Como si nos pusiéramos anteojos y comenzáramos a ver

Hace 2000 años, el Templo fue destruido y el pueblo de Israel comenzó su deambular por todo el mundo. Nos acostumbramos a vivir en el exilio entre otras naciones y muchas veces incluso tuvimos éxito en hacerlo. Algunas veces, al contrario, las naciones del mundo ajustaron cuentas con nosotros. El odio a los judíos creció de forma constante, una oleada se elevó después de otra, y recientemente un tsunami de antisemitismo ha estado creciendo. 

El problema es que no estamos corrigiendo la ruptura. El antisemitismo es el resultado de nuestro descuido hacia la posibilidad de lograr la corrección. El exilio terminó, pero sólo en potencia, no en la práctica. Muchos soñarían abandonar la tierra de Israel y regresar al exilio. Después de todo, la santidad sólo está en la unidad que podemos construir entre nosotros. Sin unidad, no hay santidad, y aún estamos en la destrucción.1 

En realidad, la destrucción es una corrección. No puedes llamarla corrupción porque aún no había nada corregido que pudiera ser corrompido. Fue la ruptura de la frontera entre los deseos de recibir y de otorgar, la frontera entre el Creador y el ser creado, entre las propiedades del Creador y el ser creado. Por lo tanto, fue sólo en aras de la corrección. 

El deseo de disfrutar existía antes de la ruptura, sólo que estaba oculto. Después que fue revelado, el ser creado pudo ya comenzar a trabajar en éste y elevarse hacia el Creador. Cada vez la criatura revela su disparidad con el Creador, lo cual le da la oportunidad de corregir esta discrepancia y acercarse al Creador. 

Esta disparidad ya existía antes, pero ahora ha sido revelada. Es decir, existe una revelación con respecto al ser creado, como si nos pusiéramos anteojos y comenzáramos a ver el desperfecto que no habíamos notado antes.2

La destrucción del Templo representa la fusión de Biná con Majut. Por lo tanto, hubo dos destrucciones, de acuerdo a los dos niveles en los Partzufim espirituales: Dalet-Gimel (4/3) y Gimel (3/2). El primer Templo fue destruido en el nivel de Mojin de Jayá, y el segundo- en el nivel de Mojin de Neshamá. Por lo tanto, la destrucción del Primer Templo fue mucho más poderosa e importante. Pero la destrucción del Segundo Templo fue más importante en el hecho de que significó una salida completa de la espiritualidad. 

El Primer Templo es una unión espiritual en la cual todos los deseos son combinados con la intención de otorgar al Creador en el nivel de Mojin de Jayá. Hubo una enorme lucha entre las personas y cada uno dentro de sí mismo en aras de mantener esta unidad y no caer. Pero el egoísmo estaba creciendo constantemente y al final, ocurrió la ruptura. El pueblo de Israel se fue al exilio; es decir, había un espacio vacío entre los niveles-el Partzuf espiritual se agotó. Tras el exilio, las personas estaban retornando a la espiritualidad, construyendo un nuevo Templo. (El primer Templo es como Maljey DJGT [Daat, Jesed, Gevurá, Tifferet] y el Segundo Templo es Maljey TNHYM [Tifferet, Netzaj, Hod, Yesod, Maljut] en el mundo de Nekudim, el cual fue roto). 

La destrucción del Segundo Templo fue ya la salida final de la espiritualidad-todos se fueron hacia la intención por su propio beneficio. Desde entonces, toda la nación excepto por ciertas personas especiales, los cabalistas, entraron en el proceso de descenso continuo de las generaciones. 

Es imposible comparar las generaciones que vivieron inmediatamente tras la destrucción del Primer y Segundo Templo con nuestros contemporáneos. Sentían una conexión mucho más grande con los demás. La santidad aún los iluminaba desde lejos y las chispas de la destrucción del Templo previo cayeron e hicieron un impacto. Por lo tanto, aún habían personas grandes en esas generaciones e incluso tras la destrucción del Segundo Templo. Vemos qué grandes libros nos dejaron: La Mishná y el Talmud. 

Muchos aún estaban en alcance. La caída no sucedió de forma instantánea. La Luz estaba saliendo del Partzuf gradualmente, hasta que estuvimos casi en completa oscuridad en las épocas del Arí. 

Desde el tiempo del Baal Shem Tov en adelante, comenzó el despertar desde abajo. El Baal Shem Tov hizo un gran trabajo reviviendo la espiritualidad, y fue seguido por Baal Hasulam. Hubo otros cabalistas que vivieron en las épocas entre ellos. El último gran cabalista de nuestro tiempo fue Rabash quien nos dejó todo el método de corrección que usamos hoy.3

De la segunda parte de la lección diaria de Cabalá 21/jul/19, “Nueve de Av”

1 Minuto 9:50

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