Al salir de la cuarentena, parte 1

El mundo entero con permiso por enfermedad

Levantar las medidas de la cuarentena parece levantar un gran peso de la mente de la gente, le permite respirar un poco y le devuelve el color a su vida. Ya no siente que está al filo de un cuchillo.

¿No debemos estar felices por eso? Pero, por otro lado, después de haber tenido tiempo para una pausa y pensar, entendemos que la vida antes del coronavirus no era tan tranquila, ¿vale la pena volver a la carrera anterior?

No nos damos cuenta de que nuestro desarrollo fue erróneo. Como sociedad egoísta, pasamos de un golpe a otro, de una crisis a la siguiente. Nunca logramos felicidad, porque sólo tratamos de esquivar los golpes, para escapar de los problemas, pero constantemente nos superaban.

Nadie disfrutó esa vida, como se dice: “Contra tu voluntad naciste, contra tu voluntad vives y contra tu voluntad morirás». Simplemente nos acostumbramos a decir que eso era vida y lo aceptamos como un hecho, por falta de elección.

Y llega el coronavirus y por primera vez en la historia, estamos comenzando a sentir que somos parte de una humanidad. Este golpe nos llega a todos. Es como un cuerpo humano que se extiende por toda la tierra: la cabeza está en América, el cuerpo en Inglaterra, una mano en Rusia, la otra en África, las piernas en Australia.

De repente, todo el cuerpo, en un instante, recibe un golpe, luego otro y otro. No es que primero se golpee un lugar y luego otro. No, el golpe llegó a todos a la vez. Es sólo que todos lo sienten de modo diferente, igual que cada órgano de nuestro cuerpo percibe el dolor de manera diferente.

El coronavirus nos hizo sentir que todos estamos conectados en un solo sistema. Y este es un gran descubrimiento. De repente, todo el mundo se sacudió al mismo tiempo, no porque los precios del petróleo cayeron, un volcán hizo erupción o un tsunami golpeó la tierra. El problema no golpeó a ningún sector en particular. Todos los sistemas dejaron de funcionar. Y no fue su culpa. Sucedió por el factor humano.

¡El hombre dejó de funcionar! Nunca antes había sucedido a tal escala, en todo el mundo. El hombre está enfermo y no puede trabajar. Esta es una prueba definitiva de que es hora de pensar en la sociedad humana como un sistema único en el que todos estamos conectados, dependemos unos de otros y debemos cuidarnos. No queda espacio para la competencia o, virus similares nos dejarán inconscientes cada vez más.

Por eso, el coronavirus puede considerarse, redentor de la humanidad. No es un virus sino la revelación global de que la sociedad humana es una comunidad integral, conectada con lazos en todas las direcciones.

Nadie puede sentirse bien, si alguien en el mundo se siente mal: o todos nos sentimos mal o todos nos sentimos bien. Esta idea viene gracias al coronavirus. Por eso se deduce que el virus no es un desastre, sino un remedio que curará un poco a la humanidad, corregirá su visión, la acercará a la verdad.
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De Kabtv «Nueva Vida 1232», 5/may/20

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