Súper pegamento para adherirse al Creador

Si alguien interfiere conmigo, debería aceptarlo como «ayuda en contra» que me muestra dónde aún no me he unido al Creador. Gracias a esta interferencia, me acerco al Creador y debo desearle lo mejor y bendecir lo malo y lo bueno. Pues, gracias a esa interferencia, tengo oportunidad de elevarme al Creador. Sin ella, no podría avanzar.

Por lo tanto, por un lado, en la vida corpórea debo defenderme y luchar contra las interferencias. Pero, en esencia, en mi trabajo interno, las acepto totalmente y agradezco tanto lo malo como bueno. Esas interferencias son las que nos corrigen, aunque nos cuestan mucho esfuerzo, dinero y tiempo. Lo principal es relacionarse con ellas correctamente, es decir, ir por encima de ellas pidiendo adhesión con el Creador.

Entiendo que el Creador me envió esos obstáculos y quiero unirme a Él junto con ellos. Pues mi devoción al Creador se confirma por la fuerza con la que me aferro a Él. Digamos que hay una carga que pesa 5 kg y quiero fijarla al techo. Para hacerlo, necesito pegamento de, al menos 5 kg y un poco más, para estar seguro. Por lo tanto, evalúo la resistencia del pegamento por el peso de la carga. Si pego la carga y cae, el pegamento es más débil que el peso de la carga; es decir, mi devoción al Creador es menor que la interferencia que envió.

Pero si le pido al Creador que me ayude a unirme a Él, con una fuerza mayor que la interferencia y me aferro al techo sin importar el problema, obtengo fe por encima de la razón, la fuerza de adhesión que es más fuerte que la interferencia que se siente dentro de la razón.

El pegamento que recibo del Creador es la Luz que llega cuando lo pido, es el poder de otorgamiento, Biná, con el que me aferro al Creador para otorgarle. Quiero aferrarme a Él por encima de la interferencia que me aleja de Él, para que todos los crímenes sean cubiertos por el amor al Creador.

Pero no hay una persona justa que no haya pecado antes. Siempre caemos, nos recluimos en el obstáculo mismo, en la persona que nos causa problemas o en las situaciones. Nunca estamos preparados para el obstáculo porque cada vez que es nuevo, se revela un nuevo Reshimó de la destrucción. Nos vemos obligados a caer y sucumbimos al engaño, como si el problema no fuera del Creador. Pero en el siguiente momento, necesitamos volver a la percepción correcta. Esto se llama «pellizco del diablo», un pellizco ligero es suficiente para recuperarse.

Primero, grito: «¡Ay!» al sentir la interferencia, el segundo «¡Ay!» viene de la comprensión de que no es interferencia sino del Creador que me atrae hacia Sí. Todo tiene lugar en un momento. La única respuesta a cada obstáculo es aferrarse al Creador aún más.1

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 24/ago/19, “No hay nada más que Él”

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