Qué nos enseña el coronavirus

La humanidad ha recorrido un largo camino en su desarrollo y llegó al punto en que comienza a sentirse como un organismo. Debemos agradecer al coronavirus por traer unidad al mundo. Si la epidemia se prolonga, la humanidad descubrirá que, en realidad pertenecemos a un sistema y que dependemos unos de otros.

Hasta ahora, esta dependencia se expresa en que, por miedo a la infección, me alejo de los demás y me desconecto de la conexión negativa.

Pero empecemos a revelar una dependencia positiva. Si nos conectamos correctamente, comenzaremos a producir virus positivos.

En este momento, la naturaleza nos muestra un virus dañino, como revelación del mal. Pero, debemos continuar este proceso para entender la bondad, descubrir que al unirnos, podemos tener gran éxito.

La solución principal no está en parar los vuelos aéreos ni en reactivar la economía paralizada, sino en nuestra conexión. El virus comenzará a desaparecer si hay al menos un ligero cambio hacia la unión y veremos que no queremos romper nuestros lazos, queremos conectarnos. Y queremos contactarnos, no para dar la vuelta al mundo, sino porque queremos estar conectados.

Nuestra conexión anterior fue pobre, pero ahora fundaremos una buena conexión. Es la medicina que queremos usar en esta condición crítica: restablecer nuestra conexión, pero en un nivel completamente diferente, siendo amables y no usarnos unos a otros. En virtud de nuestra conexión, derrotamos cualquier maldad y todos los virus y, llegamos a una buena vida.

La naturaleza nos guiará a la meta de todos modos, si estamos dispuestos a avanzar, no nos infectaremos con ningún virus en el camino. Todo depende de que pidamos la corrección de nuestras relaciones. Esta comprensión debe ser extendida por todo el mundo, en todas sus formas: pensamiento, diálogo y acción. Así, el poder superior, la naturaleza, hará su trabajo. El poder superior une todas las partes de la creación. Queremos corregir el nivel humano, donde ocurrió la destrucción, volverlo a su unidad para poder verlo en su forma verdadera, no distorsionada por nuestra visión egoísta. Al corregirnos a nosotros mismos, corregimos la realidad.

El coronavirus revela nuestra interdependencia negativa. Primero, descubrimos que no podemos sobrevivir sin estar juntos, sin ganar unos de otros. Nos debe quedar claro que cada uno es sostenido por todo el mundo. Pero continuará sólo con la condición de que nuestra conexión se vuelva positiva. La conexión negativa destruye a la humanidad y no podemos seguir existiendo así. El mundo caerá en tal estado que nadie tendrá nada para comer ni respirar.

Imagina lo hermosa que sería la vida si la humanidad estuviera unida  en un sistema integral, como las otras partes de la naturaleza, inanimada, vegetal y animal, una humanidad donde cada uno incluye a todos en sí mismo. ¿Dónde podemos obtener la fuerza que nos una en un organismo, nos amarre y pegue a un solo sistema? Es obvio que en un sistema tan perfecto, todos estaremos bien. Desde luego que si nos quedara claro que ver con amabilidad a los demás, nos curaría del coronavirus, todos nos volveríamos justos al instante.

Pero eso no es lo que el poder superior requiere de nosotros. Debemos darnos cuenta de que tenemos que luchar para saber otorgar, no para obtener ganancia egoísta. Debemos pensar en los demás, no en uno mismo. Y cuando todos nos sintamos bien, dejaremos de enfermarnos.

Mientras tanto, la epidemia continúa y tenemos mucho que aprender…
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De la 3a parte de la lección diaria de Cabalá 11/mar/20, Baal HaSulam, La paz

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