COVID-19 y antisemitismo: una conexión invisible

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «COVID-19 y antisemitismo: una conexión invisible«

El coronavirus 2019 o COVID-19, como cualquier crisis en la historia, desde el inicio del pueblo judío, encenderá una ola de antisemitismo. Ya podemos verlo brotar en las redes sociales, en los medios tradicionales, en los grafitis y en la agresión en las calles. La gente no sabe por qué odia a los judíos y se aferra a cada pretexto para desahogar su odio innato hacia esa enigmática nación, pues le parece que su gente colabora para controlar el mundo, aunque en verdad, muchos judíos no tienen la menor idea ni empatía hacia su propia gente ni a su propio Estado-nación.

No tiene sentido razonar con antisemitas; su odio es irracional. Cualquiera razón que haya, se usa como pretexto para odiar a los judíos con la misma amargura. Cuando dos razones opuestas explican el mismo fenómeno, significa que ninguna es correcta. Cuando se trata de antisemitismo, hay un proceso de tres etapas para revelarlo: primero hay odio latente y subconsciente, luego se desencadena en forma de alguna crisis y finalmente, los judíos son acusados de causarla.

Los judíos no saben por qué los odian. No cometieron ninguna de las acusaciones contradictorias que los antisemitas les atribuyen. Y debido a que los antisemitas los odian por una razón diferente a la dicen, refútalos no mitiga el odio.

La verdadera razón del odio a los judíos está arraigada en el pasado, en la antigua Babilonia, en la cuna de la civilización, En aquel entonces, Abraham, de quien surgió el judaísmo, el cristianismo y el islam, estaba profundamente preocupado por la creciente tensión social que observaba en su pueblo, los babilonios. Después de un profundo escrutinio, se dio cuenta de que el pueblo se volvía cada vez más egoísta y les pidió que superaran esas tendencias y restauran su unión.

No mucha gente escuchó a Abraham. Fue expulsado de Babilonia y vago hacia la tierra de Canaán. En el camino, explico lo que había encontrado e invitó a todos a que se unieran a su grupo. Su única condición era estar de acuerdo con el principio de unidad por sobre todas las diferencias.

La comitiva de Abraham creció y próspero. Al pie del monte Sinaí, se comprometieron a ser ”como un hombre con un corazón” y oficialmente fueron declarados, nación: “la nación de Israel”. En ese evento, también se les asignó la tarea de compartir su unidad con el respeto del mundo, como Abraham pretendía hacerlo desde el principio. Esa era la misión de Israel; ser “luz para las naciones”.

Mientras tanto, los que permanecieron en Babilonia y no siguieron a Abraham, cayeron en un egoísmo desenfrenado y desarrollaron resentimientos hacia los que siguieron la “otra” idea: la unidad por encima de todas las diferencias. Este antiguo “puntaje” es la raíz del odio que ahora llamamos antisemitismo.

Dentro de todos los no judíos que odian a los judíos o los judíos a los que no le gusta su propio pueblo, hay una lucha inconsciente entre dos enfoques: “yo primero” de Babilonia o “nosotros primero” de los judíos. La lucha que se desarrolla dentro de ellos es la razón por la que los judíos, a menudo, son acusados de egoísmo y parcialidad hacia su propia gente, pues el mundo los juzga con un estándar moral mucho más alto de lo que juzga a cualquier otra nación.

Pero ni la perfecta moral judía ni el desinterés absoluto, disolverán el odio a los judíos. Los judíos se convirtieron en nación, hasta que se comprometieron, de todo corazón a ser “como un hombre con un corazón”. Tras su declaración de nacionalidad, los judíos tenían la tarea de ser “luz para las naciones”, es decir, compartir con las naciones del mundo el camino para lograr unidad. Esa tarea coincidió con la aspiración inicial de Abraham de compartir su idea de unidad con todos los babilonios.

Especialmente hoy, si los judíos cumplen con su misión, terminará el resentimiento que los descendientes de los babilonios que no siguieron a Abraham, sienten por los descendientes de los que sí lo siguieron. Se disolvería el antisemitismo.

Ahora, en los días del COVID-19, el mundo siente más que nunca que estamos en un barco, que hay un agujero en él, y nadie sabe que lo causa ni como taparlo. Como siempre, culparán a los judíos e inventarán innumerables teorías de conspiración para justificarlo. Pero en verdad, la única falla de los judíos es que no dan ejemplo de unidad por encima de las diferencias. Esto es todo lo que el mundo necesita para superar el coronavirus o cualquier otra situación que este al acecho en la obscuridad del futuro.

Si la raza humana se uniera, no sería problema superar ninguna crisis, La responsabilidad mutua es el producto más requerido en estos días y nadie podrá suministrar ese recurso hasta que los judíos, con su ejemplo, muestren el camino.

Por lo tanto, lo único que los judíos deben hacer hoy, es unirse para dar ejemplo de unidad al resto del mundo. Y cuando el mundo se una, los problemas desaparecerán.

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