De abajo hacia arriba

El descenso de los mundos construyó los escalones de la escalera que llevan Luz y deseos de arriba hacia abajo y se corresponden en cada nivel. Es decir, se dan las condiciones correctas para la conexión de Luz y vasija en todos los estados de arriba a abajo.

Cuando el descenso llega abajo de la escalera, sucede un rompimiento y se produce la inter-inclusión de las dos fuerzas: el deseo de recibir y el deseo de dar. Se crea la posibilidad de una inclusión correcta, ya no de forma negativa y egoísta en la que la chispa de luz rompe el deseo de recibir.

Hoy, con el esfuerzo y el trabajo en la decena, se puede atraer la Luz que reforma y ella iluminará la chispa dentro del deseo egoísta y empezará a desarrollar tanto el deseo como la chispa dentro de cada uno. Así, el desarrollo sucede incluso a nivel corporal porque despertamos la Luz precisamente debido al rompimiento y comenzamos a trabajar en la conexión.

Como resultado del descenso, Luz y deseo casi llegan a cero. Y al final de la escalera, sucede la ruptura y después, la creación puede comenzar a subir de nuevo por los mismos escalones. Gracias a la ruptura la Luz penetra en el deseo y el deseo comienza a comprender y sentir lo que es ser similar a la Luz, en consecuencia, requiere intención de otorgar.

Adam HaRishon se considera el primer hombre porque el fundamento de la creación apareció primero en él, no antes. La creación debe ser independiente. Antes del rompimiento, Adam HaRishon era un ángel y se llamó «hombre» hasta después. Pero después de la ruptura, estuvo preparado para la corrección, recibió el deseo de disfrutar y el deseo de otorgar incluidos mutuamente uno en otro.

Después, con ayuda de la Luz, podemos empezar a aclarar nuestro deseo de disfrutar y la chispa interna, gradualmente, toma la forma de hombre, Adam, es decir, similar al Creador. Al desear ser como el Creador, el deseo de disfrutar se restringe y construye una pantalla, Luz reflejada. Debido a la chispa, el deseo atrae la Luz que reforma y lo cubre con la intención de otorgar. Pero antes, debe sentir odio y rechazo y hasta después sentirá unidad y amor.

Hasta el nivel humano, cuando la creación se independiza, no se separa de la Luz. Los otros niveles: inanimado, vegetal, animal e incluso la gente que aún no alcanza conciencia, siguen las instrucciones de la Luz sin ningún libre albedrío. Por eso no reciben ni recompensa ni castigo en la vida corporal en este mundo.

Después del descenso de los mundos hacia este mundo y de la destrucción de Adam HaRishon la Luz que reforma automáticamente comenzó a desarrollar la materia en los niveles inanimado, vegetal y animal. Pero cuando la creación alcance la cuarta y última etapa del nivel animal podrá despertar la chispa interna y el «Homo loquens» (hombre que habla) aparecerá en nuestro mundo, es decir, aquellos en quienes hay un punto en el corazón.

Un hombre así empezará a sentir que hay una fuerza que lo controla y se preguntará sobre el significado de la vida. Querrá ser similar al Creador, pero sólo encontrará en sí mismo odio y rechazo en lugar de unidad y amor. Así será consciente de que necesita una decena para que la Luz que reforma comience a actuar. Sin ser consciente del mal, es imposible llegar al bien.
De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 30/may/19, Escritos de Baal HaSulam, “Prefacio a la sabiduría de la Cabalá, puntos 12 –17
1 minuto 28:30

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