¿Cómo podemos honrar verdaderamente la memoria de las víctimas del Holocausto?

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «¿Cómo podemos honrar verdaderamente la memoria de las víctimas del Holocausto»?

“Y las naciones vendrán a tu Luz y los reyes al resplandor de tu amanecer” Isaías 60: 3.

En un futuro cercano, toda una generación de sobrevivientes del Holocausto se unirá a los anales de la historia. Alrededor de 15,000 personas que escaparon de las atrocidades del Tercer Reich e hicieron de Israel su hogar, fallecieron el año pasado, sólo quedan 190,000. El legado y la memoria de los seis millones de judíos que perecieron en la Shoah será conmemorado por más de 45 líderes mundiales que se reunirán en Yad Vashem, en Jerusalén, para el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz.

Surge la pregunta: esa reunión diplomática ¿tiene algún impacto para evitar futuras catástrofes similares?

Muchas organizaciones y países se enfrentan al antisemitismo con presupuestos sólidos, asignados para atacar este problema mundial, se podrían esperar resultados positivos y concretos. Sin embargo, a pesar de todo el sufrimiento que trajo el Holocausto y de millones invertidos en cumbres y viajes patrocinados a Israel, para delegaciones enteras y para renovar campos de concentración, el antisemitismo no ha desaparecido ni disminuido. Por el contrario, los incidentes antisemitas se están haciendo cada vez más frecuentes e intensos.

Por eso, protegeremos realmente la memoria de las víctimas sólo cuando podamos asegurarnos de que la frase “¡Nunca más!” no sea sólo un eslogan vacío. ¿Cómo? Podemos erradicar el odio eterno contra los judíos y contra Israel, investigando con profundidad su origen y proceso.

Combatir el antisemitismo desde su raíz

Para buscar una solución real y duradera, que destruya totalmente el antisemitismo, necesitamos un programa educativo que explique por qué ocurrió la Shoah y cómo es posible que los judíos continúen siendo atacados y perseguidos ferozmente, particularmente en Europa y en Estados Unidos, después de tantas décadas.

La sabiduría de la Cabalá explica que hay dos fuerzas que operan en la naturaleza: positiva y negativa. La falta de equilibrio entre ellas se deriva en el surgimiento del antisemitismo subyacente.

El propósito de estos opuestos es permitirnos construir conscientemente, un puente que nos conecte -por encima de las fuerzas en contraste- a un estado de equilibrio en el que la humanidad pueda encontrar seguridad y calma.

A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente, la humanidad está, inevitablemente, incluida en una sola unidad, donde prevalecen dos estados en conflicto: la interconexión por un lado y la división profunda por el otro. Bajo esas condiciones de olla a presión y a medida que en la sociedad se intensifican los efectos negativos de las fuerzas contrarias, el odio hacia los judíos se vuelve cada vez más cruel.

Los judíos son atacados, porque el mundo siente que el pueblo judío tiene una misión que no cumple: ser “luz para las naciones” y pionero en el proceso de unidad global que corregirá el desequilibrio de la sociedad y que finalmente, nos dará una buena vida a todos.

Mientras más nos odiemos los judíos, más querrá el mundo eliminarnos. Es decir, si fracasamos en ver un propósito unificador para nuestra vida aquí, las naciones del mundo también sentirán que no hay ningún propósito para nuestra existencia.

Unidad judía: la meta

Nuestra nación se forjó con la ideología de misericordia y amor fraternal, donde extraños acordaron unirse como iguales, por encima de todas las diferencias. Nos convertimos en una nación cuando prometimos ser “como un hombre con un corazón”. Desde entonces, nuestro deber es salvaguardar esta conexión y guiar el camino de la humanidad hacia su realización. Esta misión se debe cumplir, no por orgullo, sino en el espíritu de servir al mundo. El deber de los judíos para con el mundo es cumplir y ser ejemplo de amor a los demás.

Como el destacado cabalista, Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam) escribió en su ensayo Arvut (Garantía Mutua): “La nación israelí fue establecida como conducto, en la medida en que se purifique ella mismos [del ego], transmitirá poder al resto de las naciones”.

Por eso, todos los recuerdos del Holocausto deben ser más que la conmemoración de los millones que murieron. Debemos aprovecharlos como oportunidad para enfrentar el futuro con la firme convicción de cumplir con nuestra misión designada y recordar las consecuencias de no haberlo hecho: unirnos por encima de nuestras diferencias y compartir nuestro método para conectar al mundo. Este es el medio para evitar que se repitan esas atrocidades.

Muchos de nuestros sabios marcaron el camino seguro que debemos seguir. Como el rabino Kalman Kalonymus escribió en Maor VaShemesh (Luz y Sol): “Cuando hay amor, unidad y amistad en Israel, no puede caer sobre él ninguna calamidad”.

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