En la línea roja

La epidemia de coronavirus afecta a todo el mundo, sin importar dónde sea; Italia, Israel, Corea o Rusia. El mundo entero está preocupado. El virus se propaga sin reconocer fronteras y no hay un fin a la vista. Los expertos predicen que la epidemia durará un año hasta que aparezcan algunos medios para combatir el virus.

El coronavirus cambió en forma importante la relación de la gente en la sociedad humana al plantearnos preguntas serias. ¿Qué se debe hacer para que podamos volver a la vida normal? ¿qué nos exige la naturaleza y por qué nos trae tantas sorpresas? ¿cuál es la solución a los problemas que enfrentamos en nuestra vida?

Por un lado, estos problemas nos muestran lo conectados y dependientes que realmente somos. Por otro, que nuestra conexión no es amable y necesitamos aprender a cambiarla. El coronavirus acaba de comenzar a revelar la gravedad de nuestra afección. La situación no es tan mala todavía.

Veamos qué sucederá una vez que los países de América y Europa cierren sus fronteras. La humanidad volverá a las barreras fronterizas.

La única solución es averiguar a fondo cuál debería ser nuestra conexión correcta y cómo construir relaciones suficientemente buenas para que ningún virus pueda penetrar. El virus es una señal de que nuestra conexión es incorrecta.

El coronavirus es un problema común, por eso, requiere una unidad correcta y garantía mutua de toda la humanidad. ¿Por qué constantemente vienen nuevas desgracias sobre nosotros? ¿por qué la naturaleza siempre nos golpea con un látigo, a cada uno por separado y todos juntos?

¿Por qué estos golpes, año tras año, son más fuertes y por qué se extienden tanto, que envuelven a toda la humanidad? La naturaleza trata de llevarnos a la conciencia de la necesidad de la garantía mutua para que nos volvamos como un hombre, un sistema.

Todos, en el mundo, necesitamos comprender que:

  • El coronavirus no es coincidencia, sino parte del proceso por el que las fuerzas de la naturaleza guían a la sociedad humana. Es su esfuerzo por unirnos en un sistema.
  • En este sistema único, hay leyes que la naturaleza nos obligará a adoptar, si no voluntariamente, “con un palo”. El coronavirus es una de las desgracias enviadas a la humanidad para sacudirla y forzarla a que haga introspección, para que aprendamos a vivir correctamente.

Idealmente, tenemos que ser como un hombre con un corazón, en un sistema. No hay salida. Tendremos que lograrlo. La epidemia de coronavirus es la primera plaga en una cadena de ataques que se revelarán mensualmente. Pues, si nos tratamos mal, damos lugar al virus. Parece que falta la garantía mutua que deberíamos haber creado.

El objetivo de la creación es llevar al hombre a una buena conexión, a amar al prójimo como a sí mismo. Si no lo hace, habrá problemas que actuarán como remedio y que nos empujarán hacia la conexión.

Nos vemos y no nos deseamos lo mejor. Las miradas desagradables y las palabras críticas se materializan y pasan de uno a otro en forma de virus.

La humanidad depende cada vez más de otros, en industria, comercio y en todo lo demás, pero al mismo tiempo, no mejoramos nuestras relaciones humanas. Nuestras relaciones están en contradicción con los lazos crecientes entre nosotros; Me conecto con todos en la Tierra, pero con el objetivo de exprimirles todo el jugo. Cuando estas conexiones se vuelven insoportables, la naturaleza las golpea y las rompe.

Imagina que el mundo se separa de China, Japón y Corea del Sur, cómo afectará al sector manufacturero. Incluso si la producción de algún pequeño elemento electrónico se detuviera, la mitad del mundo se detendría. Debemos organizamos correctamente en el nivel humano. No seguimos la ley de garantía mutua. Se exprime hasta la última gota de todo, para que la élite pueda ganar unos cuantos millones de dólares más.

El virus ya provocó despidos masivos. No parece que esta ola disminuya. Parece que sacudirá a toda la humanidad para que sintamos que llegamos a la línea roja y que la naturaleza ya no nos permitirá vivir así.

Por primera vez en la historia de la humanidad, entendemos que lo que sucede es un golpe desde arriba, como los hechiceros egipcios le dijeron al faraón, que una de las plagas venía de la mano de Dios. Todos sentirán que es castigo de lo alto y que de arriba nos están deteniendo.

Cuando veo mal a otro, le estoy transmitiendo el virus. Pues, todos estamos atados a un solo sistema y al pensar mal de alguien, traigo al sistema, un virus negativo, una señal negativa, rompo la garantía mutua. Puede ser sólo un pensamiento, pero todos estamos interconectados por pensamientos, conversaciones y acciones.

Lo queramos o no, estamos encerrados en una esfera común. Por eso no es importante si lo hablo, escribo, pienso o hago con las manos. El efecto del pensamiento es aún mayor, tal como se dijo «todo se resuelve en el pensamiento». El pensamiento se materializa en acciones físicas.

Las amenazas invisibles se extienden entre nosotros. Estamos en un campo de conexiones. El pensamiento es el nivel más alto de conexión y desciende a niveles más simples. Podemos corregir todos los virus en el pensamiento. La garantía mutua es nuestra interconexión correcta a nivel de pensamiento. Si lo mantenemos, no habrá necesidad de nada más, incluidos medicamentos materiales.
[261406]
De la lección diaria de Cabalá del 7/mar/20

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