“Entren ya!”

Seguimos leyendo los mismos artículos, pero debemos verlos de manera nueva cada vez, como si los leyéramos por primera vez. Si tomo el material como nuevo, es señal de que avanzo. El artículo es antiguo, como está escrito: «Y comerás una conserva vieja, guardada por mucho tiempo», pero cada vez  encuentro un nuevo sabor en ella.1

En cascada, de arriba hacia abajo, los mundos superiores nos abren el camino de abajo hacia arriba para que, eventualmente, descubramos que estamos en la parte inferior, al pie de la escalera y que debemos subirla. Todo está determinado, cada grado. La única opción es, si seguimos este camino a su debido tiempo (Beito) para cada parada, es decir, de acuerdo con un proceso predeterminado que va de un grado al siguiente o, aceleramos el tiempo (Ajishena), apresuramos nuestro ascenso de acuerdo con nuestro esfuerzo y así, cambiamos su carácter.

Todos los estados ya están predeterminados y podemos entrar con nuestro deseo, solicitando y haciendo esfuerzos para avanzar. Si vamos con el curso natural del tiempo, pararemos en cada grado, hasta que las condiciones del viejo grado nos obliguen a cambiar. Por lo tanto, será un viaje lento y desagradable.2

La parte interna de los mundos es la Luz superior vestida en deseos. La parte externa es el esfuerzo que hacemos para entrar en la interioridad y ascender. Siempre estamos en la externalidad y tenemos que lograr la interioridad con nuestro esfuerzo.

En cada grado, pasamos de la externalidad a la interioridad. La externalidad representa las condiciones que se nos dan, en las que necesitamos revelar la intensidad de nuestro esfuerzo, deseo, disposición, luego, seremos recompensados con la interioridad. Es como las líneas izquierda y derecha, desde donde se construye la línea media. Las etapas del logro espiritual siempre van de la externalidad a la interioridad.

El hombre primero pertenece a las naciones del mundo que están la externalidad de los mundos. Cuando comprende que es necesario alcanzar el otorgamiento y que es posible sólo en nuestra conexión y garantía mutua, alcanza la interioridad y se convierte en Israel. En cada grado recibimos nuevas condiciones y las implementamos pasando de la línea izquierda a la derecha.3

No podemos desconectarnos artificialmente de esperar recompensa egoísta, todo depende del alcance de nuestra conexión. Mientras más nos conectamos, más sentimos que dependemos del Único. Y cuando dependo del Único —el único principio, la única fuente— lo demás desaparece de mi campo de visión porque dejo de tomarlo en cuenta, lo relaciono todo con la única fuerza superior, junto a la cual no hay nada. Todo depende de nuestra conexión.4

La externalidad gobierna sobre nosotros para que podamos superar ese control externo en nuestro interior. Cada uno consta de una parte externa y otra interna y, con ayuda del grupo, del entorno y del estudio, debemos superar la externalidad para examinar la interioridad y conectar esta parte interna con los puntos internos de los amigos. Así llegaremos al centro de la decena, donde el Creador ciertamente nos está esperando.

Imagina que nosotros, es decir, nuestro punto interno, llega a una puerta pesada con ataduras de hierro, si todos estamos conectados, la puerta se abre y el Creador nos encuentra en el umbral diciendo: “Bueno, ¿dónde han estado? ¡Entren ya! La mesa está preparada y todo está listo para la fiesta”.5

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 17/dic/19, «Una sierva que es heredera de su ama»

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