Seguro para el alma

El centro de la decena es el punto de conexión con el Creador, el lugar de la construcción del Templo, el punto central de la creación, el punto del inicio de la corrección y de su final. Con respecto a los seres creados, todo sucede en ese punto, en el centro de nuestra conexión. El Creador, por su parte, también influye en este punto, nos une a su alrededor. De hecho, es el punto central de las acciones del Creador y de las acciones e intenciones de los seres creados. El sistema del universo está organizado de modo que empuja a los seres creados a ese punto central, ya sea por su voluntad o en contra, eso depende del destino.

Ese punto lo contiene todo. Por eso debemos dirigirnos a ese centro como la meta de todas nuestras acciones, intenciones y oraciones. Pues, está en contra de nuestro deseo. El Creador creó la creación fuera de Su nivel, excepto ese punto. Así, todos los deseos, pensamientos, acciones, todas nuestras cualidades egoístas van en dirección opuesta a ese punto central y no queremos ser incluidos en él, rechazamos la conexión.

Al examinar el centro de la decena, revelamos todo: el punto central del universo y el alma común de Adam HaRishon, el propósito de la corrección; todo está incluido en ese punto, en Maljut del mundo del infinito. Cuando empezamos a enfocarnos en ese punto único, descubrimos que nuestras acciones, intenciones y pensamientos no nos pertenecen, sólo podemos identificarnos con esas acciones, que realiza el Creador, reuniéndonos en ese centro.

Este punto se llama «Templo», para formar nuestra actitud correcta hacia el Creador en él, tenemos que pasar por toda la historia del desarrollo. Sólo así lograremos adhesión con Él, cuando nuestros anhelos e intenciones sean sólo para Él. Tenemos que cruzar muchos obstáculos para descubrir que no hacemos nada por nosotros mismos, que el Creador lo hace todo, tanto lo malo como lo bueno.

Sólo necesitamos reconocer que todo viene del Creador. Y como todo va a este punto de conexión, punto de adhesión, no hay maldad, sólo hay bien, porque todo está incluido en la adhesión. Todo el trabajo interno del hombre se concentra en ese punto central. El universo entero y todo el flujo de nuestro mundo existen para llevar al hombre al centro de esta estructura llamada «alma», hasta el punto de conexión con el Creador.1

La cubierta egoísta externa (Klipá), se llama «piel de serpiente» (Mishja de Jivia), es la más tosca. Me hace creer que soy dueño de mis acciones y que mi vida es consecuencia de mis decisiones. Obviamente, esto es un error. El hombre repite este error una y otra vez y eso lo aleja del camino. En lugar de ir por encima de los problemas y adherirme al Creador como el amo de todas las acciones, me golpeo y lamento mis malas acciones, como si algo dependiera de mí.

La Klipá es requerida para nuestra corrección. Durante su avance, el hombre se aferra al deseo interno y santo y transfiere más y más propiedades bajo su poder. Por eso, el deseo interno crece y gana fuerza. Pero al mismo tiempo, la Klipá siempre crece de nuevo, se vuelve más y más fuerte. siempre debemos entender que todo es organizado por el Creador y por eso, debemos someternos y aceptar lo que suceda.

¡Es imposible escapar de la vida! Pues, todo viene de la fuerza superior única. Aunque sufro y soy infeliz, es el Creador quien me lleva a través de todos los estados. Sólo debo anularme y aceptar todo como bueno. Lo único que necesito es corregir la intención.

Ir por encima de todo lo que sucede es adherirme al deseo interno. A veces me avergüenzo de mi pasado, lo lamento, pero eso es una Klipá, la serpiente. Esa serpiente me asegura que es mi culpa, como si tuviera independencia, libertad de acción, como si yo mismo creara mi destino y no el Creador.

El centro de la decena que queremos alcanzar es realmente un punto central. No es sólo un simple punto de conexión, sino el punto de unidad. Ese objetivo no es un color; incluye todo el caleidoscopio: todas las Klipot y toda la santidad. Si no exploro las Klipot y no las adjunto al lado opuesto del punto, no pueden existir. Es el punto central de todas las cualidades, pros y contras, pero preparadas de forma correcta. Siempre, atribuyo todo a «No hay nada más que el Creador, el bueno que hace el bien».2

En el esfuerzo por entrar en el punto central de toda nuestra vida, de todos nuestros esfuerzos, nos encontramos con el Creador. En este lugar comienza la Shejiná. Ahí revelamos el «campo bendecido por el Creador», el área en la que podemos conectarnos porque allí está el Creador que nos ayuda. Es la entrada para los que llaman a Su puerta, la puerta de la unidad.

Allí, en el centro de la decena, descubriremos nuestro trabajo interno y el trabajo externo entre nosotros, está escrito: “Cada uno ayuda a su amigo”. Estos dos tipos de trabajo son opuestos entre sí: o me concentro dentro de mí y examino mis estados o estoy con mis amigos. Me es difícil conectar uno con el otro. Pero, es necesario combinar estos opuestos, porque en la espiritualidad, no hay diferencia entre ellos: es el mismo punto.

