Coronavirus: viendo hacia delante

Es como si nos hubiéramos convertido en participantes en un guión de Hollywood y estuviéramos siguiendo el desarrollo de los eventos desde dentro ¿podremos entender la esencia de lo que sucede y anticipar el resultado?

Ya es claro, el coronavirus se convirtió en uno de esos eventos raros, impredecibles con consecuencias a largo plazo que Nassim Taleb llamó “cisnes negros” (eventos no previstos con consecuencias extremas). Más tarde, en retrospectiva, todo se volverá claro y lógico, pero algo ya sucede ahora. Tenemos unas semanas o meses de reflexión ante nosotros y no sería muy sabio perder la oportunidad. Pues, no hay accidentes en la naturaleza y dado que las condiciones necesarias ya están, debemos usarlas con un propósito y no sólo esperar que venga el final.

Frente a nosotros, aparentemente, están varios meses de un estilo de vida inusual. Incluso después de que termine, no regresaremos a la rutina previa. Nuestra vida diaria será diferente ¿cómo exactamente? Depende de si queremos responder las preguntas principales que nos plantea el virus.

“Cuando todo termine, nos preguntaremos por qué tenemos que ir a trabajar a la oficina, ir a la escuela a estudiar o entrenar o ir a comprar en la tienda”, escribe Einat Wilf. Tal vez, ese será el momento en el que dejaremos atrás las estructuras de la revolución industrial.

Analistas, científicos y dirigente de compañías ya están discutiendo el nuevo paradigma digital, cambiando el enfoque de producción, su eficiencia, toma de decisiones y seguridad. La pandemia resaltó el hecho de que nuestro pensamiento inerte no está a la par del ritmo de la tecnología moderna.

Esto, sin embargo, es sólo parte de la imagen. Pues, no se trata tanto de tecnología: el punto es justo el concepto de éxito. Si no perdemos la oportunidad, la humanidad desechará mucho de lo superfluo y vivirá externamente más simple y prácticamente y además, su vida interna será más plena y multifacética. No sólo cambiará nuestra forma de vida, sino la forma en que pensamos y sentimos.

En este punto, lo único que queremos es que todo termine, pero vamos a juntarnos y ver los hechos de frente ¿qué nos dice la situación actual? ¿qué otras enfermedades del mundo nos revela el coronavirus?

El ministerio de salud no nos lo dirá. Sus directivas sólo nos desconectan y nos alejan de la vida que impone la sociedad, de sus valores actuales, ocio y pasatiempos. De pronto, la responsabilidad mutua dejó de ser una simple frase. Las prioridades están cambiando dramáticamente. El entretenimiento se está mudando al espacio virtual.

Es un preludio muy sombrío, pero no trágico. Intentamos aclimatarnos a un nuevo marco. Incluso estamos ayudando a otros, a extraños, eso ayer era una tontería para muchos. Por una parte, estamos limitados. Por otra, estamos descubriendo cosas nuevas inusuales. Es similar a un niño en desarrollo dirigido por su nodriza, ¿no es así?

Siguiendo la ruta de los enfermos, vemos cafés, restaurantes, tiendas, centros comerciales, supermercados y salas de banquetes. En realidad, esta línea punteada de una institución a otra construye casi toda nuestra vida. Viajamos al extranjero y es lo mismo en todos lados: se repite sin fin. Aún cuando en realidad no, sí es finito.

Ahora, viéndolo desde un costado, nos volvemos un poco más maduros y sabios. Imperceptible e implícitamente, una nueva sensación surge en nosotros. Tenemos una nueva actitud hacia ocio y entretenimiento, también hacia otros y hacia nuestra propia vida. La forma antigua se desvaneció como si los lentes se hubieran caído de nuestros ojos y nos expusiéramos a colores nuevos y brillantes.

Lo que hoy parece una prisión, en realidad, nos da la oportunidad de comenzar a tratarnos de forma más profunda y seria. Nos hacemos preguntas que, hasta ahora, fueron diligentemente oscurecidas por el paradigma previo.

En realidad, tenemos una oportunidad sin precedentes para reflexionar. El virus nos está llevando hacia la purificación y a una especie de desinfección de la mente y sensaciones. Está elevándonos hacia un nuevo nivel de pensamiento, entendimiento, deseo y conexión. Sin siquiera saberlo, ya estamos en contacto con un sentido que previamente no teníamos.

Adelantemos la cinta; el virus no será sólo una amenaza, también se convertirá en un descubrimiento. Debilita no sólo al cuerpo, sino conceptos y dogmas caducos, nos abre la puerta hacia un nuevo estado de la humanidad.

Nuestro primer impulso fue cerrar la puerta, calmar la situación y eliminar el obstáculo de la forma acostumbrada. Pero espera, no cierres la puerta de la conciencia. En la naturaleza -en ese sistema integral y único- no hay nada malo, nada equivocado. Todas sus respuestas son verdaderas y útiles incluso si, en cierto modo, son destructivas.

No puedes  luchar contra el virus descontando simplemente el sistema en el cual vivimos. El sistema no se irá a ningún lugar y continuará defendiendo su equilibrio ¿de quién?, podrías preguntar. De nosotros. Somos nosotros los que sacudimos el equilibrio general al sacudir el barco. Estamos orientados a consumir al mundo y a los otros en aras de alardear de forma tonta, por el deseo de estar en una posición más elevada y mejor en comparación con otros. Toda nuestra vida está subyugada a esta tarea, oculta detrás de muchos decorados que se ven sólidos pero son huecos.

Como resultado, en el nivel ambiental, destruimos conscientemente la tierra, Greta Thunberg está en lo correcto en este punto. Más importante, arruinamos la ecología social y fracasamos precisamente en la tarea que nos fue asignada por el sistema.

Nuestras relaciones y todo nuestro “progreso”, actúa en oposición a la naturaleza. Traemos desequilibrio y falta de armonía a todo lo que tocamos. Intentamos conquistar el sistema que nos dio a luz. Exigimos de la naturaleza que nos obedezca en nuestros juegos infantiles y sin sentido.

Por supuesto, la naturaleza está en contra. No es coincidencia que el virus nos fuerce a construir vidas más sanas y relaciones más responsables, a abandonar la producción innecesaria y a cuidar a otros.

Tal vez, crearán una vacuna o cuando la mayoría supere la enfermedad, dejaremos el aislamiento, siendo más maduros y viviendo de forma diferente y mejor. Tal vez le daremos significado a esta pandemia, que hasta ahora parece un “cisne negro”, un obstáculo desafortunado y no previsto en nuestra línea punteada.

Más tarde, se encontrará una explicación lógica para todos los “cisnes negros” ¿pero qué explicación daremos? ¿qué evita que lo hagamos ahora?

Por décadas, hemos deambulado por ilusiones de consumo, destruyendo la vida de futuras generaciones. Nos convertimos en ruedas dentadas de una maquinaria de sobre-producción global e indiferencia, que produce basura y quema recursos humanos y naturales en aras del egoísmo ¿para qué volveríamos a esto?

Incluso si consumiéramos dos o tres veces menos, nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos tendremos una vida más sana y colmada de alegría, mucho más creativa, duradera y universal. Un infortunio común puede ser trampolín hacia el éxito común.

El virus, en realidad, nos da oportunidad de sobrevivir. La naturaleza, a diferencia de la humanidad, no arruina ni destruye nada; sólo desarrolla, arregla y corrige. Nuestra percepción aún no ha llega a esa imagen, pero ya podemos extrapolar a partir de nuestro conocimiento, adelantarnos un poco y mirar más allá del horizonte descrito.

Veremos lo hostiles que fuimos con la naturaleza. Como un grupo de guerreros tártaros, pisoteamos los campos de la naturaleza y arrogantemente intentamos someterla a nuestras demandas egoístas.

De pronto nos veremos frente a la naturaleza y cada uno es toda la humanidad. Cada uno es personalmente responsable por mantener el equilibrio del sistema de la naturaleza. El individuo y el colectivo son iguales, dicen los cabalistas.

El virus es resultado del desequilibrio causado por los humanos en el sistema general. El humano es la parte que va al frente del sistema. Todos los impulsos del sistema están vinculados y se enfocan en nosotros. Dentro de sistema, aprendemos a responder el uno por el otro y además a responderle al sistema en sí.

No olvidemos cumplir con la distancia prescrita, quedarnos en cuarentena, cuidar a nuestra familia y ayudar a otros lo más posible. Ignorarlo sería como enterrar la cabeza en la arena mirando el pasado, cuando el mañana aún está en camino. La humanidad difiere de los animales en que se nos dotó de imaginación y sabemos cómo anticipar el futuro y ver hacia adelante. Nuestro “cisne negro” es mucho más de lo que nos parece.
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