Después de la pandemia

El mundo parece estar en un puente angosto, lo principal es no tener miedo de dejar atrás el pasado. Tenemos otra preocupación: cómo enfrentar el futuro sin chocar con su espalda, sino afrontando adecuadamente el inevitable mañana

“Sólo si no colapsa, se repara”, dicen. Y añaden, “Algún día”. Yo digo “No se recuperará”. Pero el colapso no es necesario. Todos tenemos la tarea de sobrevivir al actual período, con el mínimo de pérdidas.  Para lograrlo, necesitamos ahorrar nervios y recursos, apoyar a los demás, relajarnos, pero no “desconectarnos”. Y lo más importante, necesitamos entender lo que está sucediendo, para que las consecuencias de la crisis no nos tomen tanto por sorpresa.

Para empezar, sentémonos y tomemos un respiro. El ser humano no fue hecho para el embrollo. Fue creado para pensar y actuar. Así que pensemos: en realidad, ¿qué perdimos? ¿qué nos motivó en esa vida? ¿para qué vivimos? ¿qué hicimos útil y con sentido? ¿qué preparamos para el futuro de nuestros hijos?

Francamente, sólo nos servimos uno a otro por dinero. Con o sin afán, cumplimos el principio formulado claramente por nuestros sabios hace miles de años: “Vayan y saquen provecho unos de otros”.  Parecía que funcionaba. Pero ¿qué atención nos dimos, que nos agotamos como hámster en su rueda de consumismo, sin pensar en nada más?

Imagina por un segundo, si venimos de otro planeta desarrollado y nos vemos unos meses atrás, no habría sido muy buena imagen. No, no en el sentido tecnológico, sino en lo más esencial de nuestra conmoción y ajetreo. Su “beneficio”, como el smog encima de la Tierra, ya se está empezando a dispersar.  Y de pronto, el virus llegó. “Deténganse, paren”, nos dijo. “Miren lo que han hecho al planeta y a ustedes mismos”. Miren más allá del mañana”.

Si realmente analizamos, sin maquillarlo, veremos que íbamos, no sólo hacia el colapso ecológico, sino que pudo haber llegado una guerra. De hecho, íbamos hacia los brazos de la guerra, hacia un estado de globalización desesperada, hacia un callejón sin salida de contradicciones. Así es la naturaleza humana: Cuando se está procesando una masacre, la sacamos de nuestra conciencia y al mismo tiempo, la toleramos, incluso la invocamos.

Aún no llegamos a ese grado de avance, pero la avalancha de consumismo desenfrenado llevó a la humanidad hacia el abismo. Paradójicamente, el virus nos está salvando. Fuimos salvados del egoísmo, en la necesidad de “absolución”, para restablecer el mercado de consumo.

Así que ¿vale la pena regresar? ¿qué olvidamos? ¿hay vida después del virus?

Estamos empezando a conocer de nuevo a nuestra familia, a nuestro mundo y a nosotros mismos.

Antes, muchos sólo dormíamos en casa, ahora vivimos ahí. Usábamos el internet por diversión, ahora nos conectamos con otros.

Hay muchas formas. Por supuesto queremos regresar a la rueda del hámster, con su variedad de placeres constantemente nuevos y distintos, tras los que ir y estar incluso dispuestos a soportar los dolores de que nos empujen desde atrás. Pero aún sin quererlo recordamos la amenaza del colapso, los crímenes desenfrenados, la supresión del malestar, las interrupciones en el abasto y la búsqueda del culpable. Finalmente, podemos usar este período para la reflexión.

Por supuesto,nada es fácil, no todos pueden “aguantar el golpe”, pero la experiencia misma, el cambio de ritmo, la perspectiva ¿no nos da un respiro? En los días despejados de trabajo, en una tarde de calma poco usual, escuchamos el eco de algo nuevo. Estuvimos sentados en casa, como niños en su escritorio para aprender algo, para que este “período” no sea en vano.

En cualquier caso, no podremos salir de la crisis tan pronto como entramos. Lo que está pasando ahora, no es pausa, ni vacaciones, ni destierro. Es un despertar. El virus no nos venció, más bien nos sacudió, nos regresó a la realidad, nos da oportunidad de tomar cuidadosamente el timón.

Hoy nos confronta con la necesidad de redefinir nuestros valores en los albores de una nueva era que requiere una actitud diferente hacia los demás y encontrar el propósito que impedimos. El viento se llevó las ilusiones y nos muestra la verdadera imagen. Así que ¿vamos de nuevo a dejar que la mente se nuble con espejismos? ¿nos reconciliaremos con el pasado, con la vanidad eterna, con la abundancia externa y con la devastación interna?

El mundo parece estar en un puente angosto, lo principal es no tener miedo de dejar atrás el pasado. Tenemos otra preocupación: cómo enfrentar el futuro sin chocar con su espalda, sino afrontando adecuadamente el inevitable mañana.

Nosotros mismos creamos una carrera de ratas y ahora podemos salir de ahí sin tanto golpe externo. Pues, lo principal es lo que está dentro: nuestras conexiones, nuestras relaciones, nuestra participación, la reciprocidad. Es suficiente lograrlo y todos los mecanismos —sociales, financieros, comerciales— empezarán a reestructurarse conforme al nuevo paradigma.

Pensemos en ello: ¿por qué vivimos? ¿cómo podemos construir nuestra vida de forma diferente, sobre principios distintos? La puerta para salir del egoísmo sin límites está abierta, usémosla mientras nuestro ego está golpeado y mudo.

Las aeronaves están en tierra, los barcos en los puertos, deberíamos estar en la escuela. No es humillante. Al contrario, tenemos oportunidad de hacer realmente algo por nosotros mismos.

Toda la vida estuvo dedicada a evitar esa pregunta. Preocupados ante la muerte,  justificandonos lo más posible. Sin embargo, el virus sugiere algo más. Así no podemos huir de la muerte. Para superarla, debemos sobreponernos al egoísmo que nos mata. Nuestro ego limita, nos da una sensación imperfecta y miserable del mundo, con las demandas de nuestro cuerpo. Sintamos el mundo en nuestra estructura general interna, en el alma. Así lo veremos totalmente distinto, infinito, eterno y perfecto.

No tiene nada que ver con la religión. La ciencia de la Cabalá no promueve ninguna creencia. Simplemente desarrolla el alma del hombre y nos hace felices. Ahora, cuando todos nos sentimos dentro de un mismo barco, debemos unir nuestros remos y dirigirnos a un mundo sin fronteras entre los corazones. Así, las barreras que quedan y nos  dividen, desaparecerán. El mundo del mañana se está construyendo ahora.
[262055]

Material relacionado:
Causa y solución más profundas del coronavirus, según la Cabalá
¿Cómo será el mundo después de la epidemia?
El coronavirus está cambiando la realidad, parte 3

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta