Pide lo que el Creador quiere darnos

El Creador creó la creación con el deseo de disfrutar, que es opuesto al Creador. La naturaleza inanimada, vegetal y animal actúa por instinto y no puede cambiar nada. Sin embargo, al hombre se le da oportunidad de cambiar su naturaleza, si encuentra la manera de dirigirse al Creador y pedirlo.

Si la persona organiza un entorno en el cual puede recibir deseos opuestos a su naturaleza original, puede formular una necesidad ante el Creador y pedir el deseo de otorgar. El Creador le dará una segunda naturaleza para que pueda usar su deseo de disfrutar con la intención de otorgar. Así, el hombre se vuelve similar al Creador.

El Creador recibe placer cuando le exigimos a Él, porque su deseo es otorgar: mientras más recibimos de Él, más le otorgamos. No podemos darle nada, excepto nuestro deseo, que requiere satisfacción. Sin embargo, es necesario pedir sólo para que el Creador disfrute, esa es la intención correcta. Si yo pido porque me siento mal, sigue siendo una petición egoísta.

La solicitud correcta es pedir lo que el Creador quiere otorgarnos. Es como un niño que quiere una pelota, pero sabe que le dará más placer a su padre si le pide una enciclopedia. Sin embargo, el padre siente a su hijo y no puede ser engañado. Por lo tanto, el hijo debe estar en el entorno correcto, uno que cambie su deseo para que, en lugar de jugar fútbol, esté más interesado en estudiar geografía.

Así acudirá a su padre y le pedirá, de todo corazón, un libro, causándole así, inmenso placer, no por el libro en sí, sino por el hecho de que se cambió a sí mismo, siguiendo el ejemplo de su padre. El trabajo completo del hombre es pedir, pero siempre pedir las cosas correctas para que el Padre disfrute de nuestra solicitud. Esto se llama «hacer tu deseo como su deseo».1

Está escrito: “Mis hijos me derrotaron”. Quiere decir que, todo el tiempo, debemos influir en el Creador para que nos corrija, nos atraiga y nos haga avanzar. Sin embargo, se puede influir en el Creador sólo en la medida de la similitud de nuestras propiedades. Es imposible acercarse a Él con gritos y peticiones—se necesita conexión entre nuestras propiedades. Esas propiedades aparecen sólo bajo la condición de que estoy en el entorno correcto, en la decena construida en similitud con el Creador. Si transferimos nuestros deseos de otorgamiento al Creador, recibimos el poder de conocerlos de Él. Así vamos del amor a los seres creados al amor al Creador.2

Si elevamos la solicitud correcta al Creador, comenzamos a entender su respuesta y a apreciar lo que recibimos de Él. Tal vez, como un niño, pedí una pelota y el padre me regaló un libro de geografía. Luego veo que es más útil el libro y que debo cambiar para percibirlo como regalo del Creador y no estar enojado por no haber recibido la pelota. Si trabajo correctamente en la decena, veré que el mundo está siendo mejor para mí. 3

Toda la materia es deseo de disfrutar. Cada elemento, cada átomo, quiere preservarse a sí mismo, su estructura, su naturaleza y su textura. Cada partícula existe debido a que resiste su destrucción. Para dividir una pequeña partícula elemental, se construyen enormes instalaciones, colisionadoras. Se necesita mucha energía para dividir una partícula y ver en qué consiste. Esto muestra que el Creador inculca en cada partícula un fuerte deseo de disfrutar. En el esfuerzo por dividir las partículas elementales, esencialmente estudiamos lo que el Creador colocó dentro de la creación.

Mientras más simple es el material, más fuerte es su deseo de disfrutar. Mientras más se desarrolla la materia, más complicado se vuelve este deseo y por lo tanto, se debilita y ya no puede mantenerse. Por eso, los elementos más pesados comienzan a emitir energía, radiación y se descomponen.

La partícula primitiva, más inerte, tiene mayor fuerza recibida del Creador. Por lo tanto, mientras más desarrollada es una persona, tiene más dudas, problemas y altibajos. Sin embargo, si se congela al nivel inanimado, no se preocupa por nada y continúa hoy como ayer.4

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 8/abr/19, Escritos de Baal HaSulam, Shamati, artículo 115, «Inanimado, vegetal, animal y hablante»

1 minuto 15:00 – 1:01:00

2 minuto 1:18:00

3 minuto 1:20:00

4 minuto 1:46:25

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