Sintoniza la transmisión del Creador en la decena

Nuestro Kli roto, gradualmente va hacia el centro de nuestra conexión, que empieza a sentirse como el centro del universo, de todos los mundos, de todo el sistema de Adam HaRishón, hacia el nuevo lugar donde la vasija corregida encuentra la Luz. Mientras más lo pensamos, más desarrollamos nuestra sensibilidad. No hay nada en este mundo que no podamos sentir; todo depende de nuestro esfuerzo al invertir nuestra actitud, nuestro deseo.

Debemos luchar por este punto de conexión con todo nuestro deseo. Tanto la inclinación buena como la mala, acompañan al hombre hasta el punto de encuentro donde nos unimos y revelamos al Creador. Para lograrlo, todos necesitamos abandonar el «yo» e ir del borde exterior de la vasija común hacia el centro del grupo.

Si juntos pensamos en el punto central único, es decir, en el Creador y avanzamos hacia Él, dejamos de pensar en nosotros mismos y perdemos el yo personal, como si no existiera. Con un mayor enfoque en este pensamiento y en aspirar hacia el centro, tenemos sólo la preocupación de que existe un sistema común, con su vitalidad y revelación, las preocupaciones personales desaparecen. Así, gradualmente logramos auto restringirnos y nuestra unidad común, eso crea un lugar para que el Creador se revele y así complacerlo.

Día tras día, esta imagen debería ser más clara en nuestros sentimientos, mente y visión interna, para que comprendamos y sintamos que realmente existe. De la nada revelamos ese estado que ya existe, el mundo superior.1

Todo lo que sucedió tuvo que suceder. Todo lo que sucederá, ya existe. Lo único que debo hacer es decidir cómo pasar de una escena a otra, con esfuerzo y devoción de mi alma. Sólo agrego mi actitud: restricción, pantalla y Luz reflejada y revelo un estado que ya existe.2

Todo es perfecto; sólo necesitas corregir tu actitud para ver que el mundo entero es un mundo infinito, absolutamente perfecto. Pero no lo sentimos, no vivimos en él; por eso, necesitamos cambiar todos nuestros sentidos para poder sentir el mundo del infinito.

Para hacerlo, se nos dio la decena, para así ir en la dirección correcta, calibrar y enfocar nuestra visión y percepción, para sentirnos en la eternidad, con valores nuevos y verdaderos. Maljut del mundo del infinito es el lugar donde todos nos unimos y nos fusionamos con el Creador. El Creador es uno y la creación también debe ser una igual al Creador. Todo lo que revelamos es la unidad del Creador.

Por eso, el Creador nos rompió, nos dio oportunidad de buscar unidad en diferentes estados, en pros y contras. No hay maldad; hay «ayuda en contra», que nos muestra la discrepancia de la imagen verdadera, que se manifiesta en nuestra sensación y comprensión, en la mente y el corazón. Para hacer más evidente esta discrepancia, la cubre con sensaciones desagradables. Resulta que veo no sólo la distancia entre mi percepción y mi objetivo, es decir, entre el mundo imaginario y el genuino, sino que percibo esta brecha como sufrimiento, como dolor.

Por eso, le llamamos inclinación al mal, aunque en esencia no es mala, es útil porque nos ayuda a sentir nuestra desviación de la verdad. El trabajo más importante es en la decena, ahí podemos corregir con rapidez la discrepancia entre nosotros y el Creador.

Es como si construyera la imagen real de mi decena, reúno todos los elementos correctos y los conecto, los acerco y los concentro, hasta que logran nitidez perfecta: diez Sefirot corregidas llenas de Luz superior.3

La decena es la matriz que garantiza mi contacto con el Creador. Siento que hablo con mis amigos, pero no es así, hablo con el Creador. La decena es el idioma con el que me comunico con la fuerza superior. La creación es un libro divino, un diálogo con el Creador.4

El método para lograr que el deseo de disfrutar sea equivalente a la Luz es: diez partes diferentes del deseo que, a pesar de sus diferencias, se conectan para volverse como la Luz, así puedes ver y escuchar, en ellas, la acción de la Luz, como si fuera un cuerpo o un receptor de radio Mientras más fuerte es la conexión, mayor es la revelación. Todos los detalles del receptor ya están en nuestras manos, ahora todo depende de nosotros.5

Me parece que la decena son sólo diez amigos. Pero, de hecho, el Creador me habla a través de ellos y necesito entender lo que quiere de mí cuando se expresa en cada amigo. Es un código especial, un idioma que necesito aprender.

Luego revelaré que la decena son las diez Sefirot y veré que cada Sefirá brilla con su propio color, con fuerza, ​​tipo de brillo y conexión diferentes. Por un lado, todos están incluidos, pero cada uno aporta su parte única: más sabiduría o misericordia (Jojmá o Jasadim), diferente tipo de deseo y conexión con la parte superior.

Es como si estuviera frente a una pantalla y mientras más me elevo por encima de mí y me conecto con mis amigos, más entiendo lo que el Creador me transmite.6

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 25/nov/19 ,»Centro de la decena»

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