«¿Qué tan grave es el coronavirus 2019-20?» (Quora)

Michael Laitman, en Quora: «¿Qué tan grave es el coronavirus 2019-20?»

El coronavirus es un evento histórico importante que está cambiando la faz de la sociedad humana en todo el mundo.

Una partícula minúscula emergió y ya infectó a más de un millón de personas, causó decenas de miles de muertes y además, puso transmisores en las ruedas de la civilización.

En cuestión de semanas, nuestro estilo de vida; compras, cafés, restaurantes, bares, clubes, viajes, deportes, cultura, iglesias, sinagogas, mezquitas y en resumen, toda reunión pública, tuvo un alto repentino.

El coronavirus nos aisló físicamente en todos los continentes, todos en la misma condición de quedarse en casa, sólo podemos dejar el hogar para conseguir lo esencial.

La carrera de ratas en la que vivíamos, llegó a un punto muerto, el coronavirus nos da ejemplo de que si dejamos al mundo solo, se rejuvenece y mejora. Por ejemplo, tanto el aire notoriamente contaminado de la China urbana como el agua en los canales de Venecia, después de un período relativamente corto de cierre, se aclararon.

La seriedad de esos eventos debería llevarnos a algunas conclusiones:

Foto de Markus Spiske en Unsplash

El hecho de que un virus pequeño y apenas visible cause tanta muerte, enfermedad y cambios socioeconómicos, nos muestra lo pequeños y débiles que somos, en presencia de la naturaleza.

La forma en que vivíamos; egoísta, consumista y materialista, era perjudicial para el ambiente y para nosotros mismos, si vivimos sólo con lo esencial, la naturaleza se rejuvenece rápidamente.

Mientras estemos obligados con condiciones de distanciamiento social, idealmente deberíamos revisar la forma en la que hemos vivido.

Al revisar el curso de nuestra vida, sería prudente preguntarnos por qué estamos en este estado, investigar hacia dónde vamos y también, si podemos lograr un cambio positivo en el futuro.

¿Cómo llegamos a contaminar tanto al mundo, causar tanto daño al medio ambiente y a nosotros mismos? Esto viene de la oposición fundamental entre la naturaleza humana y la naturaleza en general.

La naturaleza humana es egoísta. Su objetivo es su propio beneficio a expensas de los demás y si no se corrige, nos lleva a luchar por poder y control.

Por el contrario, la cualidad de la naturaleza es interconexión e interdependencia. Cuando la interferencia humana egoísta no la perturba, la naturaleza guía todas sus partes hacia la armonía y el equilibrio.

Después de la explosión del reactor nuclear de Chernóbil en 1986, que liberó diez veces más radiación que la liberada en Hiroshima, los científicos estimaron que el área sería inhabitable por los siguiente 20,000 años. Sin embargo, una década después, la reserva natural floreció y emergió de la ruina nuclear, los árboles se restauraron y muchas especies animales resurgieron: reptiles, aves de corral, varias especies de mamíferos y algunas especies que no habían vivido en el área por muchos años antes el desastre.

La naturaleza continuamente lleva sus partes diversas e interdependientes al estado de equilibrio.

Puesto que nuestra naturaleza humana egoísta es opuesta a la tendencia aglutinadora de la naturaleza, carecemos de la intuición para mantener el equilibrio con ella.

Sin embargo, se nos dio la capacidad de tomar conciencia de nuestra oposición a la naturaleza. Podemos aprender, con este golpe de la pandemia de coronavirus, que si permitimos que nuestra vida siga su curso egoísta opuesto a la naturaleza, terminamos sufriendo.

Además, a diferencia de los animales, tenemos la capacidad mental adicional de preguntar sobre la fuente de nuestro dolor y llegar a la conclusión de que nuestra oposición a la naturaleza es la raíz de nuestros problemas. Así, consciente y voluntariamente, aceptaríamos transformarnos para equilibrarnos con la naturaleza.

A diferencia de los niveles inanimado, vegetal y animal, que funcionan instintivamente en equilibrio con la naturaleza integral, los humanos, desprovistos de este instinto, tenemos la capacidad de priorizar nuestros propios valores sociales que moldean la influencia social y la opinión pública y de afectar nuestra forma de pensar y dirigirnos a nosotros mismos.

Por lo tanto, si organizamos los valores sociales de acuerdo con el valor de la naturaleza (consideración y responsabilidad mutuas para lograr interconexión e interdependencia armoniosa), con nuestra participación consciente y voluntaria, añadiríamos lo que le falta a nuestros instintos.

Por eso, la gravedad de la crisis del coronavirus, aunque desastrosa en muchos aspectos, también nos da oportunidad de mejorar la conciencia humana y la calidad de vida en la sociedad. ¿Cómo? Al activar la consideración y responsabilidad mutuas en nuestras conexiones.

Si no nos analizamos para tratar de ser más considerados y responsables con los otros, podemos esperar que la naturaleza nos ponga condiciones aún más estrictas, hasta que nos demos cuenta de la necesidad de conectarnos positivamente.

¿Cómo podemos lograr este cambio de conciencia en la práctica?

Por un lado, los gobiernos tendrían que contribuir con ingreso básico, alimento, vivienda y atención médica, a cambio de que nosotros participemos en programas educativos en los que aprendamos por qué y cómo implementar el principio de consideración y responsabilidad mutuas en nuestra vida.

Por otro lado, al priorizar los valores de consideración y responsabilidad mutuas, nuestro objetivo sería usar los medios de comunicación para promover ideas y ejemplos de la conexión positiva que la sociedad necesita y no como sucede actualmente, para enviar un aluvión de mensajes divisivos.

Si la consideración y la responsabilidad mutuas se vuelven el principio rector de la sociedad, los medios abordarían el problema de que nuestros impulsos divisivos tienen impacto y debilitan negativamente a la sociedad humana y que para lograr una sociedad más consciente y más fuerte, debemos estar mejor conectados.

Al articular un discurso mediático de más unidad, con una agenda educativa que enriquezca la conexión, aprenderíamos a aceptarnos, comprendernos y llevarnos bien con todos, bajo la influencia de una nueva atmósfera de comprensión, apoyo, conciencia y sensibilidad mutua.

Como resultado, la naturaleza ya no tendría necesidad de enviarnos pandemias ni otras crisis para hacernos sentir la necesidad de conectarnos positivamente. También, percibiríamos una vida totalmente nueva, armoniosa y pacífica, donde viviremos en equilibrio con la naturaleza.

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