Sin embargo, si no es espiritualidad, no coinciden en un punto y tenemos trabajo personal en nosotros mismos y la conexión externa.3

Por lo general, el hombre comienza a lamentar sus acciones pasadas. Pero, debemos entender que todo sucede de acuerdo con el guía superior: «no hay nada más que Él». Por lo tanto, hasta este momento, nada de lo que ha sucedido depende de mí. Sin embargo, a partir de este momento, todo depende de mí. Pues, ya tengo un grupo, una decena, un maestro y un método y debo elevarme al estado en que todo lo que ocurre está organizado por el Creador. Ya me incluí desde el inicio, anulé mi «yo» y deseo ir en fe por encima de la razón.4

Todo lo que sucede viene de arriba y la única forma de cambiarlo, es integrarse en el grupo y con su ayuda, aceptar lo que el Creador me envía. Si me golpeo por lo que sucedió en mi vida, es falta de fe, falta de un contacto mínimo con el Creador.

Me siento muy mal en este momento, pero tengo que ser incluido en el concepto de «No hay nada más que Él» y soltar las riendas, dejar que mi caballo me lleve a donde tengo que ir. No me importa a dónde; le doy libertad. Pues, es un ángel. Dejo que la vida me lleve a donde me lleve. Pues con mis intentos de hacer lo correcto, veo hacia atrás y veo lo que he hecho ¿por qué viví así? Es el ego más horrible, porque trato de ponerme en el centro del universo, como si yo mismo controlara mi vida.5

Tenemos que sentir dolor, no hay otra forma. Si pongo mi mano en el fuego y no siento dolor, la mano se quemará. Pero si duele, quito mi mano del fuego. Así que el sufrimiento me guía por la vida. Por eso, la vergüenza que sentimos en nuestro ego es de gran ayuda. En primer lugar, debemos elevarnos por encima. No me avergüenzo de lo que me pasó, porque toda mi vida está cien por ciento controlada desde arriba. Pero, no sólo no me retiro, trato de aferrarme a «No hay nada más que Él».6

Cada uno de los diez amigos trabaja para entender que no hay nada más que el Creador. Este es el lugar donde nos encontramos en la decena, es el punto donde tratamos de anularnos para conectarnos entre nosotros y en esa conexión lograr la unidad llamada, Creador.7

El primer momento en el que sucede, siempre lo percibimos como perturbación externa que vino de la nada y por supuesto, no lo asociamos con el Creador. Cada situación que surge es la revelación de un nuevo Reshimó roto, por eso, no hay Creador ni fuerza superior. La persona nunca comienza por la adhesión con la fuerza superior; al contrario, se concentra en el suceso, en el propio Reshimó que surgió de la destrucción. Aquí ya depende del entorno y de nuestra preparación para percibir qué tan rápido podemos lograr la percepción correcta.

Perdemos conexión con el Creador, como si perdiéramos la conciencia. Es la revelación de un nuevo registro informativo (Reshimó) y puesto que todo viene de la destrucción, es obvio que no hay Creador. Por eso, todo depende de lo rápido pueda descartar los pensamientos de la serpiente, que dice que todo depende de mí y de otros en el mundo.

En nuestro mundo, tenemos un seguro de salud en caso de una enfermedad o accidente. Asimismo, debo asegurarme contra el descenso espiritual para poder volver a la vida espiritual. Sólo el grupo puede ayudar, no hay otra forma. El Creador no me asegurará, pero puedo hacer arreglos con mis amigos. Mientras estemos en este mundo, debemos prepararnos y asegurar el alma de la misma manera que aseguramos el cuerpo, así cuando me sacudan los disturbios, recibiré ayuda para volver rápidamente a la meta, al trabajo.

En el grupo, debo obtener un seguro del alma tal, que todo mi trabajo sea llegar al centro de la decena. Por eso, preparo la conexión con los nueve amigos, para así alcanzar el centro de la decena y caer en sus manos. Y cada uno cae en manos de los demás.

Así veré que no hay otro modo de acercarse al centro de la decena, sólo con ayuda de los amigos. Para esto, no necesito tener accidentes, sé de antemano que todo el tiempo estoy en un estado destrozado debido a las Reshimot que vienen del accidente, de la destrucción de Adam HaRishon. Por eso, es claro para mí que sólo podemos confiar en las manos de los amigos y necesitamos fortalecer la conexión con ellos. Les ayudaré y ellos me ayudarán y entre nosotros, nos acercaremos rápidamente al punto central.

El punto integral que nos conecta se llama; centro de la decena. Si todos tratamos de dar satisfacción al Creador, incluso el ego nos respaldará porque el Creador es nuestro objetivo común.8

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 22/nov/19, El centro de la decena.

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