Coronavirus, una lección de humildad

KabNet publicó mi nuevo artículo: «Coronavirus, una lección de humildad«

Esta no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una pandemia peligrosa, pero COVID-19 o coronavirus es, sin duda, único en su tipo. Ninguna otra crisis de salud en el pasado se extendió por el mundo como tsunami, básicamente no dejó ningún rincón del planeta sin afectar. Y la razón es que, como nunca antes, el mundo está más interconectado e interdependiente. Este sistema tan confuso y complicado de la naturaleza, nos enseña que pereceremos separados o prosperaremos juntos. Es la lección principal que nos enseña la crisis del coronavirus.

La peste negra, el SARS y la gripe española, la pandemia más mortífera hasta ahora, que mató a alrededor de 50 millones de personas en el mundo en 1918, fueron brotes de enfermedades generalizadas que afectaron profundamente a la humanidad. Pero nunca antes hubo un evento como el coronavirus, de alcance tan amplio y global, que llegó a todos y le dio una vuelta a nuestra vida, en un abrir y cerrar de ojos. La prohibición de viajar se hizo efectiva de inmediato, congeló nuestra obsesión de ser viajeros sin importar a dónde, siempre que pudiéramos escapar. Nuestra perspectiva sobre el dinero también cambió desde la crisis, nos obligó a evaluar las prioridades en la vida. Nuestro consumismo sin fin y nuestra búsqueda compulsiva de placer  se frenó repentinamente y afortunadamente, lo más probable, nunca volverá a ser igual. Tendremos que adaptarnos a un nuevo estilo de vida, más básico, sedentario y tranquilo.

“La situación muestra al mundo lo débiles y vulnerables que son los humanos frente a la naturaleza. Es una lección de humildad, cuando sentíamos que todo estaba a nuestro alcance, que era para nuestro uso y que teníamos derecho de explotar y usar lo que nos rodea sin tener en cuenta a los demás.”

Guerra contra nuestra naturaleza.

Además de las pandemias, la guerra siempre deja devastación por todo el planeta, generación tras generación. Antes, el mundo se dividía en campos para zanjar conflictos: alemanes de un lado contra alemanes del otro, rusos y estadounidenses, chinos y occidentales, iraníes e israelíes. Ahora, el mundo se convirtió en un pueblo y el coronavirus lo demuestra. En comparación con las anteriores, esta crisis afecta a toda la humanidad, sin hacer distinciones de antecedentes, origen, creencias o estatus en la sociedad. Gente común, funcionarios de gobierno, cónyuges de líderes mundiales y celebridades- nadie escapa al contagio.

La situación muestra al mundo lo débiles y vulnerables que son los humanos frente a la naturaleza. Es una lección de humildad, cuando sentíamos que todo estaba a nuestro alcance, que era para nuestro uso y que teníamos derecho de explotar y usar lo que nos rodea sin tener en cuenta a los demás.

En la naturaleza nada sucede sin una causa. La situación actual ofrece a la humanidad una nueva dirección y una nueva perspectiva, pues el problema no está dirigido, en específico a ningún país, región o líder, como sucedía en el pasado. Esta vez, todos navegamos por aguas turbulentas y en el mismo barco, debemos reconocer que el único enemigo con el que tenemos que luchar es nuestra naturaleza egoísta, la fuente del desequilibrio del mundo. El virus y otros problemas del ecosistema son resultado directo del daño que los humanos infligimos al sistema de la naturaleza, con nuestro comportamiento imprudente y abusivo, tanto para el sistema como para otros. En verdad, todas somos parte integral del mismo mundo, que funciona como una enorme maquinaria de ruedas dentadas e interconectadas.

Una cura para la humanidad

No está prohibido ni disfrutar ni sentir placer en la vida. Nuestro deseo de placer es la base de nuestra naturaleza y su satisfacción es precisamente el propósito de la creación: hacer el bien y dar placer a los seres creados. La pregunta es: ¿con qué propósito disfrutamos y más importante aún, a expensas de qué o de quién?

Por lo tanto, por dolorosa e inquietante que parezca la pandemia, el coronavirus realmente puede convertirse en medicina para los males de la humanidad, si aprendemos su lección principal: el único ángel de la muerte es el ego humano y hasta que nos elevemos por encima de él, podremos disfrutar de una buena vida. Se nos da un despertar para cambiar el rumbo y conectarnos, para que juntos podamos aumentar la fuerza positiva de la naturaleza que se revela en nuestras relaciones armónicas. Esta revelación que cambiará el mundo, es motivo de gratitud.

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta