nos conviene tratarnos bien unos a otros, porque sólo así podremos vivir y criar niños en un ambiente más placentero y más seguro. Entonces estaremos más tranquilos cuando nuestros hijos salgan a la calle o a divertirse, estaremos más serenos en las carreteras y dejaremos de sentir que vivimos en un campo de batalla.

Esto es posible y depende de nosotros mismos. Creémos una atmósfera más cálida y cercana entre nosotros. No somos animales. Somos seres humanos.

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