El virus ablanda nuestro corazón

Estamos en un período especial, nos preparamos para salir de Egipto. Es una preparación multilateral, porque nos darnos cuenta de que estamos en la esclavitud egipcia, bajo el gobierno del faraón, nuestro ego que nos enreda y nos impide escapar.

Necesitamos sentirnos conectados, como en camisas de fuerza, en el cautiverio de nuestro propio ego, que gobierna todos nuestros pensamientos, deseos y acciones. Mientras más sentimos este poder extraño, más lejos estamos de la salida y de tener el deseo de escapar.

Cada día sentimos más el poder del ego. El coronavirus nos ayudará a darnos cuenta de que siempre hemos sido esclavos del faraón, aunque no lo notamos. Nuestra vida pasada la vivimos de acuerdo con leyes, reglas de conducta y programa del faraón.

Todo el mundo es Egipto, pero no nos sentimos esclavos de un gobernador malvado. Pensamos que la vida es normal, que tenemos un buen rey, que se preocupa nosotros. El faraón no nos exige nada, sólo honrar sus leyes y adorar sus valores.

Así era todo. De repente, apareció un poder extraño llamado coronavirus y nos muestra lo desagradable de nuestras relaciones y lo insoportable del poder del faraón. Esto es evidente si salimos de nosotros mismos y lo vemos de lejos, en lugar de aceptarlo como inevitable y como ley de la naturaleza.

Tenemos que revisar los lazos industriales y familiares que construimos, también nuestra actitud ante la vida y la muerte. No debemos volver a nuestras viejas costumbres. Este virus nos da oportunidad de resolver nuestro estado pasado. Analicemos y descubramos si queremos continuar con nuestra vida como si nada hubiera pasado.

¿Nos gustó esa vida? ¿qué alegrías tuvimos al viajar de un lugar a otro, comprando todo lo que los anuncios nos decían? Nuestra vida se construyó de acuerdo con la plantilla que nos impusieron los medios y los anuncios, que nos decían cómo pensar, qué comprar y cómo actuar.

Una revisión completa es el primer paso en nuestra corrección. Intentaremos evaluar qué fue bueno y qué fue malo. Ahora, imaginaremos un nuevo estado, una nueva vida y cómo podemos lograrla. Pues, incluso antes de la epidemia, nuestra vida no era tranquila.

No elegimos cómo vivir; el ego eligió por nosotros y nos empujó a construir esta sociedad, medio ambiente y mundo, pues era conveniente para él. Nos convirtió en enemigos de la naturaleza. La destruimos; quemamos y matamos plantas y animales, ahora, ya no haya ningún lugar en la tierra donde podamos vivir normalmente.

Construimos casas de concreto en las que nos escondimos y tememos a los demás. Nuestros niños van más lejos, se ocultan tras su computadora y no les queda más que el mundo artificial que les creamos.

El coronavirus que nos está sacudiendo, nos da oportunidad de ver dónde estamos, hasta dónde hemos llegado y quiénes somos. Tan orgullosos de nuestra mente, iluminación y libertad, pudimos habernos construido una vida diferente.

¿Quizá sólo somos animales desarrollándonos de acuerdo con el programa egoísta que la naturaleza instaló en nosotros? El ego nos obliga a tener relaciones que nos conducen a la guerra, a la destrucción y a la crisis mundial.

Hace tiempo que esperábamos que estallara una crisis. Y de repente, el coronavirus apareció. Es algo nuevo: no una crisis financiera ni guerra, sino la crisis de nuestras relaciones. En primer lugar, el virus está rompiendo nuestros lazos. nos obliga a aislarnos y a temer esta amenaza común. Hoy, toda la humanidad tiene un temor común, es bueno que no tengamos miedo de otros, sino de un enemigo común.

¿Quizá, con el miedo al coronavirus podamos conectarnos mejor, ayudarnos, estar cerca y sentir que pertenecemos a una humanidad? Así, ¿el coronavirus es nuestro amigo, nos ayuda, es la acción del Creador desde arriba y pudiera resolver la discordia y unirnos?

Imagina que tienes muchos hijos que constantemente pelean entre ellos, riñen y maldicen y no sabes cómo calmarlos. Ahora, de repente, aparece algo que resuelve las disputas, separa a los niños y en lugar de sus peleas, algo externo los inquieta. Una desgracia común nos une y nos da una razón para pensar y sentir lo mismo.

Veamos en este virus un medio para acercarnos más; suavizar nuestro corazón. Aunque lo asociamos con privación y miedo, no es así, surge del amor. Nos llega con amor, no con palos ni odio ni amenaza.

En lugar de separarnos, el virus nos da oportunidad de construir nuevas relaciones. El virus expresa nuestro ego, porque viene a donde hay egoísmo. Pues no necesitamos curar un virus, sino nuestro ego y así revelaremos nuestra maldad cada vez más y la dejaremos. Al convertir en buena nuestra actitud, lo curaremos todo.

Podremos abrazarnos sin temor ni a infecciones ni a virus. Todos estaremos conectados con buenos lazos de amistad. Todos pensaremos, primero, en lo que es bueno para los demás, después y en consecuencia, nos acercaremos unos  a otros.

Es decir, me elevo por encima de mi ego, descubro qué es bueno para los otros y así, formo conexiones con ellos. Es como en el orden del trabajo espiritual: auto-restricción, pantalla (no trabajo con mis deseos) y Luz reflejada (deseo de otorgar para hacer bien).

Resulta que todas las crisis fueron para nuestro beneficio. Está escrito «Nadie es cruel en el dominio del rey». Lo único que necesitamos es avanzar rápido y lo más importante son las acciones espirituales, no las físicas.

De lo contrario, la oportunidad de corrección que nos trae este virus, se disipará. Y la naturaleza nos empujará con medidas más duras, no debemos esperarlas. Avancemos en su dirección y ayudémosla por nuestra propia voluntad.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 18/mar/20, lección sobre:»Pésaj (Pascua)»

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