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Mis pensamientos en Twitter, 21/abr/19

Todo es por la criatura. El creciente ego, el faraón no deja trabajar por el Creador. Debes pedir a Él fuerza para dar. Entras en guerra contra el ego. En respuesta a tu esfuerzo ante el Creador recibes fuerza para otorgar, Alma. El Creador carga el corazón para desear el Alma.

El hombre no tiene deseo de otorgar. Existe en el ego animal. Pero el Creador da el deseo y la satisfacción. Esto sucede en el exilio. Allí recibimos el ego y el deseo de dejarlo. Sólo el Creador puede liberarnos. Por eso tenemos que pedir. Así nos elevaremos por encima del ego.

Si sientes necesidad de complacer al Creador, entiendes que el único deseo del Creador es que las criaturas reciban placer de Él. Luego le pides al Creador que te dé placer. Pues el Creador disfruta sólo cuando las criaturas sienten placer.

El ego creciente y las dificultades son para sentir necesidad de recibir ayuda en forma de Luz superior, para luchar contra un ego mayor. Justo el conocer la esclavitud del ego nos da la necesidad de adquirir Luz superior. Por eso está escrito: ¡el faraón nos acerca al Creador!

Al principio estamos en el ego, el poder del faraón, pero no sentimos que estamos esclavizados. Luego el Creador nos acerca a Él y sentimos que somos diferentes a Él, sentimos que estamos bajo el poder del ego. Porque debemos conocer el mal del ego, para corregirlo.

#Pésaj #judío

Como la serpiente que convenció a Eva de cambiar la intención de dar por la de recibir, así en Egipto, el trabajo en el exilio es superar el ego, que con dulzura persuade: «hazlo por ti, no en bien de otorgar, del Creador, por encima de la razón», así ¡todo te será claro y fácil!

El trabajo en «Egipto» es PAREH o PE-RAH-boca dulce. Los egoístas persuaden a Isra-Él, los que aspiran al Creador, de que es posible estar sólo en actos de otorgamiento sin intención de otorgar. El trabajo de Isra-Él en intención, es difícil, es contra el ego y parece retroceso.

El ego se resiste a otorgar, no deja energía para actuar. Cuando el hombre ve lo inmerso que está en el ego, la maldad y que no tiene fuerza para resistir al ego, lo único que puede hacer es clamar al Creador. En respuesta a ese grito, recibe el alma, la cualidad de otorgamiento.

Los egipcios los convencieron de que la intención de otorgar no era necesaria. Ya que los esfuerzos en el egoísmo traen alegría por la recompensa futura. Por eso es difícil estar en la intención «por el bien del Creador», sin recompensa. Esto trajo problemas a Isra-Él, que aspira al Creador y no a la recompensa.

Y clamaron desde el trabajo en esclavitud, para alcanzar la cualidad de otorgar, ya que el egoísmo (egipcios y faraón) despertó pensamientos contra el otorgamiento. Para que trabajen en el egoísmo. Les fue difícil objetar porque así está construido el mundo: religioso y secular.

Matzá viene de Mar y Merivá, pelea. La pelea del hombre con el Creador. Quejas del hombre al Creador ¿Por qué es tan difícil obtener la cualidad de otorgar?

Aparte, cuanto más se esfuerza por obtener el otorgamiento, más se aleja.

Por eso siente amargura (Mar) en sus esfuerzos.

Si al hombre le fuera fácil obtener la cualidad de otorgamiento, no desearía avanzar más, sentiría que está en otorgamiento, en adhesión. Pero el Creador desea revelar todo el sistema de Su relación con nosotros. Por eso, el egoísmo sólo puede derrotarse con ayuda del Creador.

Mientras los egipcios formaban el egoísmo en el hombre no le permitieron realizar actos en otorgamiento, llevándolo a adhesión con Él. Esclavizándolo, permitiéndole sentirse exiliado en el egoísmo, sin poder resistir el gobierno de los egipcios, salir de la esclavitud, del exilio.

El trabajo espiritual (Avodat Hashem) es trabajo, esfuerzos por el bien del Creador. El resultado es la adhesión de quien realiza este trabajo con el Creador. En el proceso de otorgamiento recibimos la luz que reforma en el deseo de otorgar, y luego, la luz de llenado.

Si en la persona no surgen preguntas sobre sus intenciones, para quién actúa, entonces existe como todos.

