Dispuestos para la revelación del siguiente grado

La oscuridad es señal de abundancia de la Luz de Jojmá y todo lo que hace falta es la Luz de Jasadim para que la oscuridad brille como Luz. La oscuridad es la manifestación del Creador, pero necesito añadirle la Luz de Jasadim a esta oscuridad; en ese grado, revelaré al Creador con el fin de traerle contento a Él. Mientras más luz de Jasadim, más grande la revelación. El Creador llena el mundo entero, pero nadie puede sentirlo excepto aquellos que pueden añadir Luz de misericordia, como está escrito: “en tu Luz veremos la luz”.1

En estado de dificultad uno debe creer que no hay nada más que el Creador y regocijarse por la revelación del Creador en cualquier mal, porque es señal de que algo bueno será revelado pronto. Si recibo un golpe, significa que ya estoy listo para la revelación del siguiente grado.

El Creador revela su actitud hacia mí con más claridad, pero lo percibo como maldad y sufro, aun cuando en realidad todo es bueno. En los estados más precisos, más críticos, tenemos mayor oportunidad de decir que todo viene del Creador por nuestro propio bien.2

¿Por qué venimos a este mundo si nuestro propósito es abandonarlo? Caemos en el reino del deseo egoísta de disfrutar, en el nivel más bajo de la realidad, como animales primitivos, con el fin de elevarnos. Somos incluso peores que animales porque estamos de acuerdo con nuestras respuestas instintivas, automáticas. Somos esclavos del egoísmo, mientras que un animal no se siente esclavizado. Incluso las mascotas no se sienten esclavizadas cuando pierden su libertad, sino que aman a su amo que las alimenta y están dispuestas a trabajar para él.

Pero el Creador no nos permite vivir de esa manera con nuestro egoísmo. Cada generación consecutiva se siente más y más infeliz. De esta manera, el Creador nos está sacando del grado animal y elevándonos al nivel humano. Tenemos que entrenarnos para asemejarnos al Amo.

Este es un trabajo especial de parte de la creación. Por lo tanto, el Creador constantemente despierta en nosotros la sensación de que estamos en exilio, en esclavitud, en insignificancia, sin conocimiento ni sensación de nuestro amo, como un animal que no permitirá que lo domestiquen. Será de esta manera hasta que revelemos al Amo y nos demos cuenta que Él es el más sublime; entonces nos aferraremos a Él de forma consciente, no por hábito animal, sino alcanzando Su grandeza y papel en la creación y Su esfuerzo para elevarnos a Su nivel, para no sólo cumplir su deseo como un animal atado a su dueño, sino recibir las mismas cualidades.3

La vida es la sensación de adherencia al Creador, armonía con la fuerza superior, movimiento en unísono, ausencia de la percepción de líder y seguidor, es estar juntos. Ahí, en el punto más alto, donde el fin de la acción está unido con el pensamiento inicial, el Creador y la creación logra tal adhesión que no hay primero ni último, sólo todos juntos.4

Tenemos que regresar a la adherencia con el Creador como un embrión en el vientre de su madre, conectado a ella en toda su esencia. Pero ahora ya no soy un infante sino un adulto, con la carga de la experiencia de varios estados y conocimientos. Junto con esta carga, me anulo ante el superior como un embrión. No anulo mis pensamientos ni mis deseos, sino intento estar dedicado como un embrión a su madre. Todo regresa al primer punto de concepción siempre, el punto de completa adhesión entre la creación y el Creador. No importa cuán enorme, fuerte o listo me he vuelto, me reduzco a un solo punto dentro del Creador.5

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá  23/abr/19, Escritos de Rabash, volumen 1, artículo 20, “Aquel que endurece su corazón”, 

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