¿El coronavirus es sólo el comienzo?

El nuevo coronavirus 2019, COVID19, paralizó las mega ciudades y se filtró en todo el mundo. Para mí, no es sólo otra epidemia, sino un indicador de procesos globales que suceden en la humanidad.

Nuestro mundo no es estático; está en desarrollo y su desarrollo está siendo negativo. No es el clima ni la epidemia, eso es sólo la consecuencia. La razón está en la materia original del universo: nuestro deseo egoísta. Esta máquina de movimiento perpetuo nunca se detiene y aún no aprendemos a trabajar con ella correctamente.

La sabiduría de la Cabalá nos abre el mundo desde una perspectiva más profunda. No es lo que parece ser ni lo que queremos que sea. Preferiríamos crecer y vivir en un entorno inmutable y comprensible, en un entorno familiar, pero el mundo cambia, sus leyes son dinámicas.

El sistema cuyos recursos usamos no es un almacén; es un organismo vivo en el que todo está interconectado. No hay impulsos aleatorios ni explosiones repentinas; eso nos parece a nosotros. A veces, incluso los animales lo perciben mejor que los humanos.

Puesto que los humanos son las criaturas más desarrolladas, la parte clave del sistema general, casi todas sus respuestas las causamos nosotros, de una forma u otra. Los cambios negativos en la naturaleza humana conducen a cambios negativos en la naturaleza.

Aunque, ese no es egoísmo per se. Su crecimiento es natural y programado. El problema es que no restituimos y soportamos lo que sucede. Incluso creemos que así debe ser.

En Cabalá, esa restitución, ese equilibrio del ego con la fuerza opuesta se llama corrección. Rechazarlo causa sufrimiento. Incluso, si no vemos la conexión, funciona y no hay nada sorprendente en la nueva cepa viral. El sistema del universo es uniforme.

Responde al desequilibrio humano en diferentes niveles. Por eso, la lucha contra el virus, es una lucha contra sus consecuencias, que, en el mejor de los casos, suaviza el golpe, pero no es una soluciona drástica. Es decir, hay nuevas epidemias por delante, causadas por nuestro desequilibrio. Mientras prevalezca el lado negativo dentro del hombre, no tiene sentido esperar paz ni tranquilidad.

Por supuesto, no estoy reprendiendo a nadie. Hablo de la realidad, de nuestras relaciones como son ahora. Si somos honestos con nosotros mismos, no será difícil encontrar veneno en todo lo que nos conecta. Tratamos de compensar artificialmente el veneno con moralidad, leyes, corrección política, buenos comerciales, campañas; sutiles y crudas.

Sinceramente espero que el bien prevalezca en nosotros. Aunque, es autoengaño. Es imposible equilibrar nuestra naturaleza y actuar de acuerdo con sus reglas. El verdadero equilibrio está en elevarnos por encima de nosotros mismos para llegar a la unidad. Lo demás es paliativo.

En la actualidad, el desequilibrio en el hombre está alcanzando un nuevo nivel, la naturaleza reaccionará en consecuencia. Creo que el sistema no se detendrá en el virus que infecta el cuerpo. La próxima generación de virus infectará nuestra mente y psicología. Expondrá diferencias, contradicciones, desviaciones y causará excesos colectivos y psicosis a nivel moral, ideológico y social.

Incluso hoy, las «mutaciones» cubren diferentes aspectos del enfoque de mundo, la cultura y la ciencia y, obligan a científicos y especialistas a inventar postulados sin ningún fundamento. Antes, esos fenómenos se basaban en la codicia, el ansia de poder o la simple estupidez, pero ahora se mezclan con la locura de la infección.

Todos los virus y enfermedades representan desequilibrio, una conexión incorrecta entre el más y el menos. En términos de la sabiduría de la Cabalá, es un cortocircuito de dos deseos opuestos, sin una pantalla que hace lo mismo que una resistencia en un circuito eléctrico. Como resultado, los opuestos no pueden interactuar en armonía ni tener una actividad saludable para mantener la vida y el curso correcto de desarrollo.

Está claro que la divergencia entre los extremos aumentará con el tiempo. No es casualidad que pensemos que son normales las nuevas formas de comportamiento, de vida familiar, de expresión sexual y de auto identificación. Hasta ahora, aún logramos aceptar y controlar de alguna manera estas distorsiones. En la siguiente etapa, virus de una nueva calidad se descontrolarán y causarán caos en nuestro hogar.

Desde hace mucho tiempo, el desequilibrio entre las dos inclinaciones apareció, gradual y lentamente, eso nos permitió digerirlo con diversos grados de éxito. Sin embargo, ahora todo cambió: el ritmo de desarrollo creció y el desequilibrio se agravó considerablemente. Si no lo atendemos de forma sistemática y fundamental, no podremos enfrentar los desafíos ni encontrar una cura para los virus posteriores.

Y podrían convertirse en una amenaza aún mayor que bombas atómicas o de hidrógeno. De hecho, no se necesita una destrucción masiva, es suficiente con «hackear» la mente y convertir a la gente en vegetales o en locos sin razón o en títeres.

En general, luchamos, no contra un virus, sino contra la forma de vida desequilibrada que proyectamos en diferentes niveles de la naturaleza. El ejemplo más sugerente es el cáncer, que hace que las células afectadas se coman su medio ambiente. Cáncer es nuestro diagnóstico universal común.

Es hora de que, finalmente, nos demos cuenta de lo peligroso que es el desequilibrio entre el ego humano y el otorgamiento inherente de la naturaleza. Esa diferencia de potencial debe ser equilibrada y corregida dentro de nosotros. Debemos agregar lo que falta para que los opuestos se conviertan en un todo y eleven a la humanidad al verdadero equilibrio.

Lo que no hagamos hoy tendremos que hacerlo mañana, en condiciones mucho más difíciles. Al final, epidemias monstruosas y otros desastres, señalarán claramente al ser humano como fuente del desequilibrio. Sin embargo, ¿qué nos impide verlo ahora?
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