Pero si surgen preguntas «¿para qué?», desde su ego, el egoísmo mismo lo obliga a ir en contra de él, provoca su propia desaparición. Esto es «ayuda en contra».

A la pregunta del hijo malvado (cualidad egoísta en la persona), él responde que desea estar en la cualidad de otorgamiento por encima de cálculos sobre sí mismo, en fe sobre la razón.

Pero gracias a sus preguntas, reveló la comprensión de que el camino del Creador es en fe (otorgamiento) por encima del conocimiento (cálculo egoísta)

Moisés es la cualidad de fe, otorgamiento, OH. Cualidad de líder, pastor, intención de otorgar sobre todos los actos del hombre. Es la única cualidad necesaria para estar en espiritualidad, equivalencia con Él.

El grado de Moisés, fe, otorgamiento, determina el grado del hombre.

La parte principal de toda la corrección es el éxodo del egoísmo, Egipto, hacia la cualidad de otorgamiento. Los otros grados son sólo avances. En cada grado debemos despertar alegría por la liberación de los deseos egoístas. En esta medida revelamos alegría y gratitud.

El egoísmo no soporta el sufrimiento por la humillación, porque se origina del orgullo. Cuando ve que los amigos del grupo son más exitosos que él, esto le provoca fuerzas de crecimiento y ascenso ¡Esta naturaleza egoísta debe ser utilizada sabiamente!

El egoísmo es inherentemente orgulloso y envidioso. No desea lo que necesita sino lo que ve que otros tienen. Por eso puede desarrollarse infinitamente. Todo depende sólo del uso de las cualidades que el Creador nos dio, precisamente para Su revelación.

La condición para la liberación del egoísmo es que todas las naciones conozcan la Cabalá «Y la tierra se llenará con el conocimiento del Creador». Esta fue la condición para el éxodo de Egipto, cuando el Faraón alcanzó al Creador y permitió la salida: llamó a Moisés y le ordenó que saliera a trabajar para el Creador.

Torá, Shemot 12:31, Baal HaSulam, El Cuerno del Mesías

Debemos alcanzar un estado en el que descubriremos que el ego es el que nos saca de él mismo al percatarse que somos leales a la meta. Llama por la noche a Moisés y a Aarón y los acompaña fuera de Egipto. Así, hay una porción entera de la Torá, «Vaishlah«, sobre esto que «el Faraón les envió».

Zóharpara el Pueblo, Shmot129

Dos caminos llevan a la meta: uno forzado, largo o corto, de preferencia con nuestra participación. La decisión es nuestra.

La meta se logra con un pedido completo (en cualidad y cantidad) por liberarnos del ego.

La calidad de conexión del grupo determina la salvación ¡Todo el trabajo en Egipto es en grupo!

La libertad sólo es posible cuando uno se siente en esclavitud, en exilio. En incapacidad de liberarse.

Al clamar por ayuda, en completa desesperación por liberarse.

Entonces, la ayuda del Creador llega.

Comprueba: ¿En qué estado te encuentras?

El ego no permite actuar sin beneficio propio, hay sensación de exilio del otorgamiento, y sufrimiento en medida que desea trabajar para Él.

Añadiendo esfuerzos empieza a gritar por salvación del egoísmo.

La liberación va en contra de la naturaleza, sólo el Creador puede liberar.

Maljut(punto) es la 4ª etapa de la 4ª etapa de Luz Directa, está de acuerdo con lo que sucede y quiere usar las cualidades previas recibidas del Creador para que al analizar todos los estados, incluso opuestos al Creador, confirme que no hay nada mejor que ser similar a Él.

Una ruptura significa que cada cualidad que el Creador relaciona con la creación (nueve Sefirot – nueve cualidades) se hace opuesta, se vuelve negativa, como si no procediera del Creador sino del opuesto al Creador.

Todo el tiempo la persona debe explicarse a sí misma que no hay otros cambios además del interno. No hay un mundo diferente, sólo una nueva percepción dentro de sí misma, de acuerdo a las nuevas cualidades que ha adquirido.

De Twitter, 21/abr/19

Material relacionado:
Mis pensamientos en Twitter, 13/abr/19
Mis pensamientos en Twitter, 11/abr/19
Mis pensamientos en Twitter, 10/abr/19

Lección diaria de Cabalá – 21/abr/19

Preparación para la lección
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Escritos de Rabash, volumen 1, artículo 14, “La conexión entre Pesaj, matzá y maror” (1987)
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