No te sueltes de Él

El objetivo es unirse y conectar en una decena corregida que luche por alcanzar equilibrio, conexión y equivalencia de forma con el Creador.  En esa medida, podrán conectarse entre sí, como las células del cuerpo y organizarse más correctamente para otorgar al Creador. Así, al menos esa parte del cuerpo roto de Adam HaRishon volverá a vivir y absorberá a sus otras partes y causará la corrección de todos los sistemas del alma general.1

Para llegar al palacio del Creador, necesitamos unirnos y construirlo. El palacio oculto del Creador no existe; aparecerá sólo si lo erigimos. Y así, formamos la vasija desde nuestro deseo egoísta. Sentimos rechazo mutuo y no nos queremos unir. Es nuestra naturaleza. Pero si por encima de esa naturaleza, exigimos al Creador la fuerza de la unión, Él nos junta, nos adhiere y se viste en la vasija creada por Él.

Esto es llamado el trabajo del Creador, pero es generado por nuestra demanda. Por lo tanto, nos debemos unir al grupo y sentir rechazo mutuo. Pero el odio no lo sentimos, a menos que hayamos hecho esfuerzos por unirnos y hayamos revelado que somos incapaces de hacerlo. Al luchar contra el rechazo, elevamos una plegaria común para el Creador y Le exigimos que nos una. Si nuestra petición alcanza la fuerza correcta, la profundidad y el número de personas que pide, es decir, la decena; si podemos exigir, el Creador hace el trabajo.

Por lo tanto, todo nuestro trabajo es causar el trabajo del Creador. Obligamos al Creador a terminar el trabajo y Él lo hace; está dicho: “Mis hijos me han vencido”. Los hijos piden y el Creador hace, así como nosotros cumplimos las demandas de nuestros hijos. Ellos saben cómo suplicar a sus padres, nosotros necesitamos aprender de ellos la forma de suplicar al Creador, para que Él pueda hacer Su trabajo. Él está esperando que le pidamos.

Por consiguiente, vamos al congreso a construir la plegaria para el Creador llamada oración, Le pedimos que una lo que rompió. Cuando pedimos corrección, empezamos a ver nuestros defectos, lo que necesitamos pedirle que corrija, sentir el estado perfecto en la vasija corregida, hecha con deseos egoístas y que Él, llene esa vasija con la fuerza del amor y la unidad.

Resulta que usamos cada parte de la vasija, deliberadamente fragmentada, para aprender a armarla como piezas de Lego, así como el niño que gracias a que lo hace, se desarrolla y crece, así recibimos el verdadero Kli espiritual.

Luego el Creador dice: “Ustedes me hicieron”. Nosotros creamos al Creador al unir los fragmentos rotos de la vasija, es decir, nosotros mismos cuando pedimos al Creador que nos conecte y nos de plenitud.2

Obviamente, somos incapaces de salir de nuestro egoísmo. Es imposible hacer nada con él. Pero si intentamos incluir la fuerza de nuestros amigos en nosotros, así todos recibimos fuerza de los demás y sólo bajo esta condición podemos superar nuestra inclinación al mal.

Después de todo, el mal fue creado en nosotros como resultado de la ruptura de nuestra conexión, cuando estuvimos en el sistema de Adam HaRishon. Por eso, cuando la conexión se rompió, nuestra maldad se volvió diez veces más grande que la fuerza individual de conexión de cada uno. Esa es la razón por la que el mal en el mundo, excede todas las fuerzas del bien.

Pero si nos unimos con la pequeña fuerza de otorgamiento de cada uno, nuestra fuerza de otorgamiento se vuelve más grande que las fuerzas egoístas que surgieron durante la ruptura y podemos dar esta fuerza de otorgamiento al Creador para que Él pueda revelarse.3

La integración mutua tiene una propiedad única. A pesar que yo sólo tenía una pequeña fuerza en el sistema de Adam HaRishon, después de que el Creador nos fragmentó, me integro con todos por encima de la fuerza de separación; y así, cada uno se vuelve diez veces más fuerte que la fuerza de conexión que existía en este sistema de Adam HaRishon. Si estuvimos en el primer grado en el sistema de Adam HaRishon, hoy, después de la corrección, nos podemos elevar al décimo grado.4

No nos gusta trabajar contra el deseo, lloramos. Es difícil trabajar en contra el deseo y nadie quiere hacerlo. Si tengo esperanza de ganar algo, trabajaré con gusto. Pero si no veo ninguna ganancia y trabajo sin deseo, estoy triste.

“La Divinidad está presente sólo en un lugar santo, no en un lugar de carencia ni en un lugar defectuoso ni en un lugar de tristeza, sólo en el espacio adecuado, un lugar de alegría”. Está escrito: “Sirve al Señor con alegría, ve ante Él cantando. No sirvas al Creador, a menos que sea con alegría”. Está escrito en el libro del Zóhar.

Al final, quiere decir que queremos trabajar. Si lo hago y derramo lágrimas, no se considera que hice algo, porque en espiritualidad, no es la acción lo que cuenta sino la intención, la intención se mide sólo por la alegría, según mi deseo: ya sea que deseo trabajar o no. Si trabajo por la fuerza, bajo el palo, generalmente no se considera trabajo. Puedo hacer muchas cosas durante mi vida en este mundo y no se considera que hice algo. Al final, no hice nada por mi propio deseo.

Este es un gran problema; necesitamos ponerle atención. De lo contrario te preguntarás “He hecho tanto, sacrificado tanto! ¿dónde está mi recompensa?” ¿Realmente querías dar y amar, conectar con los demás, integrarte con ellos? ¿o hiciste tu tarea, trabajaste sin deseo, sin intención y ese trabajo no cuente? Muchos dejan este mundo con lo mismo que llegaron, es decir, sin nada en las manos.

El Creador sólo puede ser servido en alegría, sólo si quiero ser otorgante. Pero ¿no quiero ni puedo otorgar? Correcto. El Creador deliberadamente lo hizo así para que no pudiera. Pídele a Él la fuerza de otorgamiento ¿por qué no pediste? No te sueltes de Él hasta que lo consigas.

Y cuando recibas la fuerza de otorgamiento y veas que todo el mundo necesita tu ayuda y que puede recibirla sólo a través tuyo, estarás contento de cada una de tus acciones. Todo está bien, sólo nos falta entender que necesitamos exigir al Creador la fuerza de otorgamiento, quejarnos y suplicar a Él como niño pequeño.5

Del Congreso Mundial de Cabalá 2020, “Conectando a la raíz de la vida”, «día uno» 25/feb/20, “Nos hemos reunido aquí”, lección 1
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