Una madre amorosa para una humanidad mejor

Thrive Global publicó mi nuevo artículo: «Una madre amorosa para una humanidad mejor«

Los dolores de parto de la humanidad podrían nacimiento a un mundo saludable.

Michael Laitman

Después de la pandemia actual, ningún otro poder en el mundo es tan crucial para el nacimiento de una nueva sociedad, que la figura materna. El mundo se reveló como un sistema integral y global. Esto significa que el mundo nos está obligando a tratarnos unos a otros, de la misma forma que nuestra madre nos trata, creando un ambiente lleno de cualidades de otorgamiento y amor.

Más allá de la celebración del Día de la Madre, marcado en el calendario como un recordatorio del importante papel de las mujeres que han dado a luz a cada generación, hay una profunda importancia en su contribución esencial a un mundo nuevo. Justo en la maternidad existe un poder especial que puede mejorar la realidad.

“El brote global de COVID-19 aceleró el proceso de trabajo para el nacimiento de una nueva realidad”.

Michael Laitman

Aunque con ayuda del hombre, vemos que la madre es la que concibe, entrega el embrión, amamanta, alimenta y cría al bebé, hasta que está preparado para la vida. Del mismo modo, todas las madres, todas las mujeres del mundo, necesitan ver en este proceso crítico de transición por el que atraviesa el mundo, su oportunidad de llevar a la humanidad a un nivel superior de existencia, a relaciones armoniosas mutuas, como un embrión a punto de nacer.

El brote global de COVID-19 aceleró el proceso de trabajo para el nacimiento de una nueva realidad. Está causando dolor y mucho esfuerzo, pero el resultado podría ser un mundo vigoroso y saludable, en lugar del anterior que nos llevó a la crisis que actualmente tratamos de superar.

La humanidad está aprendiendo a arrastrarse

Nuestro desarrollo humano ha pasado por dos etapas generales. La primera se desarrolló con los hombres y se caracterizó por guerras, inestabilidad financiera, varios eventos mundiales desafortunados y golpes que no habrían sucedido bajo el cuidado de la mujer. Ahora entramos en una etapa en la que precisamente, la madre, la mujer, debe tomar el papel de educar al mundo y delinear el mundo futuro que tenemos que imaginar. Por eso, este momento crítico es el tiempo de la mujer. Para implementar este noble objetivo, las mujeres deben aprender a conectarse entre sí, elevarse por encima de su ego personal en bien de la corrección del mundo. Por difícil que sea, no hay otra opción y el trabajo debe hacerse.

Unidad es una linda palabra, pero difícil de poner en práctica. Ni hombres ni mujeres nacen con inclinación a unirse, pero llegamos a una etapa en nuestro desarrollo donde no nos queda otra alternativa que conectarnos. Es cuestión de supervivencia para nuestros hijos y para la humanidad en general. Por eso, cualquier paso hacia la conexión, no importa si es pequeño, es un gran paso para dar a luz a una nueva humanidad y hacerla crecer, elevarse y mantenerse firme. Sólo la mujer puede desempeñar este papel crucial, educar y dar ejemplo de cómo unirse. Exigirán que los hombres se conecten correctamente y al mostrar el camino, guiaremos al mundo entero hacia la corrección.

¿De qué conexión hablamos?

Como parte de la evolución humana, estamos obligados a desarrollar una nueva cualidad: preocupación por toda la sociedad. Cuando surge el deseo compartido de conectarnos, como si fuéramos un todo y, el deseo del bienestar de todos, como si fueran nuestros hijos, se manifiesta una fuerza especial de unidad, una fuerza positiva que mejora la realidad.

Para conectarnos, las madres deben aprender a superar la distancia natural entre ellas y trascender sus intereses personales. Las mujeres deben sentir que si algo le sucede a alguien, es como si le sucediera a su propia familia. La preocupación mutua nos permitirá construir y garantizar; paz, seguridad y felicidad para todos los niños de todas las generaciones.

Con el ejemplo de la madre, la naturaleza nos enseña que al conectarnos y podemos salvarnos de todos los daños. Si las madres forman un deseo común de mantener a todos juntos, si crean una fuerte demanda de que todos realmente se conecten como uno solo, podrán cambiar el mundo. Nada puede resistir al poder femenino unido.

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