Sólo con ayuda superior

Cada una de las diez personas en la decena, dirá algo distinto; llegar a una plegaria común, sólo es posible con ayuda superior. Pero la ayuda de arriba no llegará, hasta que pidamos ¿qué nos detiene para pedir? Todos tenemos un obstáculo: nuestro corazón de piedra no quiere sentir a ningún otro; es incapaz y no está preparado para hacerlo. La razón es el Creador mismo, que se interpone entre nosotros y no nos permite unirnos hasta que pidamos de forma apropiada. 

Él es quien interfiere con nosotros, porque Él creó la inclinación al mal. Por lo tanto, necesitamos rogar, gritar y pedir a Él, hasta que se cumpla “Mis hijos me han vencido”. Ya estamos en el umbral; sólo necesitamos dar un golpe común, para convencer al Creador. Él lo quiere y lo espera, pero Él nos tolera y Se restringe, aunque sufre más que nosotros.  

Es necesario pensar en este ataque, como en una guerra, movilizar todos los medios y las fuerzas para esta petición, llorar, pedir y molestar al Creador constantemente, sin dejar de sentir que Él es quien se interpone en nuestro camino y no nos deja pasar. Deben pensar en eso juntos, las 24 horas del día. Supongamos que no nos sentimos unos a otros, pero podemos sentir este punto común: el Creador que interfiere con nuestra unión. Y todo se alcanza sólo en la conexión -el inicio del alma está ahí. 

Esto se conoce como “irrumpir a través del Majsom”. El Creador yace en el límite del mundo espiritual y necesitamos convencerlo a Él, de que nos permita entrar. Él no es nuestro enemigo, pero insiste en esta condición: conexión, unidad y apoyo mutuo. Es necesario invertir todo el tiempo en este esfuerzo, avanzar hacia la respuesta, golpear constantemente en un solo punto.1

Nadie está preparado para este trabajo y mientras más grande es la persona, más grande es su ego. Pero a pesar del rechazo, necesitan ayudarse unos a otros y de nuevo sobreponerse. No debemos pensar en nuestras fallas, sino en cómo despertar los corazones de nuestros amigos. Así, no habrá problemas. Si cuido al amigo enfermo, me olvido de mi propia enfermedad, como una madre que cuida a su hijo enfermo. Así, me recuperaré rápidamente.2

El Creador no escucha a una persona, deben ser, al menos, dos e incluso diez, siempre bajo condiciones especiales. Pero Él ciertamente escuchará a la decena, si se dirige a Él como un solo hombre. En el mundo espiritual, la unidad individual es la decena unida como uno.3

Todos hablamos palabras distintas, incluso en distinto idioma, pero la esencia de nuestra petición es la misma: pedimos al Creador una sola cosa —conexión. Primero que todo, queremos conectar y a partir de nuestra unidad, entendemos lo que necesitamos. ¿Qué es lo que queremos? Queremos conexión, incluso cada vez más grande y más fuerte. Y así, a cada momento, más y más, sólo eso. Todo esto debe ser hecho por el Creador: “Aquél que hace la paz arriba, hará la paz sobre nosotros y sobre todo Israel”.4

Dirigirse al Creador es imaginar que estás bajo una esfera que te cubre y que lo determina todo. Luego, me dirijo a ese deseo, a la fuerza de esa esfera que organiza y controla toda nuestra vida, hasta en el más fino detalle, hasta la molécula más pequeña de mi cuerpo. Pido que esa fuerza lleve mi vida en línea con la esfera, para existir en armonía con ella.5

De la 2a parte de la lección diaria de Cabalá 24/dic/19, Escritos de Rabash, “Qué buscar en la asamblea de amigos”. 

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