El pánico por el coronavirus llega a Israel. Esto es lo que podemos aprender de él

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «El pánico por el coronavirus llega a Israel. Esto es lo que podemos aprender de él «

El coronavirus hizo Aliyá en Israel. Los israelíes ahora están en pánico por el virus que llena los titulares de los medios. Nadie sabe cómo se propaga, a través del agua o del aire, de aves migratorias o de un grupo de turistas surcoreanos. Hasta que se encuentre la raíz del virus, todas y cada una de las respuestas pueden ser “correctas”.

Sin embargo, parte de la responsabilidad está en nosotros, es decir, en la humanidad. Todos estamos bajo una presión especial y requiere que contribuyamos un poco en el trabajo con este fenómeno. Por lo tanto, además de las pautas y recomendaciones del Ministerio de Salud, debemos equilibrar el juicio y tratar de diagnosticar la causa raíz detrás de la propagación de ese virus amenazante, la causa general de todos nuestros problemas.

Según la sabiduría de la Cabalá, la naturaleza humana es el deseo de disfrutar. Este deseo crece y requiere el máximo placer con la mínima inversión. Mientras más crece, sin restricción, más queremos disfrutar a expensas de los demás. Así, el deseo egoísta, donde todos queremos disfrutar a expensas de otros, contrarresta el deseo general de la naturaleza: el deseo de dar placer.

Cuando no estamos en equilibrio con la naturaleza armónica, que opera de manera altruista, recibimos retroalimentación que indica que necesitamos revisar nuestra dirección y alinearnos con la naturaleza. Esa retroalimentación puede aparecer como brote viral, protesta en la sociedad, tiroteo masivo, huracán, ataque terrorista, es decir, cualquier forma a escala personal, social o ecológica.

Todos los altibajos que experimenta la humanidad, incluidas turbulencias del mercado, crisis entre individuos y países, ruptura de la unidad familiar, son resultado del desequilibrio entre el deseo de recibir, la naturaleza individual y el deseo de dar, la naturaleza global.

Se podría argumentar que el dolor nos ablanda y nos hacen más hábiles para acercarnos a la naturaleza, pero nadie desea sufrir y no hay mandamiento que nos ordene sufrir.

Por eso, hasta que aprendamos a conectarnos positivamente en la sociedad, por encima de nuestro deseo de disfrutar, sólo en beneficio propio, continuaremos cayendo una y otra vez, de muchas maneras diferentes.

La expresión más poderosa del ego es rechazar nuestra conexión.

La naturaleza nos lleva a acercarnos unos a otros, pero si nos fortalecemos dentro de nuestro ego, la naturaleza nos golpea mucho más fuerte.

Los golpes de la naturaleza podrían aumentar hasta el punto en el que los humanos no tendremos más remedio que entender que sólo juntos podemos lidiar con los golpes, de lo contrario moriremos.

La naturaleza, gradualmente nos lleva a un estado de conexión perfecta y en nuestro camino, necesitamos lidiar con el ego que resiste la conexión. Eventualmente llegaremos a un estado en el que, si no logramos conectarnos, todos caeremos, si tenemos éxito en nuestra conexión, todos alcanzaremos un nivel más alto de conciencia.

Si conociéramos el sistema total de la naturaleza, nos sorprendería ver que la más mínima conexión o desconexión entre nosotros, influye en el sistema colectivo de la naturaleza, para bien o para mal.

¿Por qué el sistema total de la naturaleza nos está oculto?

Porque si se revelara, no tendríamos conciencia: seríamos como rocas, plantas o animales, que actúan en equilibrio instintivo con la naturaleza, sin libre albedrío.

Dado que nuestros lazos de conexión son invisibles, regularmente necesitamos escuchar explicaciones de cómo estamos conectados y cómo podemos descubrir esa conexión, para discutir el sistema total de la naturaleza y nuestro papel en ella y así reconocer nuestro deseo egoísta de disfrutar, que es opuesto a la cualidad altruista de la naturaleza y amplificar nuestra necesidad de unirnos.

Además, no necesitamos esperar a que las crisis nos conecten por la fuerza. Podemos despertar y simplemente conectarnos, porque estaremos mucho mejor al conectarnos que al dividirnos. En otras palabras, existe una fuerza positiva en la naturaleza que revela nuestra conexión, al descubrir esa fuerza, experimentamos estados mucho más altos de felicidad, confianza, amor, libertad y paz de los que experimentaremos si fallamos al conectarnos.

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