Al salir de la cuarentena, parte 2

Ahora que comenzamos a salir de la cuarentena a la vida normal: tiendas, servicios y empresas comienzan a abrir. Y existe la sensación de que una nube oscura, llamada coronavirus, descendió sobre nosotros y desapareció, como si nada hubiera pasado.

Pero en realidad, es una impresión engañosa porque la vieja vida nunca volverá. Descubriremos y nos daremos cuenta de que no hay vuelta atrás, pues «ningún hombre pisará el mismo río dos veces».

Por eso no podremos volver a la vida basada en competencia y en aumentar el consumo sin cesar. Por el contrario, operamos dentro del sistema de la naturaleza, incluso si no somos conscientes ni lo sentimos. Los sistemas actuales de la naturaleza difieren de los que existían antes del coronavirus. No nos permitirán usar el ego malvado en nuestro detrimento, de la forma que lo hicimos antes.

El virus nos reveló que estamos conectados y dependemos unos de otros. La pandemia se extendió por todo el mundo y afectó a todos. Nuestro cuerpo biológico está conectado en un sistema que opera por encima de él y los conecta. Por eso, la enfermedad que apareció en un lugar, de repente estalló en otro y luego en otro.

El virus atacó pueblos que nunca han tenido contacto con la civilización ¿cómo llegó allí? El sistema de la naturaleza funciona aquí y después de alcanzar cierto estado, libera en el mundo ese problema llamado coronavirus.

Por eso, no podremos volver al estado anterior, aunque lo deseemos. Es imposible regresar. ¡Eso nunca ha sucedido en la historia! En las relaciones entre la gente, es imposible retroceder, sólo avanzar, ya sea a una nueva vida o a una nueva muerte.

El problema común mejoró a la sociedad; nos obliga a tener solidaridad y garantía mutua. Vemos que jóvenes ayudan a ancianos que están en riesgo.

Ahora, con el regreso a la vida normal, todos esos cambios positivos y el cuidado mutuo en la sociedad, corren el riesgo de desaparecer si no escuchamos lo que la naturaleza quiere decirnos, si no entendemos que todos estamos conectados y determinamos el futuro de los demás.

El globo entero y el universo entero en general, son un sistema integral y el estado de cada uno de sus grados, inanimado, vegetal, animal y humano, depende de todos los demás.

Detrás de nosotros hay una larga historia de crecimiento de nuestro ego, que nos llevó a reconocer el mal. De hecho, ya lo habíamos reconocido, porque nadie está contento con su vida: ni los ricos ni los pobres, ni los inteligentes ni los estúpidos, ni los fuertes ni los débiles, ni los jóvenes ni los viejos.

Como está escrito: “Contra tu voluntad naces; contra tu voluntad vives; y contra tu voluntad morirás». Por lo tanto, necesitamos hacer una revisión total de nuestra vida. El coronavirus nos ayudó inmensamente al mostrarnos que estamos en esta Tierra como población humana y que debemos tener en cuenta nuestra dependencia mutua.

Debemos construir una sociedad que no se base en la competencia, en la que no gastemos nuestra fuerza sólo en causarnos daño a nosotros mismos. No puedo asociarme con mi buen futuro dañando el de alguien más. Es hora de pasar a un nuevo estado. Debemos, como humanos, confrontar nuestra naturaleza malvada y construir un grado diferente y mejor por encima de ella.

Por lo tanto, es obvio que no podemos volver a los viejos tiempos. ¿Por qué deberíamos volver? ¿vivíamos alegre y felizmente? ¿estábamos en paz con el futuro de nuestros hijos, les dimos a luz para una vida en un mundo de competencia mutua, con peligros al acecho a cada paso, en un mundo de mentiras y odio?

Ahora Imaginemos, vislumbren a qué realidad nos gustaría llegar en lugar de volver, ¿cómo debe ser una buena vida? ¿podemos cambiarnos a nosotros mismos?

Una cosa está clara: es imposible volver a los viejos tiempos. No tenemos fuerza ni dinero ni ninguna razón para hacerlo. Si tratamos de hacer, sólo dilapidaremos nuestra fuerza y ​​nuestros nervios al involucrarnos en conflictos que conducirían a una tercera guerra mundial.

No tenemos otra opción: si estamos dentro de una naturaleza integral, también debemos organizarnos como sociedad integral. Los grados; inanimado, vegetal y animal existen en una simbiosis cerrada. Los humanos rompen esos límites de la naturaleza. Van del animal al humano y corren desenfrenados en su egoísmo, destruyen todo y van de guerra en guerra, de conflicto en conflicto.

Ahora estamos en un punto muy importante y crucial, donde debemos dejar de desarrollarnos egoístamente y comenzar a aprender y obedecer las leyes de la naturaleza. La sociedad humana debe ser parte integral e íntegra de esta naturaleza armónica y dar un paso hacia la conexión.

Supuestamente usamos la naturaleza para nuestro beneficio, pero fue sólo para el beneficio de nuestro ego. Mira lo que le hicimos al mundo, lo sucio y arruinado que está. No podemos seguir así. No tenemos ningún otro planeta donde vivir, excepto este.

Y ahora, después de haber detenido la producción durante dos meses, vemos que la naturaleza revivió instantáneamente: el aire está más limpio, se restaura la atmósfera, se restaura el ozono, se puede escuchar el alegre canto de los pájaros y los animales del bosque caminan por las calles de la ciudad.

Intentarán traernos de vuelta al pasado, para hacernos esclavos del sistema que creamos, pero no funcionará. La naturaleza tiene su propio motor de desarrollo, que nos hará avanzar y no nos permitirá retroceder.

Si tratamos de volver al antiguo orden, pagaremos un precio muy alto, experimentaremos mucho sufrimiento y miseria, hasta una tercera guerra mundial. No hay vuelta atrás, no entras dos veces en el mismo río. Debemos avanzar a la imagen del ser humano integral, para cada uno individualmente y para todos juntos como una creación.
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De Kabtv «Nueva Vida», 5/may/20

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