Janucá: mitad del camino

Muchos piensan que lo más importante es anular el ego y separarse de él para llegar a ser tan sagrados que no puedan lastimar ni a una mosca, como ángel en el cielo. Es un gran error pensar que así se logra la corrección. Sólo nos separamos del mal, pero no lo corregimos; así no cumplimos el propósito de la creación.

Por lo tanto, Janucá es la mitad del camino: «detente aquí» (Januko). Aún tenemos una guerra por delante, enorme y única, pero ahora que tenemos el deseo de otorgar, tenemos un respiro. Esta pausa significa que cambiamos nuestro método para lo que quede de la guerra.

Al principio, la guerra se hizo para conquistar el deseo de otorgar, la fe por encima de la razón. Luego, comenzamos a trabajar con el deseo de recibir en bien del otorgamiento. Este es un enfoque totalmente diferente. Por eso, no se debe pensar que, separarse del ego, es el fin de la corrección. De hecho, es sólo la preparación para la corrección, que aún no inicia.1

¿Por qué no podemos continuar de la misma manera después de Janucá, sino que necesitamos nueva fuerza? Porque llega una Luz totalmente diferente. Antes de Janucá, crece nuestro deseo de otorgar, en pequeñez, Galgalta VeEynaim. Aún no luchamos contra nuestro ego, sólo nos elevamos por encima de él. No convertimos la inclinación al mal en bien ni usamos el ego para convertirla en santidad.

Al convertir al ángel de la muerte en ángel sagrado, construimos la imagen del Creador. Todo el mal que el Creador implantó en nosotros, lo transformamos a Su imagen.2

De la 3a parte de la lección diaria de Cabalá 22/dic/19, «Janucá«

1 minuto 4:25

2 minutos 7:40

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