Convierte a Egipto en el jardín del Edén

Después que entramos a Egipto, comenzamos a trabajar sólo en nuestra unidad. Esta es nuestra única meta: el Creador debe revelarse en el centro del grupo. Por lo tanto, descendemos a Egipto dándonos cuenta de cuán necesaria es la unidad, pero somos absolutamente incapaces de alcanzarla. No queremos ir allá, pero no tenemos opción porque sentimos que si no vamos por esta conexión, habrá hambruna: nos quedaremos sin nada y nunca llegaremos a la espiritualidad.

Todo esto es posible debido a la conexión entre Jacob y José. Tan pronto como Jacob averigua que José vive en Egipto, sólo piensa en cómo reunirse con él.

Un egoísta típico no piensa en la unidad, sólo quiere revelar al Creador, llegar al mundo superior, sentir la eternidad, la perfección, el alcance espiritual, sentirse inmortal y no como un animal destinado a morir. Esos son los sueños de un pequeño egoísta. Egipto, el Faraón, necesita ser añadido a este pequeño deseo egoísta con el fin de realmente alcanzar el mundo superior, es decir, el propósito de la creación.

Esto requiere de añadir un inmenso egoísmo, muchas propiedades, a nuestro deseo de disfrutar, es por eso que somos forzados a descender a Egipto. El Creador organiza esto para nosotros, como lo prometió a Abraham y sin ello, seríamos incapaces de llegar a la tierra de Israel.

El Creador le mostró a Abraham la tierra de Israel,  el deseo de recibir placer completamente corregido para el otorgamiento en el cual la creación se fusiona con el Creador, el final de la corrección.

Abraham preguntó ¿si era posible? ¿De dónde vendrá ese deseo? No hay ni un deseo tan grande de disfrutar ni de otorgar correspondiente con  esto. Él no tenía las tres líneas, sólo una, una pequeña iluminación desde la luz superior, la cual era suficiente para él.

Puedes entrar a la tierra de Israel sólo con las tres líneas. Si la línea izquierda, el Faraón, crece, entonces la línea derecha crecerá en correspondencia. Y conectando las dos líneas, puedes llegar al estado de la tierra de Israel, el deseo plenamente dirigido hacia otorgar al Creador.

El Creador le dijo a Abraham que Él se encargaría de ello, y Él llevó a todo el grupo de Abraham a la condición llamada “Egipto” y después los llevó fuera y les entregó la Torá. Todo esto fue posible porque justo desde el principio Abraham tenía la intención de unirse. Él pensó que esto podría ser hecho de forma individual.1

Pitón y Ramsés son bellas ciudades para el Faraón, pero pobres y miserables para el pueblo de Israel, el Faraón e Israel son dos polos opuestos. Yo observo desde el lado del Faraón y después desde el lado del Creador. Si observo desde el punto de vista del Faraón, veo cuán maravilloso es mi deseo egoísta, el cual puede ser disfrutado en mi país, Egipto.

Si me sobrepongo a este egoísmo, si no quiero disfrutar en Egipto sino quiero elevarme más, entonces clamo, no hacia el Faraón, sino hacia el Creador, pidiendo ayuda y salvación. El Creador entonces me eleva del estado del Faraón a otro estado, y a partir de ahí veo que todo lo que he construido, esas ciudades, no son para nada hermosas, sino miserables. No siento ningún beneficio en nada que haya realizado, es decir, no me he acercado para nada a la perfección y el otorgamiento. Por lo tanto, lloro ante el Creador y pido mi corrección. A través de las miserables ciudades de Pitón y Ramsés, el Creador me lleva hacia la corrección.

Entonces veré esas ciudades construidas por mí en Egipto de forma diferente, de una forma espiritual. Cuando complete esas ciudades miserables con correcciones, con la luz de Jasadim, construyendo la intención de otorgamiento sobre mi deseo de disfrutar, convertiré Egipto en el Jardín del Edén (paraíso). Entonces, no será Egipto, sino la tierra de Israel.2

El éxodo de Egipto es un escape. Con los ojos cerrados, hacia la unificación, esta posibilidad de pronto se abre ante nosotros como el Mar Rojo. Salto hacia la unidad, hacia el Mar Rojo, y lo cruzo. Después de eso, comenzamos a trabajar de forma consistente en nuestra conexión, en nuestra garantía mutua, en nuestra unidad: o nos unimos o este será el lugar de nuestro entierro.3
De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 15/abr/19, Pésaj
1 minuto 1:13:10
2 minuto 1:23:50
3 minuto 2:11:25

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